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Educación

Pocos estudiantes de transferencia consiguen lugar en USC; Xavier García fue uno de ellos

Pocos estudiantes de transferencia consiguen lugar en USC; Xavier García es uno de ellos

Xavier García, estudiante de la USC, se transfirió de Sacramento City College y es el primero en su familia en asistir a la universidad (Gina Ferazzi / Los Angeles Times).

(Gina Ferazzi / Los Angeles Times)

Xavier García asistió a una cena de bienvenida en el día de su mudanza a USC, con sus hombros rectos, su camisa remetida y las manos posadas sobre un cuaderno repleto de preguntas por realizar y nombres de personas por conocer.

Con calificaciones ‘D’ durante su preparatoria y ningún familiar con título universitario, el joven había descartado la posibilidad de asistir a una escuela privada. Pero en Sacramento City College empezó a estudiar con determinación. Ahora, aquí estaba, un estudiante transferido a la llamada ‘Universidad de Niños Mimados’.

No es fácil transferirse a una universidad privada de elite. Princeton no ha aceptado transferencias en más de dos décadas, según los últimos datos del Centro Nacional para Estadísticas de Educación. En otoño de 2015, Stanford matriculó a 15 alumnos de transferencia; Yale, 24. Cornell y la Universidad de Georgetown, conocidas por aceptar transferencias, abrieron sus puertas a 497 y 186 estudiantes (respectivamente) provenientes de otras instituciones.

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El estudiante de la USC Xavier García (derecha), con su amigo Walter Solórzano, durante una sesión de grupo de estudio nocturna.

(Gina Ferazzi )
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La USC, por el contrario, aceptó 1,505 transferencias de 350 colegios. La cifra representó casi un tercio de sus nuevos estudiantes de pregrado. Alrededor de 800 de ellos, como García, se transfirieron de un colegio comunitario; muchos son los primeros en sus familias en asistir a la universidad. La mayoría cuenta con ayuda financiera.

“Cuando mi mamá me dijo que dependía de mí para darle una mejor vida a nuestra familia, yo pensé: ‘Bien, haré algo con mi vida’”, expresó García. “Ahora estoy listo para demostrarme lo que puedo hacer”.

Junto a él, en la cena, su madre observaba en silencio los manteles de tonos dorado y rojo de la USC, el salón de baile repleto de ansiosos estudiantes, el  nuevo mundo de su hijo. La mujer le apretó la mano y empezó a llorar.

El número de estudiantes de transferencia en la USC es enorme, especialmente cuando se considera en un contexto nacional, expuso Terry Hartle, vicepresidente sénior del Consejo Estadounidense de Educación.

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“En un año cualquiera, alrededor de 1.6 millones de estudiantes en el país se inscriben por primera vez como alumnos de colegios comunitarios”, dijo Hartle. “Cerca del 10% de ellos se transfieren a otra institución, aproximadamente 160,000. Un 2% de esos alumnos asistirán a una universidad privada. Así que, si sólo USC inscribe a 800, son 800 de un total de 3,200… Es drástico”.

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Xavier García, de 21 años de edad, alumno de transferencia que estudia salud y ciencias humanas, toma una clase de química orgánica en la USC.

(Gary Coronado)

El reclutamiento y la aceptación de un número significativo de alumnos de transferencia han ayudado a cambiar la demografía de la USC. El campus ya no es en su mayoría blanco; alrededor del 23% de los estudiantes de pregrado son elegibles para Becas Pell, una ayuda financiera federal para estudiantes de bajos recursos.

Los estudiantes que se encuentran en la misma situación que García a menudo acuden a la Universidad de California, o a la Universidad Estatal de California, escuelas públicas con programas de transferencia estructurados, muchos compañeros accesibles y precios notablemente más bajos que los de la USC, donde el costo total por estudiante universitario se estima que será de $72,273 para el próximo año académico.

Para que la USC sea accesible para muchos de estos alumnos, la universidad recurre a la ayuda financiera y el apoyo a los estudiantes: el año pasado, la escuela gastó más de $42 millones en becas para transferidos de colegios comunitarios. También organiza sesiones de preguntas y respuestas, y talleres “TransferMation”, que incluyen cursos intensivos de investigación en bibliotecas, redes de contactos y “cómo aprovechar al máximo tu verano”.

