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“Perseguir la noche”, recurso del escritor Pérez Gay para escapar del cáncer

“Perseguir la noche”, recurso del escritor Pérez Gay para escapar del cáncer

Fotografía del 26 de septiembre de 2018 del escritor mexicano Rafael Pérez Gay posando en una entrevista con Efe, en Ciudad de México (México). Un instante después de ser diagnosticado de cáncer, el escritor mexicano Rafael Pérez Gay entendió que solo tenía una alternativa: mirarle los ojos a la enfermedad. EFE

EFE

Un instante después de ser diagnosticado de cáncer, el escritor mexicano Rafael Pérez Gay entendió que solo tenía una alternativa: mirarle los ojos a la enfermedad. Un drama que cuenta en la novela “Perseguir la noche”, su libro más reciente.

Se trata de una desgarradora historia en la cual el protagonista cuenta cómo asumió el padecimiento sin preguntarse ?por qué a mí? y cruzó su historia con las de las noches locas de los escritores modernistas Amado Nervo, José Juan Tablada, Bernardo Couto y el pintor Julio Ruelas.

“El narrador hace un plan de evasión y parte hacia una ciudad que ocurre en el pasado con un conjunto de escritores tan cercanos que son casi sus conocidos y que fundaron la revista Moderna en 1898. Y luego están la noche de la memoria, de la infancia y la noche de la ciudad”, dice Pérez Gay en entrevista a Efe.

Durante 180 páginas, la obra, editada por el Grupo Planeta, recrea escenas de la Ciudad de México en el arranque del siglo pasado.

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Su creador logra una obra de ficción a partir de personajes reales, entre ellos Peter Gay, un alemán cincuentón con tendencia a la obesidad, bisabuelo del novelista, dueño del bar al que acudían los escritores.

“El bisabuelo tenía una de las primeras cantinas con concepto de bar. Peter Gay es uno de los que tiene la resolución de los secretos y enigmas de la subtrama de los escritores modernistas”, explica.

La obra cierra una trilogía de autoficción iniciada con “Nos acompañan los muertos”, una novela sobre la decadencia de sus padres, y seguida por “El cerebro de mi hermano”, premio Mazatlán 2014, sobre la enfermedad que mató a su hermano José María.

“Yo le llamo un tríptico indeseado; ahora viene ‘Perseguir la noche’, que es la historia de varias noches, las noches van como sucediéndose una tras otras”, asegura.

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Horas después de cumplir 50 años, en mayo de 2007 el novelista leía un libro sobre las epidemias del siglo XVII en México. Antes de caer vencido por el sueño fue al baño y ahí empezó su calvario: orinó sangre y, según los exámenes, tenía dos tumores en la vejiga.

Con una prosa que huye del victimismo y de pintar a un héroe por haber vencido al cáncer, la historia retrata el humanismo de un hombre que, mientras lucha, reflexiona sobre su vida y acerca de la fragilidad de la existencia humana.

“El libro tiene varios espacios narrativos, la noche de la enfermedad, la noche de los escritores, la noche de la ciudad y la noche de la familia. Seguir la noche, la oscuridad, los espacios, nos revela quiénes somos. Somos también personajes oscuros que albergamos pesadillas, que hemos dejado vivir entre nosotros historias bárbaras, tremendas y terribles”, dice.

A diferencia de “El cerebro de mi hermano”, escrita desde el dolor más genuino, el que los humanos sienten por los demás, en su nueva novela Pérez Gay se da el lujo de burlarse de la enfermedad; en un momento, bromea sobre cómo asumen los enfermos las relaciones sexuales y acerca de la invasión a su intimidad en el tratamiento.

Aunque una parte ocurre en la Ciudad de México de hace más de un siglo, “Perseguir la noche” no es novela histórica, todo sucede en presente y el futuro casi no existe.

“Siempre está en presente. Es una de las características cuando se ha enfermado seriamente. Es presente 1901, es presente 2008 y 2010, cuando el narrador recorre los lugares de la ciudad en los cuales él cree que va a encontrar un alivio”, reconoce Pérez Gay.

Graduado en letras francesas y obsesionado con Balzac, en algún momento de desvarío en la enfermedad Pérez Gay se preguntó si el doctor Bianchon, que aparece en 29 obras del novelista mayor de Francia, podría salvarlo, y desconsolado aceptó que era imposible porque aquel es un personaje de ficción.

Sin embargo, aunque es un descreído, el autor sí sospecha que su regreso a la salud estuvo relacionado con la literatura.

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“Una parte de mí cree que esos escritores me regresaron de algún modo del camino que se me había asignado para salir de este mundo. Una parte de mí piensa que ellos me regresaron, pero es una parte literaria”, acepta.


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