Un poco de consuelo en el recorrido final

Un poco de consuelo en el recorrido final

Un grupo de activistas se reúne en la planta de procesamiento de Farmer John dos veces a la semana para realizar una vigilia por los animales, en el momento exacto en el que entran en la instalación para ser sacrificados.

Maya Benperlas se paró en medio de la avenida Vernon en una fría noche de domingo mientras un gran camión de transporte de cerdos se detenía justo afuera de las puertas de la planta Farmer John.

Levantó sus manos e hizo el símbolo de la paz con los dedos.

"¡Dos minutos!" gritó Benperlas ". ¡Dos minutos!"

El conductor del camión de 18 ruedas miraba hacia adelante tratando de no ver directamente a unos 60 activistas por los derechos de los animales que se habían amontonado silenciosamente frente al enorme matadero.

Baby boomers y milenios, anarquistas vestidos de negro y jóvenes deportistas vertieron botellas de agua a través de las rejillas del remolque hasta los cerdos asustados. Dos hombres iluminaron toda la escena mientras otros grababan la acción, tomaban fotos u ofrecían suaves masajes a los cerdos de 250 libras a punto de morir.

Los cerdos recibieron el agua y en medio de su miedo lanzaron gruñidos. "Buen chico” dijo una mujer mientras le colocaba al cerdo un biberón lleno de agua.

Durante dos minutos, la escena se desarrolló como si fuera  un día de mascotas en una feria del condado. Entonces Benperlas se alejó del camión y la planta abrió sus puertas.

El conductor aceleró el motor mientras los activistas rociaban con las últimas nubes de agua a los cerdos. Los animales se amontonaron en la parte trasera del remolque y sacaron sus hocicos.

Dentro de la planta, el camionero descargaba los animales, una pequeña fracción de los más de 7.000 cerdos que la planta sacrifica todos los días. Afuera, a un lado del colorido mural sobre la vida en el campo, los activistas esperaban el siguiente camión.

A veces los camiones vienen de tres en tres, a veces cada 20 minutos. A veces, no vienen hasta dentro de una hora. Pero siempre llegan.

Estas protestas -o "vigilias", como las llaman los organizadores- han tenido lugar todos los domingos y miércoles por la noche desde principios de 2017. Anunciadas de boca en boca y en las redes sociales, atraen regularmente de 50 a 100 personas. Hay de todo, californianos de lugares como Bell y Oxnard; otros de tan lejos como Japón.

Celebridades como Joaquín Phoenix y Rooney Mara han pasado por aquí; Tony Kanal, bajista de No Doubt, describió una vez la visión de los cerdos bebiendo agua por última vez como "desgarradora".

A pesar de los fuertes sentimientos involucrados, los eventos desafían el estereotipo de las radicales protestas por los derechos de los animales. No son asuntos abiertamente militantes, y no hay proselitismo agresivo. Igual de extraño, quizás, es que tienen el visto bueno del Departamento de Policía de Vernon y de la planta Farmer John.

"Son respetuosos con la ciudad y con la compañía", dijo la oficial Marissa Vélez. Confirmó que algunos de sus compañeros oficiales se habían vuelto veganos gracias a las vigilias.

Estas tranquilas protestas en Vernon, no siempre han sido así.

En 2012, tres mujeres afiliadas a PETA se desnudaron  y se envolvieron en plástico en bandejas de carne de tamaño humano. Más tarde ese mismo año, la policía arrestó a dos activistas que se negaron a dejar de bloquear las puertas de la planta.

Nada de eso ha ocurrido durante las vigilias, y eso ha llevado a una convivencia pacífica hasta ahora.

"Durante cualquier manifestación, trabajamos con la policía local y los líderes de la protesta para garantizar la seguridad de los manifestantes, de nuestros empleados, nuestros animales y el público", dijo Smithfield Foods, la empresa que adquirió a Farmer John en 2016. "Debido a estos esfuerzos coordinados, las demostraciones públicas no afectan el proceso de producción de la planta ni nuestra capacidad de servir a nuestros clientes y consumidores".

Las vigilias están organizadas por dos grupos sin fines de lucro, Animal Alliance Network y L.A. Animal Save. Ambos grupos están asociados con el Movimiento Salvemos, una red de activistas que promueven el veganismo y "dan testimonio" fuera de los mataderos de la crueldad innata de la producción de carne.

"Esos animales nunca han sentido lo que es el amor", dijo Emily Dent, que dirige las vigilias de los miércoles por la noche en nombre de Animal Alliance. "Fueron criados en almacenes y probablemente ni siquiera fueron amamantados. Esa poquita de agua que les damos es probablemente el único amor que recibirán en sus vidas".

