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Para muchos votantes, las ‘confusas’ primarias de California dejaron un sabor amargo

Votantes independientes, conocidos en California como “no party preference” (o ‘sin predilección por ningún partido’) pudieron votar en la primaria demócrata entre Hillary Clinton y el senador de Vermont Bernie Sanders. Pero muchos de ellos no pudieron hacerlo en la primaria republicana.

Votantes independientes, conocidos en California como “no party preference” (o ‘sin predilección por ningún partido’) pudieron votar en la primaria demócrata entre Hillary Clinton y el senador de Vermont Bernie Sanders. Pero muchos de ellos no pudieron hacerlo en la primaria republicana.

Las autoridades estatales escribirán el capítulo final de las primarias del pasado 7 de junio esta semana, al certificar el conteo de más de 8,5 millones de votos. Sin embargo, es poco probable que eso calme a los votantes y los funcionarios electorales locales, molestos con las confusas reglas que los dejaron con una suerte de ingrata resaca política.

“Es desalentador, porque las expectativas de las personas eran tan altas”, señaló Kim Alexander, presidente de la organización no partidaria California Voter Foundation. “Hay una gran cantidad de votantes insatisfechos”.

La agria nota final de la primaria se debe, mayormente, a las asimétricas normas que rigen las elecciones presidenciales y estatales. A diferencia de las primarias para las carreras estatales -donde cualquiera podía votar por cualquier candidato- las contiendas presidenciales se rigen por un mosaico de reglas que difieren según el partido político. “La primaria presidencial es siempre la más difícil de llevar a cabo”, aseguró Michael Vu, del registro de votantes del condado de San Diego.

Votantes independientes, conocidos en California como “no party preference” (o ‘sin predilección por ningún partido’) pudieron votar en la primaria demócrata entre Hillary Clinton y el senador de Vermont Bernie Sanders. Pero muchos de ellos no pudieron hacerlo en la primaria republicana.

El partido demócrata exigió que los votantes no afiliados usen una boleta especial ‘cruzada’, para que no pudieran votar por el comité de gobierno del partido. Pero los votantes debían proactivamente solicitar dicha boleta a los funcionarios electorales.

“Los partidos políticos fijan las reglas”, dijo Dean Logan, secretario del registro de votantes del condado de Los Ángeles. “La primaria presidencial no está diseñada con los votantes en mente”.

Se suponía que estas normas debían ser aplicadas por los funcionarios electorales locales, pero los procedimientos variaron de un condado a otro. Los activistas, muchos de los cuales eran fervientes partidarios de Sanders, señalaron que algunos votantes independientes estaban siendo engañados para no votar por el insurgente demócrata.

Los informes durante la jornada electoral hallaron una serie de problemas en los sitios de votación, donde los trabajadores ofrecieron consejos equivocados, o bien no emplearon la lista más actual de votantes registrados.

California no tiene un sistema uniforme que establezca qué tipo de formación, o cuánta, debe darse a los trabajadores electorales. “No hay un estándar estatal y muchas cosas quedan a interpretación de cada uno, según cada condado”, aseguró Joe Canciamilla, del registro de votantes del condado de Contra Costa. La oficina de Canciamilla llegó a los titulares de los medios cuando autoridades estatales se opusieron a la decisión del condado de dar una boleta provisional a cualquier votante “sin preferencia partidaria” que había recibido una boleta por correo, pero luego decidía emitir su voto en las urnas. Se suponía que estos votantes debían cambiar su boleta original, pero algunos simplemente la habían olvidado en casa. De cualquier manera, los funcionarios de Contra Costa les ofrecían una nueva y provisional, reservada para aquellos cuya elegibilidad no puede determinarse rápidamente el día de la elección. “Eso nos daba una clara oportunidad de comprobar al votante”, dijo Canciamilla.

En otros estados, los críticos criticaron que los votos provisionales hayan sido contabilizados. Y para cuando la carrera presidencial llegó a California, los partidarios de Sanders emplearon las redes sociales para instar a la gente a rechazar un voto provisional.

