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LA Times Español

Trump se encontró con Kim Jong Un en la zona desmilitarizada siendo el primer presidente de EEUU en pisar Corea del Norte

TK

El president Donald Trump con Kim Jong Un, líder de Corea del Norte, la zona desmilitarizada de Panmunjom, Corea del Sur. 

(Susan Walsh / AP)

El domingo, el presidente Trump estrechó la mano del líder norcoreano, Kim Jong Un, cuando ambos se reunieron en la zona desmilitarizada que ha dividido la península coreana durante 66 años, en un encuentro improvisado y notable que, al parecer, se materializó en menos de 48 horas.

Su reunión, de 53 minutos, fue más que el “apretón de manos” que Trump había planeado y terminó con el compromiso de ambos de reanudar las conversaciones. Pero ya las imágenes eran históricas: un presidente estadounidense se reunió con Kim, literalmente en su propio terreno.

Kim, quien saludó calurosamente a Trump a través de un intérprete y le hizo saber que estaba a punto de ser el primer mandatario en funciones de Estados Unidos en ingresar a su país, lo llamó “un momento histórico” y “un acto muy valiente y decidido”.

Trump, después de dar 18 pasos en Corea del Norte antes de detenerse y dar la vuelta, afirmó que “cruzar esa línea fue un gran honor”. Sobre su reunión, organizada velozmente, le dijo: “Todo fue muy rápido y quiero agradecerle”.

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Después de un apretón de manos y palabras de elogio entre ellos ante la prensa, Trump y Kim mantuvieron una junta privada dentro de la Casa de la Libertad, en el lado surcoreano.

Con la reunión en el paralelo 38, Trump volvió a demostrar su preferencia por los gestos teatrales y las novedades históricas. También evidenció su continua disposición a dejar de lado las preocupaciones por los derechos humanos que rodean al gobierno de Kim, uno de los más opresivos del mundo.

A pesar de la falta de progreso tangible en cuanto al desarme nuclear por parte de Corea del Norte, Trump continuó con la diplomacia personal, en sus propios términos, con la esperanza de alcanzar un acuerdo histórico.

Aunque su segunda cumbre con Kim, el pasado febrero en Hanoi, finalizó cuando las negociaciones se estancaron, Trump siguió insistiendo en su buena relación con el joven gobernante de Corea del Norte y expresó optimismo sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo para, al menos, reducir las ambiciones nucleares del país.

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El mandatario había hablado incansablemente sobre la posibilidad de un encuentro en la zona desmilitarizada (DMZ, por sus siglas en inglés) en las 24 horas previas a éste; declarando varias veces que “Corea del Norte quiere reunirse” y actualizando constantemente a la prensa sobre cómo progresaban los veloces preparativos.

Luego de un corto trayecto en helicóptero desde Seúl, Trump fue primero a un punto de observación y miró hacia Corea del Norte, como lo han hecho otros cuatro mandatarios.

Consciente de la cámara de televisión que lo seguía, habló a las tropas al frente del punto de observación, fuertemente armado, acerca de cómo su diplomacia había reducido la amenaza de Corea del Norte. “Lo digo para la prensa. No aprecian lo que se está haciendo aquí, para nada”, insistió. “Hubo un gran conflicto aquí antes de nuestra reunión en Singapur”, agregó. “Después de nuestra primera cumbre, todo el peligro desapareció".

Momentos antes de reunirse con Kim, Trump también agradeció a las tropas estadounidenses y surcoreanas desplegadas en la frontera y garabateó su firma familiar en la pared de ladrillos dentro del puesto de EE.UU a lo largo de la DMZ.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, elogió al líder estadounidense por comprometerse con Corea del Norte, y dijo en una conferencia de prensa antes de la reunión que “el presidente Trump es el hacedor de la paz en la península de Corea”. “Sesenta y seis años después del armisticio, Corea del Norte y Estados Unidos se reunirán”, afirmó Moon en la rueda de prensa. “Por primera vez, los líderes estadounidense y norcoreano se enfrentarán cara a cara en Panmunjom, un símbolo de la división, y estrecharán sus manos por la paz”.

Trump describió la planificación de la reunión en términos muy informales. “Ayer pensé: ‘Bueno, estoy aquí, veamos si podemos saludar a Kim Jong Un’”, afirmó en la conferencia de prensa. “Hay una gran cantidad de buenas intenciones”.

Asumiendo el triunfo por su trato con Corea del Norte, Trump afirmó falsamente que Kim se había negado a tener una audiencia con su antecesor, el ex presidente Obama. “La administración Obama les pidió una reunión”, relató. “La pedían constantemente, y Kim Jong Un no quiso reunirse con él”.

