Inmigrantes trabajaron en traer la Copa del Mundo y la han mantenido funcionando

MOSCÚ.- Aunque sean invisibles para las multitudes que asisten a las sedes de la Copa del Mundo en Rusia, hay legiones de trabajadores inmigrantes de Asía Central, que han trabajado en levantar y mantener cada uno de los estadios, además de los trabajadores que venden en las tiendas de los inmuebles y otros que limpian las calles de la ciudad.  

Hay millones de inmigrantes que están desempeñando labores serviles por toda Rusia y se enfrentan a la rutina de acosos de la policía y discriminación étnica. Son parte importante de la economía y también son parte de la estrategia geopolítica del líder ruso Vladimir Putin, y sin ellos, Rusia no podría ser anfitriona de una Copa del Mundo.

“Los  inmigrantes son la parte principal de la fuerza laboral en la construcción de estadios, infraestructura del trasporte para el torneo”, dijo Valey Solovei, un profesor de Moscú y experto en inmigración, a Associated Press. “Sin trabajadores inmigrantes, Rusia no hubiera podido construir tantas cosas tan rápido”.

Bobur Ulashov, de 37 años, es uno de ellos. Dejó su pueblo en Uzbekistán hace cinco años en busca de un trabajo y ahora desempeña labores de 12 horas limpiando metales en el Fan Fest de Moscú.  

“Este país nos acogió y nos da trabajo”, dijo.  

Building Workers International dijo que 21 personas murieron durante las construcciones de los estadios de la Copa del Mundo. Human Rights Watch documentó cientos de quejas de trabajadores de la Copa del Mundo, y se dio cuenta que no muchos tenían contratos escritos de algún tipo, y que algunos trabajadores desempeñaban labores en menos de 13 grados Fahrenheit, con un descanso en un lapso de nueve horas de trabajo.

Los trabajadores inmigrantes en Luzhniki Stadium, la sede principal de Moscú, donde se jugará la segunda semifinal el miércoles 11 de julio y la final el domingo 15, insistieron que sus condiciones y el pago son buenos -$470 al mes durante el torneo, con uno o dos días de descanso por semana. Pero muchos de ellos pidieron que sus nombres no fueses publicados por miedo de que sus empleadores los castigaran.

Gafirjon Kurbonov no tiene miedo a hablar. Ayudó a poner el asfalto en el estadio de San Petersburgo y ahora trabaja como taxista registrado en Moscú. Su esposa y dos hijos pequeños lo han acompañado en su estadía en la ciudad y se quiere quedar.

“El negocio es bueno, hay tantos aficionados extranjeros”, dijo en un acento rápido de tayik ruso. ¿Y cuándo se acabe la Copa del Mundo? “Siempre habrá trabajo”.

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