Deontay Wilder obtuvo fuerza tras ser padre de familia  

El ser padre ha moldeado a Deontay Wilder más que el poder de los puños como campeón del mundo en peso pesado.

Su posición como campeón del mundo en peso pesado viene con el título del “hombre más malo del planeta”, pero el ser padre de familia ha moldeado a Deontay Wilder más que el poder de los puños.  

Mientras se prepara para su primera función de Pago por Evento en su carrera, la defensa de su título del Consejo Mundial de Boxeo ante el excampeón invicto Tyson Fury en el Staples Center, Wilder entiende que el camino que ha tomado le dará el pago más grande que ha tenido en su carrera.  

Era 2005 cuando Wilder se dio cuenta que su primer hijo, una niña, iba a nacer con una condición delicada de espina bífida, que tiene muchos efectos y que ha dejado a varios en silla de ruedas.

Wilder era un receptor de futbol americano en un colegio comunitario en Tuscaloosa, Alabama, que soñaba con jugar en Alabama Crimson Tide cuando recibió las noticias.

Se retiró del futbol americano, buscó tres trabajos para ayudar con los gastos médicos, incluyendo el trabajar como mesero y ganar $8.50 la hora en IHOP y como preparador de comida en un Red Lobster, y comenzó a boxear.  

“Comencé como un recogedor de platos en IHOP pero la mánager pensó que era muy guapo y le gustaba cómo interactuaba con la gente, así que me movieron a mesero y empecé a ganar mucho en propinas”, expresó Wilder.

“La gente se podría identificar conmigo. Siempre querían hablar de deportes cuando se acercaban a mí. Podía hablar de deportes. Eso me permitió el hacer sentir a la gente más cómoda. Me hablaban de sus cosas personales y cosas así… al punto que la gente esperaba a que yo los atendiera. Eso me hizo sentir muy especial”.

Tres años después, era el único medallista de boxeo de Estados Unidos en Beijing 2008, al ganar bronce. Diez años después se convirtió en campeón del mundo en peso pesado.  

Su hija Naieya “fue el comienzo de todo. Sin ella, no hubiera podido hacer esto”, dijo Wilder. “Mucha gente me preguntaba qué es lo que estaría haciendo sin ella. Le agradezco a Dios que estoy en esta posición, el hacer lo que amo, el demostrar mi talento al mundo”.

Más que nada, Naieya le inculcó el hábito de decirle a su papá “lo puedo hacer”, mientras llegaban más retos, y eso le permitió ser una adolescente independiente que podía correr.

“Es increíble”, dijo Wilder, de 33 años. “El doctor quizá la pudo descartar, pero no importa por cuánto va a la escuela alguien, no puede predecir o dictaminar lo que va a suceder con tu vida si Dios te tiene en sus manos”.

“Su desarrollo… he visto de dónde ha venido y estoy sorprendido. Y el ver lo que es ahora, me emociona mucho y me demuestra que la gente pueda hacer lo que ellos quieran si se lo proponen. El creer en eso trae muchos cambios”.

Wilder estuvo involucrado tanto en ser padre de familia, que ahora tiene siete hijos, el más reciente nació en Los Ángeles.

“Amo pelear. Mi amor más grande es ser el papá”, dijo. “Hay un dicho que dice, ‘no sabes lo que es amor hasta que tienes un hijo’. No he visto nada que pueda discutir eso”.

“Me siento como una madre para ellos, como si yo les di a luz, pero le he dicho a mi prometida, si hay una tecnología en donde el hombre pueda cargar con el bebé, que me apunten, yo sería la primera persona en tratar eso”.

La devoción mutua al boxeo le ha permitido tener un récord de 40-0, con 39 nocauts, en la pelea del sábado, y continúa retando a Anthony Joshua para un duelo ante el invicto en 2019.  

“El duelo del sábado es un paso muy grande para agarrar la atención de mucha gente que nunca ha escuchado de mí”, dijo Wilder. “Ojalá que puedan ver todo de lo que se trata”.

Muchos acudieron al llamado el martes, cuando Wilder visitó el Departamento de Bomberos de Los Ángeles y repartió boletos para su pelea, como agradecimiento al trabajo extra que tuvieron los oficiales durante los incendios de noviembre.

Al llegar a Los Ángeles, se entristeció al escuchar más detalles sobre la muerte en un tiroteo de Emantic Bradord, un afroamericano de 21 años, cerca de Birmingham, Alabama, donde Wilder peleó muchas veces.  

Bradord fue identificado erróneamente como un agresor, cuando estaba autorizado para portar un arma y trató de proveer protección a los clientes durante un tiroteo en un centro comercial, de acuerdo a testigos.  

“¿Qué podemos decir? Es algo que está sucediendo y que ha pasado muchas veces en este país. Es una situación desafortunada”, dijo Wilder. “Es algo loco ahora, y triste. Estoy cansado de escuchar y ver estas cosas. Algo se tiene que hacer. No sé lo que está pasando con la policía”.

“Quiero ser el tipo de hombre que puede hacer este mundo diferente. La situación que está pasando con la brutalidad… quiero cambiar cosas, quiero cambiar las cosas en una forma positiva. Cuando despiertas con cosas negativas todos los días, es un examen, y sin un examen grande no puedes tener testimonios. De esto vivo en el día a día”.

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