“No es necesariamente fácil, y ciertamente no es barato, pero tampoco es tan complicado”, aseguró Hartle. “Una cosa es que entren más alumnos. Otra es hacer que ingresen, lograr que terminen su educación y que salgan por la puerta con un título en la mano. Así que las escuelas que van a tener éxito en esto serán las que estén dispuestas a identificar, reclutar y admitir a estudiantes de transferencia y proveer una variedad de servicios para ayudarlos”.

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Natasha Marano (izquierda), consejera en Cerritos College, habla con Susan Park, directora de admisiones para la Escuela de Artes Cinemáticas de la USC, en una feria de información para asesores de colegios comunitarios celebrada en la universidad.

(Stuart Palley)

García trabajó duro para encontrar su camino hacia la USC; obtuvo dos becas, invitó a un profesor a almorzar para descubrir su especialidad, e hizo de uno de los muchos centros estudiantiles en el campus un lugar de reunión habitual. Cuando un asesor del centro notó que no había asistido en varios días, le envió un correo electrónico para asegurarse de que estuviera bien. “Las personas realmente notan cuando no estás aquí”, dijo.

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La USC ha aceptado alumnos de transferencia durante décadas, pero recién hace 10 años comenzó a reclutar fuertemente de los colegios comunitarios. El presidente de la institución, C.L. Max Nikias, a menudo cita un estudio de 2006 que descubrió que la proporción de alumnos transferidos de colegios comunitarios en las universidades privadas más selectivas del país era de menos de uno de cada 1,000.

Mientras algunas escuelas dudan en aceptar transferencias por temor a que las tasas de graduación se deterioren, los estudiantes transferidos a USC se gradúan casi en al mismo ritmo que el resto del alumnado. De las 8,800 solicitudes de transferencia recibidas el año pasado, USC aceptó 27% -en comparación con la tasa de admisión de alumnos de primer año de 16.6%-. Aún así, el promedio de calificación GPA de los alumnos de transferencia admitidos fue de 3.7, o calificaciones ‘A-’.

“Tuvimos que asegurarnos de que los estudiantes de transferencia que aceptamos sean capaces de competir con estos muy buenos alumnos de primer año”, advirtió Bruce Grier, un empleado de la USC de 34 años, que supervisa las admisiones de transferidos y quien también alguna vez se transfirió del Pasadena City College a la USC después de servir en la Marina.

“Nuestro objetivo siempre fue asegurar que el profesor no pueda distinguir quién es un estudiante de transferencia”, indicó.

Eso a menudo requiere más que una buena formación académica. Muchos transferidos experimentan un choque cultural y llegan cortos de habilidades que aquellos de familias más privilegiadas dan por sentado, por ejemplo, cómo el redactar un currículum para un trabajo de verano, o conocer a los profesores durante las horas de oficina.

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Cientos de etiquetas de identificación para consejeros de colegios comunitarios que asistieron en noviembre a una visita y feria de información en la USC.

(Stuart Palley)

“En mi primer semestre, me lanzaron a las ferias de empleo; las personas hablaban de pasantías, y yo sólo intentaba encontrar mi camino a la clase”, recordó Jimmy Ko, quien cuando era alumno de segundo año se transfirió de Santiago Canyon College a la escuela de negocios de pregrado de la USC.

Ko cofundó el recién formado club de alumnos de transferencia de la USC y ha organizado talleres de asesoramiento con consejos tan básicos como revisar el correo electrónico, unirse a clubes y utilizar las clases no solo para aprender sino también para formar una red de contactos. También ha dirigido a sus compañeros a los muchos recursos del campus que ofrecen ayuda con la escritura y la investigación.

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Pero al principio, Ko estaba muy ocupado tan solo intentando orientarse dentro de la universidad, sabiendo que tenía menos tiempo en el campus que la mayoría de sus compañeros de clase. El joven no logró ponerse al día lo suficiente rápido como para formar el club hasta finales de su segundo año, lo cual hizo de su graduación un hecho agridulce, ya que había mucho más por hacer para crear una comunidad y ayudar a los alumnos de transferencia que todavía atravesaban solos sus años en la USC.

La corta estancia en el campus de un estudiante de transferencia puede parecer más corta aún al tomar en cuenta el tiempo que puede tardar en aclimatarse. “Me tomó un año sentir que pertenecía, y no fue fácil”, reconoció Adrián Trinidad, quien se transfirió de Los Angeles Trade-Technical College en 2013.