En realidad, Kim y su padre, a quien precedió como gobernante de Corea del Norte, buscaron tener un encuentro cara a cara con otros presidentes de Estados Unidos. Todos los mandatarios anteriores, incluido Obama, se negaron a reunirse a menos que Corea del Norte hiciera cambios en sus políticas, especialmente en su dedicación nuclear.

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Trump ha estado dispuesto a reunirse con Kim incluso cuando los norcoreanos continúan desarrollando su arsenal nuclear y misiles de prueba, aunque pusieron un alto a las pruebas con misiles de largo alcance, que potencialmente podrían alcanzar el territorio estadounidense.

El mandatario de EE.UU describió la diplomacia con Corea del Norte como resultado de su enfoque único de la política exterior, centrado en la personalidad, y con base en la amistad que ha establecido con Kim. “Por alguna razón, tenemos cierta química”, expresó Trump.

Pese a esa afirmación, existe una gran diferencia entre EE.UU y Corea del Norte sobre cómo sería un acuerdo nuclear. En Hanoi, Kim ofreció cerrar el complejo nuclear primario de Corea del Norte, pero se negó a discutir el resto de su arsenal nuclear y de misiles. A cambio, pidió un alivio a gran escala de las sanciones económicas.

Los funcionarios estadounidenses han señalado que Corea del Norte debe poner todos los detalles de su programa nuclear sobre la mesa, y que las sanciones sólo se eliminarán después de la desnuclearización.

Desde Hanoi, no ha habido conversaciones para resolver los desacuerdos y explorar un término medio.

En su propaganda estatal, Corea del Norte ha vuelto cada vez más a la retórica belicosa, culpando a EE.UU por la ruptura del diálogo. Sin embargo, se abstuvo de criticar a Trump, dirigiendo en cambio las desaprobaciones hacia otros funcionarios, como el secretario de Estado, Michael R. Pompeo.

Cuando se le preguntó en la conferencia de prensa qué había hecho Kim para merecer una tercera reunión cara a cara, Trump no respondió, pero afirmó que el encuentro del domingo podría allanar el camino para una próxima cumbre completa entre los dos. “Es sólo un paso, podría ser uno importante, o podría no serlo”, consideró. “En cuanto a otra reunión, veamos qué sucede hoy, antes de comenzar a pensar en eso”.

A pesar de su voluntad de comprometerse con líderes autocráticos sin condiciones, Trump insistió en que no está demasiado ansioso por llegar a un acuerdo final. “No tengo prisa”, dijo. “No tengo ningún apuro con Irán. Nunca lo tengo. Si tienes apremio, te metes en problemas”.

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El primer indicio público de que los dos líderes podían reunirse se produjo cuando el presidente tuiteó el sábado que esperaba ver a Kim al visitar la DMZ, una parte de su itinerario sobre la cual había amplias especulaciones pero que la Casa Blanca había mantenido en secreto por razones de seguridad, hasta que el presidente lo confirmó públicamente.

Horas más tarde, dijo a los reporteros en una conferencia de prensa en Osaka, Japón, que Corea del Norte había respondido rápidamente para expresar la apertura de Kim a la reunión, un tanto improvisada.

“Él sigue mi twitter”, afirmó Trump, acerca de Kim.

“Ambos tenemos una muy buena relación”, había dicho el primer mandatario más temprano ese mismo día, repitiendo su creencia de que EE.UU y Corea del Norte estarían en guerra si él no hubiera sido elegido presidente, algo que ya había señalado el día anterior. “Realmente soy lo opuesto a un belicista”, remarcó Trump.

Moon respaldó la reunión con Kim al comienzo de su propio encuentro con Trump, aquí, el domingo por la tarde.

Un apretón de manos a través de la frontera que ha separado a Corea del Norte y del Sur desde el armisticio de 1953, que puso fin a la guerra de Corea, sería una imagen inmensamente poderosa, consideró. “Creo que esa imagen en sí misma representaría un evento histórico, y este será un hito importante en el proceso de paz en la península de Corea”, aseveró Moon, al principio de su reunión con Trump.

Moon conversó con el mandatario de EE.UU el sábado, en la cena, sobre lo que describió como la decisión de Kim de desnuclearizarse, y habló positivamente del líder norcoreano, afirmó el portavoz de Moon a los reporteros locales. Trump también se refirió en términos amistosos sobre Kim, expuso el vocero.

Moon y Kim celebraron una cumbre en abril del año pasado, en la DMZ en el pueblo de Panmunjom, donde se firmó el armisticio. Los dos se dieron la mano inicialmente a ambos lados de una barrera de concreto, luego Moon invitó a Kim a cruzar la frontera hacia Corea del Sur, y Moon entró a Corea del Norte, sosteniendo la mano de Kim.

El sábado, Trump reveló que estaba dispuesto a ingresar a Corea del Norte en caso de ser invitado. “Será muy corto, pero estará bien”, agregó. “Un apretón de manos significa mucho”.

 

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