L.A. Animal Save también tiene vigilias de pollos y vacas dos veces al mes fuera de las plantas de procesamiento en Vernon y Pico Rivera.

"Tenemos 20 minutos para estar con las gallinas", dijo Dent.

Amy Jean Davis, la fundadora de L.A. Animal Save, tiene el mérito de haber iniciado las vigilias de Farmer John. La inspiración surgió en 2015, cuando el capítulo insignia de Save Movement en Toronto invitó a Davis, una ex concursante de "American Idol", a una protesta llamada “salvemos a los cerdos".

"Siempre estuve cerca de los animales de granja", dijo Davis, de Indiana. "Pero nunca los vi en un camión de transporte tan abarrotado como este”.

La directora de Save Movement, Anita Krajnc, a quien un juez canadiense declaró inocente en 2017 de un delito grave por dar agua a los cerdos antes de entrar en un matadero, pidió a Davis que dirigiera un grupo en Los Ángeles. Davis dijo que no estaba lista en ese entonces. Ella se decidió una vez que los intentos de otros de comenzar vigilias en Farmer John fracasaron a finales de 2016.

Era el lugar perfecto para Davis: una compañía bien conocida; una zona urbana de fácil acceso para los manifestantes; y un hedor constante entre amoníaco y chicharrones, como un recordatorio de lo que pasa dentro.

Empezó a ir una al mes. "Pero no me pareció bien", dijo. "Farmer John nunca se detiene". Así que empezó a ir una vez a la semana.

Para Davis, tal activismo va mucho más allá de la vida de los cerdos.

Como la gente en las vigilias le da agua a los cerdos que están a punto de morir, la conexión que sienten con los animales, es instantánea y comprensible.

"Son tres veces más inteligentes que los perros, y nosotros adoramos a los perros", dice Rose Beemer de Calabasas, que asiste a las protestas sólo los fines de semana festivos. "Pero matamos a los cerdos para comerlos".

Las vigilias de los domingos y miércoles son prácticamente idénticas, excepto por la duración: La protesta del domingo dura dos horas; la del miércoles, cuatro. Los organizadores colocan velas eléctricas en la acera, justo fuera de las puertas de la planta, y preparan una mesa para vender camisetas y calcomanías para los autos.

Un grupo de mujeres hacen ramos de margaritas frescas y claveles y los entregan a través de una cerca de alambre donde se estacionan los empleados de Farmer John. A veces, la gente toma fotografías del matadero frente a las paredes de la planta.

Y por supuesto, siempre hay comida vegetariana .

Alrededor de las 7:30 p.m., el organizador principal de la noche habla por el  micrófono y repasa las pocas reglas: Obedece todas las órdenes. Nada de fotos con flash, porque eso asustará más a los cerdos. Mire a ambos lados antes de cruzar la calle.

"Acérquense con calma, con calma", dijo Benperlas durante una vigilia reciente. "Los cerdos sienten tu energía, así que sé amable y demuéstrales  amor. Trata de no estar demasiado triste frente a ellos".

Las rutas de los camiones les son muy familiares: siempre se dirigen hacia el este por la Avenida Vernon después de doblar a la izquierda en la Calle Soto, cerca de un campo de fútbol lejos de las puertas de la planta. El ruido de sus motores diésel  anuncia su llegada.

Alguien grita: "¡Camión!" y los asistentes se preparan rápidamente. Se distribuyen las botellas y llenan las jarras de agua. El líder de esa noche se encuentra en medio de Vernon Avenue; un oficial de la policía dirige a los desconcertados conductores alrededor del camión de carga detenido.

Todos los demás se ocupan de los cerdos.

Farmer John da a los activistas exactamente dos minutos, aproximadamente el tiempo que tardan los conductores en registrarse con el guardia de seguridad de la planta. Pero la espera puede ser más larga, y los activistas aprovechan cada segundo.

"Ver lo sedientos que estaban, me destrozó el corazón", dijo Theodore Diep de Santa Ana. "Al menos pude hacer algo por ellos en las última horas de su vida."

El psicoterapeuta de Malibu, Wayne Johnson, que ha asistido todos los domingos por la noche durante más de un año, caminó con un altavoz portátil que tocaba música relajante como para un spa.

"Aunque no vamos a salvar a un sólo cerdo, lo que podemos ofrecer por unos minutos es decencia básica para un ser vivo".

Eder López de Pomona, ayuda a organizar las vigilias de los miércoles y frecuenta las de los domingos. Intenta ponerse en el lugar de los cerdos.

"Cuando veas que estos camiones entran, imagínate a ti mismo en ellos", dijo. "¿Quieres que alguien te consuele, aunque sólo sean dos minutos?".

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