En una de sus primeras clases, sobre la inmigración en los Estados Unidos, Trinidad era uno de los pocos latinos en una clase de 150 alumnos, dijo. El profesor preguntó cuántos estudiantes habían tenido niñeras durante su infancia, y se levantaron muchas manos. “Desde el principio, el primer día, me di cuenta: ‘Guau, ésta es una comunidad diferente a de L.A. Trade-Tech’”, recordó.

Aún así, agradeció la oportunidad que le habían dado. Estaba cerca de casa, lo suficientemente como para seguir viviendo allí y ayudar a su padre, que estaba inválido, y a su madre, quien trabaja en una fábrica colocando etiquetas en camisetas. Había ahorrado dinero al asistir primero al colegio comunitario y transferirse después a la USC durante dos años extra, con una beca completa.

Ahora, Trinidad trabaja en su doctorado en educación en la USC, estudiando cómo hacer más accesible el proceso de transferencia para las personas con orígenes diferentes. A menudo visita Trade-Tech para responder las preguntas de los alumnos allí.

La USC, expresó, está perfectamente ubicada para ser un centro de transferencia, en el centro del Distrito de Colegios Comunitarios de Los Ángeles. Hoy en día también tiene que desempeñar un papel más importante mientras las abarrotadas universidades públicas rechazan a muchos estudiantes calificados.

Héctor Aguilar, quien ha sido durante 30 años consejero en Los Angeles City College, aseguró que en los últimos años ha visto cómo la USC se vuelve mucho más receptiva con los estudiantes en su comunidad circundante.

El otoño pasado, una mañana Aguilar se unió a decenas de otros consejeros de colegio comunitarios en una conferencia anual celebrada por la oficina de admisiones de la USC. Timothy Brunold, decano de admisiones, tenía estigmas que abordar. Les contó que las personas a menudo preguntan por qué la USC simplemente no acepta más estudiantes de primer año directamente de la preparatoria y si los altos números de transferencias eran una forma de que la universidad parezca más selectiva, al dejar entrar a menos estudiantes de primer año.

“La razón por la que no aceptamos más estudiantes de primer año es porque, si lo hiciéramos, no tendríamos espacio para el número de estudiantes de transferencia que aceptamos”, explicó. “No podemos imaginar construir una institución, un conjunto de estudiantes en esta universidad, sin tener alumnos de transferencia como parte de la mezcla”.

Más tarde, mientras caminaba alrededor del campus, Aguilar dijo que el trabajo de difusión está rindiendo frutos. “Los estudiantes ni siquiera solían preguntarme sobre asistir realmente aquí”, comentó. “Y ahora lo hacen”.

En cuanto a García, quien es oriundo de Sacramento, tiene ahora un año en su haber junto con nuevos amigos y nuevos hábitos de estudio. 

Una noche, antes de los exámenes finales, cargó café y varias cajas de pizza hasta un salón de clases, para abordar una noche de estudio que había organizado junto con un amigo -quien lo reclutó para ser el segundo miembro de una fraternidad latina-. Llevaba puesta con orgullo su nueva sudadera de La Unidad Latina, Lambda Upsilon Lambda, mientras saludaba a sus compañeros de otros grupos multiculturales.

En un año, el joven cambió tres veces de especialidad. Ahora está enfocado en las disparidades de salud en las comunidades de bajos ingresos. También abordó la química orgánica, se convirtió en miembro de la junta de un nuevo club de estudiantes de introducción a la medicina para minorías, y ayudó a alumnos de preparatoria y de colegios comunitarios en su ciudad a prepararse para una carrera universitaria de cuatro años. Con la ayuda de una beca, asistirá a un viaje de investigación a Guatemala este verano. A menudo estudia en la biblioteca hasta las 3 a.m. La realidad de todo esto lo golpeó, dijo, mientras caminaba hacia su dormitorio a la luz de los faroles del campus.

“De vez en cuando, simplemente pienso: ‘Hombre, asisto aquí’”, dijo. “Veo los árboles y los edificios, y lo lujosos que son… Y si, realmente asisto aquí”.

Traducción: Diana Cervantes

Para leer este artículo en inglés, haga clic aquí


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