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Haitianos, un viacrucis que no termina

Haitianos, un viacrucis que no termina

Haitianos, un viacrucis que no termina

Miles llegaron y otros miles vienen en camino

Grupos religiosos y civiles así como ciudadanos cargan con el peso

No asume la federación su responsabilidad en la materia

Nota: José Enrique García Sánchez

Fotos: Joebeth Terríquez

TIJUANA BC.- La mirada brillante que parece iluminar el africano rostro de Abas no refleja dolor alguno. Solo el quiebre de la voz y el sollozo que de pronto amenaza con mojar sus ojos anticipa el recuento de los peligros que vio y vivió en su trayecto de 14 mil kilómetros desde Ghana África hacia esta ciudad, en un drama compartido con miles de haitianos que como él, finalmente lograron llegar a las puertas de los Estados Unidos, donde su futuro sigue siendo incierto.

Para unos el viacrucis comenzó antes de la semana santa, para otros después de ella, pero casi todos traen tatuada la experiencia que ha marcado mucho más que sus rostros. Varios de ellos prefieren de plano no hablar sobre lo vivido en los dos o tres meses de camino, y otros como el haitiano Olyiens, todavía no logran aún recuperarse. “Estoy bastante cansado”, dice en el poco español aprendido bajo presión mientras atravesaba América Latina, luego de recorrer aproximadamente 10 mil kilómetros desde Brasil.

Abas se acaba de anunciar a la puerta del albergue y desayunador salesiano de “El Padre Chava”, para pedir refugio, justo a unos 50 metros del cerco fronterizo con los Estados Unidos, donde espera reposar después de tantas vicisitudes, tener cobija y un pequeño rincón para descansar mientras el gobierno norteamericano decide si puede ser aceptada su solicitud de ingreso legal. Atrás quedaron su esposa y 5 hijos. Su misión es llegar a Estados Unidos o Canadá.

En realidad la ciudad toda se ha convertido en un albergue para unos 15 mil migrantes mayoritariamente haitianos, que han hecho su arribo hasta el momento -desde mayo pasado-, y que ya se prepara para recibir a otros 15 o 20 mil como parte de esta oleada migratoria que terminará de llegar en los próximos dos meses, según la proyección del Consejo Estatal de Atención al Migrante encabezado por Carlos Mora.

Actualmente se hallan entre Tijuana y Mexicali unos 5 mil migrantes en una especie de fondo revolvente que se mantiene debido a la llegada de grandes cantidades de personas en las últimas semanas.

Nadie estaba preparado

El fenómeno no tuvo siempre este rostro crítico porque el arribo de migrantes era pequeño aún en los primeros meses, sin embargo se disparó en las últimas tres semanas aproximadamente, cuando llegaron grupos de 300 y 400 personas, explicó Araceli Almaraz, investigadora del Colegio de la Frontera Norte, institución que tiene aproximadamente 40 años observando y documentando los fenómenos migratorios, y que ha podido identificar las características únicas de esta oleada de visitantes.

Por su cantidad y corto período de ingreso, el único flujo de migrantes que se le equipara, es la de asiáticos que estuvieron llegando de contrabando a Baja California hace casi dos décadas, también con la intención de cruzar hacia los Estados Unidos, en busca de un sueño americano que los llevó a soportar un extenuante y hasta mortal trayecto en barco.

El fenómeno agarró desprevenidas a instituciones públicas y privadas, y no obstante que el gobierno federal tuvo conocimiento inicial cuando decidió aprobar permisos de internación temporal para los haitianos y africanos, no alertó a las autoridades fronterizas.

Los albergues tradicionales, que en numero de una docena aproximadamente son operados por agrupaciones civiles y mayoritariamente religiosas, fueron rápidamente rebasados y obligados a modificar sus formas de trabajo y vocación original, provocando el desplazamiento de las propias corrientes migratorias de origen nacional que huyendo de la violencia y la pobreza, llegan a Tijuana buscando un poco de abrigo y una segunda oportunidad.

