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Profesor asesinado en UCLA era brillante, amable y cariñoso, dicen sus colegas

La policía revisa a algunos estudiantes después de la balacera en UCLA.

La policía revisa a algunos estudiantes después de la balacera en UCLA.

Estudiantes de UCLA fueron a la escuela el miércoles esperando asumir las tareas de rutina de fin de año escolar: exámenes finales y presentaciones. Pero estas preocupaciones se olvidaron alrededor de las 10 a.m., cuando el zumbido de los teléfonos móviles cimbró la vida en todo el campus, anunciando un tiroteo.

En cuestión de minutos, miles de estudiantes se encontraron compitiendo por encontrar un refugio, construyeron barricadas en la puerta de los salones de clase que no se cierran y se armaron con cualquier cosa que pudieran encontrar, así como información acerca de los disparos - algunos de ellos un rumor sobre una ola de atacantes – que se propagó a través del campus vía mensajes de texto y las redes sociales.

Al final, se trataba de un asesinato-suicidio que involucró a dos hombres en el interior del edificio de ingeniería, cerca del lado sur de la universidad, dijo el jefe de policía de Los Ángeles, Charlie Beck.

Varias fuentes identificaron a la víctima como William S. Klug, de 39 años, padre de dos hijos, que estudió la interacción entre la mecánica y la biología.

Klug, profesor asociado de ingeniería mecánica y aeroespacial, fue descrito como un maestro y persona brillante y amable, una mezcla rara en el mundo competitivo de la investigación académica, dijeron sus colegas.

“Estoy absolutamente devastado” dijo Alan Garfinkel, profesor de biología integrativa y fisiología que trabajó con Klug para desarrollar una computadora generadora de un corazón virtual. “No se puede pedir más de una gran persona que es muy buena, muy gentil y muy solidaria como lo era William Klug”.

Melissa Gibbons, una de las antiguas estudiantes de doctorado de Klug, dijo que él era un consejero excepcional. Ella recordó que Klug notó a otro estudiante que batallaba en su clase de modelado de elementos finitos y le preguntó a Gibbons si podía ser su tutor. “Él no quería verla fallar. Así que el preocuparse por una clase de una estudiante dice mucho sobre su carácter”, dijo.

Klug, residente de El Segundo que estaba casado con dos niños pequeños, amaba ‘surfear’ y con frecuencia llevaba a su familia a los partidos de los Dodgers de Los Angeles. Obtuvo su licenciatura en Ingeniería Física de Westmont College, en 1997; su maestría en ingeniería civil en UCLA, en 1999, y su doctorado en ingeniería mecánica de Caltech, en 2003.

Con tiroteos escolares tan a menudo en las noticias de los últimos años, muchos estudiantes temían que la situación que se desarrolló en el normalmente tranquilo campus de UCLA podría evolucionar en algo mucho más mortal.

“Es desafortunado lo que ha pasado aquí” dijo Andrew Avelino, de 23 años, estudiante de último año en historia. “Usted ve que pasan tiroteos en las noticias en escuelas secundarias, en otros campus, en otros lugares. Pero nunca pensé que esto pudiera pasar aquí, hasta ahora”.

La ola de pánico y la adrenalina, la gran cantidad de alertas y multitud de policías en la universidad eran demasiado familiares para Jeremy Peschard. El estudiante de geografía de 22 años se transfirió a UCLA de Santa Bárbara, cerca de donde, en otro tiroteo, un estudiante dejó seis muertos y 14 heridos en Isla Vista en el 2014.

“Es una locura tener que pasar por esto otra vez”, dijo Peschard, quien dijo que experimentó recuerdos del ataque cuando se escondió dentro de una oficina de UCLA. “Es triste que ya se haya normalizado a este nivel. Es como si ya supiéramos qué es lo que hay que hacer”.

Según Beck, el tiroteo del miércoles se registró dentro de una pequeña oficina del complejo de ingeniería de la universidad. El jefe del LAPD confirmó en rueda de prensa que el tirador era uno de los dos hombres muertos.

“El campus está a salvo ahora”, dijo.

Las autoridades no han identificado el hombre armado, ni los motivos del tiroteo están claros. Andy Neiman, el principal portavoz de la policía de Los Ángeles, confirmó que se encontró una nota en la escena del crimen, pero los investigadores no habían determinado si está conectada a los disparos.

El concejal de Los Ángeles Paul Koretz, cuyo distrito incluye el área donde está ubicado la universidad, dijo que los agentes del LAPD le habían dicho inicialmente que temían que los dos hombres muertos fueran las primeras víctimas de un tirador activo.

“En este país, hemos llegado a un punto donde todos los días hay una especie de pequeña matanza en algún lugar”, subrayó.

El campus fue cerrado por aproximadamente dos horas y finalizó alrededor de las 12:05 p.m. Las clases fueron canceladas después de los disparos, pero se reanudarán el jueves, dijeron voceros de la universidad.