Los funcionarios respondieron que la ley electoral de California permite amplia discreción para aceptar esos votos. El informe final en el condado de Contra Costa mostró que se contó un 88% de boletas provisionales. En el condado de L.A., donde se usaron más de 268,000 boletas de este tipo, se contó en última instancia un 87% de ellas.

Los funcionarios del registro reportaron que, después del día de la elección, se presentaron más ciudadanos que en años anteriores para contar las boletas provisionales. En San Diego, los activistas inundaron Facebook y Twitter la semana pasada con acusaciones de que los trabajadores electorales estaban cambiando estas boletas.

En cierto sentido tenían razón, puesto que algunos votantes se presentaron en un área distinta de la comunidad -no en donde estaban registrados-, o votaron equivocadamente por candidatos al pie de la boleta, para los cuales no eran elegibles. Los trabajadores electorales de San Diego “editaron” esos votos erróneos con corrector blanco, dejando intactas las opciones para presidente y para el Senado de los EE.UU. “Debimos editar esos votos porque no eran elegibles”, dijo Vu. En algunos condados, esos votos son “rehechos” por los funcionarios electorales, que copian todas las selecciones a una nueva boleta; el mismo proceso se emplea cuando la boleta está dañada pero la intención del votante es clara.

El condado de San Diego todavía enfrenta una demanda presentada por un grupo de activistas que afirmó que los funcionarios electorales emplearon un criterio erróneo en el conteo manual postelectoral del 1% de los votos.

Alexander, de California Voter Foundation, señaló que debería haber más información online acerca de cómo se cuentan los votos. “Eso ayudaría a despejar la confusión”, dijo. “La gente está siempre lista para reclamar un fraude”.

Los funcionarios electorales también lidiaron con votantes poco frecuentes que se sintieron energizados por la carrera presidencial, pero no sabían en qué partido estaban registrados. Muchos esperaron demasiado tiempo para hacer cambios, incluyendo a algunos que creían ser independientes pero, en realidad, estaban registrados como miembros del Partido Americano Independiente de California.

La semana pasada, las acusaciones llegaron al condado de Riverside, donde se habló de que algunos votantes podrían haber alterado su afiliación partidaria con cambios realizados en el portal de registro en línea del estado. En un comunicado escrito, Alex Padilla, secretario de Estado, dijo que no había “reclamos justificados comunicados por los fiscales de distrito ni por los registros de votantes de los condados, acerca de cambios no autorizados de afiliación política”.

En tanto, un número de votos llegó a las oficinas electorales locales en el último minuto. La serie de cambios electorales que entró en vigor en 2014 incluyó una ley que requiere que las boletas lleguen hasta un máximo de 72 horas después de la elección para poder ser contadas, siempre y cuando tengan un matasellos del día de la elección (en este caso, 7 de junio).

“Por alguna razón, a mucha gente le gusta entregarlas en las urnas o por correo el mismo día de la votación”, afirmó William Rousseau, asesor de registros del condado de Sonoma.

Los trabajadores electorales en la pequeña comunidad de Rousseau debieron filtrar cerca de 43,000 boletas enviadas por correo durante el día de la elección, o que llegaron durante los siguientes tres días. Los votos de Sonoma fueron algunos de los últimos en contarse en todo el estado.

Finalmente, los desafíos más grandes pueden haber sido causados tanto por el mecanismo como por el dinero. Aunque los procedimientos varían según cada condado de California, las entrevistas con funcionarios de distintas partes arrojan un consenso generalizado sobre la necesidad de actualizar los sistemas de votación, que están mal equipados para manejar tantas papeletas por partido, así como contiendas enormes, tal como los 34 candidatos primarios en la carrera por el Senado de los EE.UU.

Las elecciones, según los observadores, siguen careciendo de fondos suficientes; se necesita más dinero para ampliar su alcance y pagar por los procesos que requiere el estado. “Hemos tenido tantas reglas complejas en esta elección”, aseguró Alexander. “Debe haber una forma de lograr la uniformidad e igualdad de trato que los votantes esperan, y el dinero es la única manera de lograrlo en California”.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


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