Esto ha sido más que claro en el caso del desayunador del Padre Chava, donde hasta los indigentes de la zona que habitualmente acudían a recibir alimentos, de pronto se sintieron desplazados y se generó tensión que sin embargo fue aliviada de inmediato para evitar enfrentamientos y agresión hacia los extranjeros.

“Si no hay voz cantante en toda la estrategia de atención, los centros de ayuda se van a ver rebasados, ya lo están viviendo en carne propia pero además con una lógica distinta, y esto trae un posible desplazamiento de migrantes mexicanos que pudieran requerir la ayuda y que no están siendo atendidos porque el mayor apoyo está destinado a la comunidad haitiana y africana,” dijo Araceli Almaraz.

Y es que haitianos y africanos dejaron en el trayecto, dos o tres años de ahorro acumulado durante los empleos que ocuparon, típicamente en Brasil, país que les abrió temporalmente las puertas para las olimpiadas y el mundial de futbol, después de los cuales sobrevino una crisis económica que encontró en ellos a sus primeras víctimas.

A Rubén, un haitiano de 27 años que dejó atrás a su padre e hija, y después de tres años de permanencia en Brasil decidió emprender el viaje a los Estados Unidos, sus cuatro mil dólares se le esfumaron por el costo de la travesía. “La etapa más difícil fue en Colombia para pasar a Panamá, estaba asustado y preocupado, pasé 3 días caminando para llegar a Panamá. Yo tenía en mi mente el llegar, sólo en eso pensaba. Afortunadamente, no tuve ninguna agresión en mi viaje”. Otros no tuvieron tanta suerte, pues fueron asaltados con violencia y los despojaron hasta de sus zapatos tenis.

El testimonio de Rubén y otra docena de migrantes, recogidos por el Colef, confirman la existencia de un cuadro traumático donde varios de ellos presentan problemas de salud aunque mínimos, cansancio físico y emocional, y una condición anímica que es importante atender.

“Cuando te diga mi historia vas a llorar”

“Empecé mi jornada en Ecuador, de ahí a Colombia, de ahí atravesé la selva durante una semana, de ahí Salí a Panamá y luego otra vez a la selva durante 7 días. No te puedo decir que pasa dentro de la selva pero suceden muchas cosas, necesitaría tres horas y cuando te lo diga vas a llorar. Es muy difícil”, dice a AFN el africano Abas.

A diferencia de los haitianos que abandonaron su devastado país luego del terremoto de 2010, Abas no viene de una ciudad destrozada por fenómenos naturales o la violencia, sin embargo la situación económica le llevó a buscar mejores condiciones de vida en otro lugar del mundo, y eligió América del Norte, pero sobre todo México, “porque un amigo me dijo que hay gente buena y mejor vida”.

Su historia es la de miles más, que se convirtieron en clientes y/o victimas de “guías” o “coyotes” y asaltantes, incluidos algunos policías. En Tijuana mismo no han faltado algunos abusos de policías y hasta agresiones verbales de corte xenofóbico de parte de algunos ciudadanos que no ven con agrado su presencia, y que en las redes sociales han promovido un discurso de odio y racismo en su contra.

A la fecha 14 albergues funcionan para recibirlos en la ciudad, casi todos de origen religioso ya sea cristiano o católico, y hace una semanas se habilitó uno más en instalaciones de la orden de los Salesianos, con capacidad para unas 400 o 500 personas, al extremo este de la ciudad.

Los que todavía traen algo de dinero, se amontonan en hoteles baratos y cuarterías rentadas en los alrededores del desayunador, estratégico sitio donde funciona adicionalmente una oficina móvil del Instituto Nacional de Migración, a unos 500 metros de las oficinas migratorias del gobierno estadunidense, que solo recibe 50 personas por día.

