Juanes regresó a L.A. con nuevos sencillos, otro ‘look’ y hasta una sensación ibérica como invitada

Visitó ya nuestra ciudad en mayo de este año, con el fin de ofrecer una presentación masiva que tomó lugar en el prestigioso y amplio Forum de Inglewood. De ese modo, verlo nuevamente después de solo unos meses prometía ser literalmente más de lo mismo, lo que tenía sentido cuando se considera que los grandes artistas suelen tener repertorios establecidos y casi inamovibles a lo largo de una misma gira.

Y aunque esa fue una impresión que pareció confirmarse al comienzo del concierto de anoche en el Hollywood Bowl, sobre todo porque ese mismo inicio fue exactamente igual en términos de temas musicales y del respectivo despliegue de videos (ciertamente espectacular en su reconstrucción del artista como un astronauta enamorado), las cosas adquirieron poco a poco rumbos inesperados, fomentados por la atmósfera relajada y placentera que se vive habitualmente en este recinto al aire libre.

En el Bowl, la gente no baila tanto como en otros lados por las limitaciones de los asientos emplazados en cajas, pero llega con sus bebidas y sus comidas, lo que le otorga al asunto entero un aire de picnic de alto nivel que permite disfrutar de la música de una manera particular. Juanes pareció entenderlo al matizar la velada con algunas piezas apacibles que no recordábamos haber escuchado durante la ocasión anterior.

Mantuvo también la tranquilidad al invitar al escenario a Rosalía, la joven española que abrió el show, para la interpretación de una inesperadísima versión de “Volver”, que no es la ranchera mexicana de nombre semejante, sino un popular tango inmortalizado por el legendario Carlos Gardel.

Y para poner a su público al día, interpretó “Pa’ dentro” y “Oye mujer”, dos temas festivos que se han lanzado a lo largo del verano que acaba de concluir, como lo probó un clima inusualmente frío para lo que se ha vivido en las jornadas previas (y que es el causante del maligno resfrío que nos azota en estos momentos).

El colombiano aprovechó cuanta oportunidad tuvo para manifestar su aprecio por Los Ángeles, ciudad en la que, allá por el año 2000, se lanzó como solista de la mano del productor Gustavo Santaolalla, y que según él es “una ciudad mágica que me ha dado cosas bonitas y difíciles”, aunque sigue negándose a tocar los temas sociales y dolidos que surgieron de esa colaboración inicial.

Recordó también que en el 1997 acudió al mismo Bowl para ver a Iron Maiden, aunque lo que practica actualmente no podría estar más lejos del metal (sobre todo en esta noche, cuando dejó de lado a Ekhymosis, la agrupación con la que se inició, y cuando brillaron por su ausencia los solos de guitarra eléctrica que tan bien sabe hacer).

En realidad, luego de despojarse de la chaqueta con la que aparece en las fotos de esta nota y de dejar de lado el instrumento de las seis cuerdas, más que verse como un representante del pop, Juanes lució visualmente como un reggaetonero, no necesariamente por su nuevo corte de pelo estilo militar, sino sobre todo por la camiseta que llevaba, con una forma y unos diseños que no dejaban de recordar a J Balvin, lo que resulta un poco extraño en vista de que no hemos escuchado nada suyo que suene específicamente a esa rama del género urbano (aunque “Oye mujer” coquetea con la idea).

Lo que se sintió ahora en Hollywood fue una impronta mucho más fuerte del reggae y de la cumbia, dos vertientes que le otorgan vitalidad a unas composiciones que, por otro lado, pueden ser a veces muy parecidas. Y aunque Juanes no ha sido nunca un símbolo sexual, las alusiones eróticas no faltan en sus piezas (para eso está “Camisa negra”) ni en sus videos (el de “Pa’ dentro” fue especialmente elocuente en ese sentido, con imágenes de mujeres que se levantaban la falda para mostrar flores donde debía estar algo muy concreto, y que llevaban entre las piernas sandías abiertas y cargadas de un evidente simbolismo).

Por ese lado, libre ya de los pesares de “Fíjate bien”, su placa de debut, el sudamericano le canta al amor y a la sensualidad. En cierto momento, anunció que iba a dar un mensaje, pero en lugar de hablar de la situación de su país, de los inmigrantes o de cualquier asunto semejante, agregó “Quiero decirte que mis planes son amarte”, antes de entonar la canción de tendencia ‘funky’ que lleva como título la segunda parte de esa frase; y más adelante, cuando le tocaba presentar a “El ratico”, empezó diciendo “No importa de dónde usted sea, si es colombiano, mexicano o de Los Ángeles; cuando le mandan un mensajito diciendo ‘Tenemos que hablar, ahí hay un problema’”.

Además de las piezas descritas, el ‘set list’, que se inició con “A Dios le pido”, incluyó a “Fuego”, “Nada valgo”, “Es por ti”, “La paga”, “Mala noche” y “La noche” (su reinvención del gran corte salsero de Joe Arroyo), entre otras. Los asistentes se quedaron con ganas de más, pero el Bowl tiene horarios muy establecidos.

Antes del acto de Juanes y de ser invitada por él mismo para el dúo ya descrito, Rosalía ofreció un set propio que causó sorpresa entre mucho de los asistentes que desconocían su existencia, aunque se trata de una de las cantantes más solicitadas -y a la vez polémicas- en la escena contemporánea de la Madre Patria.

Acompañada únicamente en el plano instrumental por un ‘sampler’, vestida con un impresionante traje rojo de flecos y falda corta, y rodeada por ocho bailarinas que se enfrascaban en originales coreografías, la catalana de 25 años desconcertó un poco al hacer mezclas electrónicas en las que los niveles de audio estaban un tanto descontrolados, pero tuvo también oportunidad de sacar a relucir las virtudes de una voz extremadamente poderosa y ducha en las artes del ‘cante’ flamenco.

Acercándose a las raíces y alejándose de inmediato de ellas, la deslumbrante muchacha aprovechó con esmero la brevedad de su acto para subir en cierto momento una motocicleta a la tarima y hacerla rugir; le dio rienda suelta a las palmadas típicas de un ‘tablao’ mientras cantaba “Pienso en tu mirá” [sic]; se puso prácticamente a llorar llevada por la pasión desbordante de “A ningún hombre”, que mezcló su entonación en plan tradicional con unas raras armonías secuenciadas; y hasta le dio espacio a “Brillo”, su reciente colaboración con (¿quién más?) J Balvin. Habrá que seguirle la pista.

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