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Protestan migrantes mutilados por ‘La Bestia’ en el Senado mexicano

Vestidos la mayoría con playeras blancas y shorts color caqui, 17 hondureños se colocaron en la reja del Senado mexicano con carteles en los que se lee: "No más migrantes desaparecidos, secuestrados y mutilados" y "No somos terroristas amamos la paz".
(Óscar Mireles)

MÉXICO.- En muletas, en sillas de ruedas, con bastones o prótesis, integrantes de la Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad protestaron afuera del Senado de la República.

“Venimos aquí porque queremos que (los senadores) se concienticen, que ellos que están en sus oficinas sepan lo que pasa en realidad allá afuera”, comentó el José Ifraín Vázquez Isaguirre.

“En estos últimos días las cosas se han vuelto peor para nosotros los centroamericanos por el reforzamiento de la frontera sur, somos más vulnerables, es más terribles que antes”.

Vestidos la mayoría con playeras blancas y shorts color caqui, 17 hondureños se colocaron en la reja del Senado con carteles en los que se lee: “No más migrantes desaparecidos, secuestrados y mutilados” y “No somos terroristas amamos la paz”.

Vázquez Isaguirre, de 34 años, perdió en 2001 su pierna izquierda al fallar en su intento por subirse al tren conocido como “La Bestia”.

Antes de eso, en Chiapas los maras lo asaltaron y luego la Policía lo golpeó y lo arrestó por un supuesto robo de banco, aunque días después lo liberaron porque ya habían atrapado al verdadero culpable.

“Tuve tanto miedo de las personas que supuestamente guardan el orden que decidí caminar mejor bajo la sombra de los árboles, estuve tres días sin dormir ni comer”, narró el padre de una niña de 11 años.

“Decidí tomar esa bestia (el tren) porque ya no tenía dinero”.

Corrió junto al tren para subirse, en el penúltimo vagón se animó a dar el salto, pero apoyó la pierna en una piedra que se zafó y apenas pudo sujetarse del tren.

Sus piernas arrastraron por alrededor de dos minutos. Vázquez Isaguirre recuerda que intentó subir y asegura que a sus entonces 21 años lo hubiera logrado, pero estaba muy débil por no comer.

Su pierna izquierda ya estaba destrozada cuando cayó en una zona baldía, y pensó que si se quedaba ahí no lo encontrarían, así que se paró sobre su pierna buena y avanzó a brincos unos 250 metros, hasta un crucero.

Unos campesinos lo vieron y llamaron a Migración; lo llevaron por varios hospitales hasta que lo atendieron, y apenas siete días después, lo deportaron a su país.

“Fue un trato totalmente inhumano, nos ven como mercancía o animales”, lamentó.

Una comisión de los inmigrantes ingresó al Senado, aunque no llevaban ningún documento qué entregar, sólo sus experiencias personales.


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