El panorama para todos ellos, sin embargo, es incierto, sobre todo desde el pasado 22 de septiembre, que la administración Obama anunció su decisión de reanudar las deportaciones de Haitianos por considerar que “la situación en Haití ha mejorado lo suficiente para permitir que el gobierno de los Estados Unidos deporte a los ciudadanos haitianos de manera habitual, de acuerdo con la práctica que se lleva a cabo con los ciudadanos de otros países.”

Más aun, dice la investigadora del Colegio de la Frontera Norte, Baja California seguirá recibiendo seguramente más migrantes no solo por lo que resta del año sino hasta julio del año próximo, toda vez que en esa fecha justo vence el plazo para que Haití salga del listado que los Estados Unidos considera como aspirantes a ser beneficiados con el programa de protección temporal.

El haitiano Olyiens tiene suerte, ya obtuvo cita para ser recibido por autoridades migratorias norteamericanas el próximo 5 de noviembre, aun cuando esto no garantiza nada respecto de su futuro inmediato.

Mientras tanto la crisis humanitaria no reconocida oficialmente sigue su curso, y ningún eco han tenido las demandas de que el gobierno federal asuma su responsabilidad directa en el tema y declare la existencia de dicha crisis, como lo pide la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, en un proceso que necesariamente tendría que ser acompañado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados de la ONU, a fin de atender el problema de manera integral, lo que no ha ocurrido en seis meses.

“Es urgente que el gobierno federal mexicano desarrolle, junto con los gobiernos locales y las organizaciones de la sociedad civil, estrategias tendientes a resolver este fenómeno migratorio desde la perspectiva humanitaria y de desarrollo, no como un asunto de Seguridad Pública, de Seguridad Interior o de Seguridad Nacional, garantizando el respeto a la dignidad y a los derechos humanos de estas personas”, planteó Raúl Ramírez Bahena, Director Ejecutivo de la agrupación.

El Gran Ausente

La Dirección General del Instituto Nacional de Migración se negó a responder un cuestionario presentado por AFN respecto del tratamiento futuro que el gobierno federal dará al tema.

“Siempre hay un retraso, una reacción tardía frente a situaciones que requieren una atención urgente, sobre todo cuando se trata de atención a seres humanos, que después de todo el trauma de una travesía de 3 o 4 meses, resulta una situación que no requiere pensarse sino requiere tomar actuaciones inmediatas”, dijo por su parte la investigadora Araceli Almaraz.

Los responsables de los albergues no han podido ocultar su malestar por la ausencia del gobierno federal aunque suavizan sus expresiones cuando de abordar el tema se trata.

“Tijuana es una ciudad maravillosa, se ha volcado totalmente en favor de estos hermanos, y la respuesta ha sido maravillosa. Habrá que reconocer la intervención del gobierno. Creo que ha hecho lo suficiente dadas las posibilidades pero ya no depende de los que están aquí. Quien ha aportado más es el municipio, y las intervenciones del estado han sido aceptables, y por parte de la federación creo que si podría hacer algo más”, afirmó por su parte el sacerdote Felipe de Jesús Fernández, responsable de la administración de los siete centros que opera en la ciudad la orden de los Salesianos.

El espíritu solidario de la ciudadanía ha sido impresionante, dijo, y hasta los funcionarios, municipales, estatales y federales que participan localmente se han comprometido más allá de su responsabilidad oficial, en apoyo a los migrantes.

Frente a este panorama, lo que se requiere “es más recursos que discursos”, consideró Carlos Mora Álvarez, Presidente del Consejo Estatal de Atención al Migrante.

Con suerte, tal vez el africano Abas ya no tenga que dormir en la calle frente al desayunador de El Padre Chava, convertida durante semanas en un campamento vigilado por patrullas y delimitado por la cinta plástica de color amarillo, que comúnmente se utiliza para resguardar escenas de crimen o zonas de desastre.

Lo único que le anima en estos momentos es la esperanza y su fe: “Yo no tengo poder, solo Dios está en control, solo Dios sabe si me quedaré en América, o aquí o Canadá”.


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