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Las mujeres que sí quieren al presidente Donald Trump

Mia y Michelle, seguidoras de Trump llegan desde Virginia al National Mall de Washington (Estados Unidos) hoy, viernes 20 de enero de 2017, para apoyar a Donald Trump durante su investidura. En el National Mall, donde mañana marcharán miles de mujeres contra Donald Trump, se congregaron hoy fervientes seguidoras del nuevo presidente que restan importancia a sus comentarios sexistas y confían en la influencia de su hija Ivanka. EFE

Mia y Michelle, seguidoras de Trump llegan desde Virginia al National Mall de Washington (Estados Unidos) hoy, viernes 20 de enero de 2017, para apoyar a Donald Trump durante su investidura. En el National Mall, donde mañana marcharán miles de mujeres contra Donald Trump, se congregaron hoy fervientes seguidoras del nuevo presidente que restan importancia a sus comentarios sexistas y confían en la influencia de su hija Ivanka. EFE

En el National Mall, donde hoy marcharán miles de mujeres contra Donald Trump, se congregaron ayer fervientes seguidoras del nuevo presidente que restan importancia a sus comentarios sexistas y confían en la influencia de su hija Ivanka.

Maggie ha viajado con su marido de Houston (Texas) a Washington para su primera investidura presidencial: creen que el magnate neoyorquino será muy bueno para la economía del país y piden a sus críticos -también a las mujeres contrarias a él- que “pasen página”.

“Yo también marché en su día por los derechos de las mujeres pero, ¿protestar por los comentarios de Trump? Están pasando cosas mucho más graves en el mundo para los derechos de las mujeres”, opina ella.

Su marido, James, se apresura a añadir que las mujeres que se manifiestan contra Trump “lo único que quieren es el aborto, poder abortar. Y Trump es antiabortista”.

James y Maggie están en contra del aborto y ella defiende con ahínco que no quiere pagar con sus impuestos los anticonceptivos de otras personas. “Soy muy católica”, subraya.

La “Marcha de las Mujeres” convocada para mañana, que se anuncia como una de las mayores manifestaciones de la historia del país, defiende la igualdad, la diversidad, la inclusión y que los derechos de las mujeres son, al fin y al cabo, derechos humanos.

Maggie recela de esta protesta, por eso ha cambiado sus billetes de avión: quiere quedarse a comprobar con sus propios ojos “la legitimidad” de una marcha que está recibiendo una gran atención en los medios y las redes sociales.

La boliviana Ingrid Cisneros, que camina a toda prisa para buscar un buen sitio cerca de la pantalla del Monumento a Washington, prefiere “dejar que ellas hagan lo suyo”, que se manifiesten contra lo que quieran.

“Y nosotros hacemos lo nuestro hoy”, añade, sonriente, mientras presenta a su marido, Luis, de Perú, con quien vive en Washington, y a sus amigos, Eduardo y Tania, que han viajado de Colombia solo para la investidura de Trump.

Coinciden en que nunca se han sentido ofendidos ni como latinos ni -ellas- como mujeres. Justifican los comentarios de Trump: “el es así, dice las cosas como las piensa, no es tan político”, apunta Ingrid.

Para ella la “personalidad” de Trump es la mejor garantía de que “será bueno para las mujeres”. La segunda, “que tiene familia, esposa, hijas”.

Y de sus hijas, una: Ivanka Trump, la mayor y ojito derecho del nuevo presidente, a la que las mujeres republicanas admiran por su trayectoria en los negocios de su padre, su bonita familia, su saber estar, su elegancia y la influencia que tiene en el magnate.

“Ivanka va a ser muy importante. Trump la escucha y por eso estoy segura de que va a ser un gran presidente para las mujeres”, indica Elizabeth, una orgullosa conservadora de Arizona que visita por primera vez Washington.

A su lado, dos rubias jóvenes de Virginia se hacen fotos sin descanso con sus gorros patrióticos y sonrisas de oreja a oreja.

“Esto es muy emocionante, estamos siendo parte de la historia”, comenta Mia, de 17 años, una seguidora de Trump que confiesa, sin embargo, “no haber seguido muy de cerca lo que dijo en la campaña”.

Su amiga Michelle, también de 17, sí puso más atención y, cuando se le pregunta por la marcha de mujeres del sábado, comenta que la llegada de Trump al poder “no es algo tan dramático” para los derechos femeninos como sus oponentes dicen.

“No sé, yo nunca he vivido discriminación. Somos muy jóvenes, eso es de otra época”, comenta.

Mia, sin quitar ojo a su teléfono, añade: “donde nosotras vivimos no se ve discriminación, nunca lo he vivido”.

Mañana, en el mismo lugar donde estas mujeres conservadoras alaban al nuevo presidente, decenas de miles de mujeres progresistas -se espera un mínimo de 250.000- corearán mensajes completamente opuestos y lanzarán un grito unísono por los derechos que ven en riesgo en la era Trump.


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