El tiroteo provocó una respuesta masiva de la policía local y federal. Agentes antidisturbios corrieron a través del campus, con armas en mano y arietes pesados para romper puertas en caso de ser necesario, mientras que los estudiantes salían de los edificios con sus manos por encima de sus cabezas.

Neiman dijo que la primera llamada al 911 informó de al menos tres disparos y posibles víctimas. Varias llamadas adicionales al 911 y mensajes en las redes sociales sugirieron que había un tirador activo, lo que llevó a la policía a enviar cientos de oficiales hacia Westwood.

“Es mucho más fácil decirle a la gente que está todo está bien, que pueden salir, que tener que ir a su casa y decirle a sus familias que ellos ya no regresan a casa,” dijo Neiman.

Los estudiantes se escondieron en todos los edificios del campus. Muchos dijeron que se esforzaron para bloquear las puertas de las aulas donde buscaron refugio y se vieron obligados a utilizar sus cinturones, proyectores y mobiliario cercanos para hacer barricadas contra cualquier amenaza potencial.

Mientras que Beck dijo que no había otros sospechosos, muchos estudiantes mencionaban que habían recibido masivos mensajes de texto y un vendaval de anuncios en las redes sociales anunciando que hasta cuatro tiradores podrían haber estado en la universidad.

“Hay una tremenda cantidad de información expandida en las redes sociales y mensajes de grupo y es difícil para todo el mundo separar la que es verdad y la que no lo es”, dijo Rafi Sands, vicepresidente de gobierno estudiantil de UCLA, mientras se ocultaba con otros 30 estudiantes en el interior del salón Haines Hall. “Están diciendo que hay múltiples tiradores, uno cerca de aquí”.”

Christos Kampouridis, de 23 años, dijo que encontró bloqueada la puerta de su clase de ingeniería en el interior del pasillo de Boelter Hall. A eso de las 9:50 am, se dio la vuelta y se encontró con un hombre armado que caminaba por un pasillo cercano. El hombre, que portaba un rifle, parecía llevar un cinturón táctico a su lado. Y en ese momento le gritó “ven aquí”.

Kampouridis dijo que huyó de inmediato, y les gritó a los estudiantes cercanos que se echaran a correr. Se fue del edificio y llamó al 911, y luego comenzó a enviar mensajes a sus amigos y publicar actualizaciones en las redes sociales instándolos a “permanecer lejos del salón de ingeniería”.

No estaba seguro de si vio a un oficial de policía o a un pistolero, pero de cualquier manera quería desesperadamente advertir a sus amigos de uno u otro.

Mientras que algunos estudiantes se escondieron detrás de las barricadas, otros trataban desesperadamente de huir del campus al no poder encontrar refugio.

María Shafer dijo que corrió después que en el edificio de Asuntos Públicos emitieron la alerta de disparos y no fue a su examen de español. Shafer y otros 20 estudiantes se encontraron con varias puertas cerradas cuando sonaron las sirenas de la policía y los helicópteros sobrevolaban el área. Terminaron arriba de arbustos y las pistas de carreras de velocidad al cruzar el Boulevard Sunset, antes de hallar un refugio en el patio de una casa de Bel-Air.

“No sabíamos a dónde ir, estábamos tratando de llegar lo más lejos posible del campus”, dijo. “La parte más aterradora era correr por el campus después de haber recibido esa alerta”.

Mehwish Khan, de 21 años, dijo que corrió a la Biblioteca Charles E. Young, donde muchos otros estudiantes estaban escondidos. Alrededor de 10:45, ella y otros se habían atrincherado en un baño desde done enviaron mensajes de texto a familiares y amigos para decirles que estaban todos dando una información diferente sobre los posibles tiradores.

“Estamos recibiendo mensajes de todas partes”, dijo a un reportero del Times, en un mensaje de texto.

Muchos estudiantes hablaron con los reporteros sólo vía texto para adherirse al protocolo de UCLA que pide a los estudiantes no hablar desde sus teléfonos en este tipo de situaciones.

Sands, de 20 años de edad y originario de Oakland, dijo que le tomó varios minutos para que las personas se dieran cuenta de la gravedad de la situación en la universidad.

“[Generalmente] recibimos un montón de alertas de texto por cosas pequeñas”, dijo. “Tomó un tiempo para que todo el mundo se diera cuenta que esto era serio”.

Nick Terry, de 29 años de edad, estudiante de arquitectura que manejaba de Silver Lake a UCLA dijo que el oyó sobre el tiroteo, y que estaba más enojado que asustado.

“Simplemente parece algo sin sentido”, dijo. “Estoy a dos días de dejar la escuela, ¿Y todo va a terminar con esta nota?”.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí.

Los redactores del Times, Sonali Kohli, Ruben Vives, Richard Winton, Brittny Mejia, Angel Jennings, James Queally y Joseph Serna, y Alene Tchekmedyian, del Times Noticias Comunitarias contribuyeron a este informe.


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