Termina ‘Game of Thrones’, sin embargo, el respeto por la fantasía no debería acabar

‘Game of Thrones’ terminará, sin embargo, el respeto por la fantasía no debería acabar

Mientras “Game of Thrones” se prepara para terminar, habrá un ajuste de cuentas, de los muertos y de los vivos, de las armas que portaban y de los colores que usaban, de alianzas rotas, traicionadas y forjadas. Habrá catálogos de criaturas mágicas, de personajes con poderes especiales, de palabras proféticas y maldiciones, árboles sagrados y escrituras antiguas, una lista de casas, signos y palabras (sin mencionar las galletas Oreos que los representan).

Dentro de la historia y entre su público, estas cosas serán estudiadas y repetidas, tópicos de conocimiento, anticipación, seguridad. Cuando haya acabado la historia, discutiremos sobre el significado, la justicia y el destino, sobre quién fue el más valiente, el más vil, el más amado y la figura más trágica de la historia.

Pero con un poco de suerte, no olvidaremos que “Game of Thrones” es una fantasía, que así es como se ve la fantasía y lo que hace la fantasía. Con un poco de suerte, no volveremos al maldito principio en el que las epopeyas emergentes son descartadas como “espadas y brujería” y cualquier historia que contenga un mago o un árbol parlante es considerada instantáneamente menos significativa que, digamos, un drama de época más sobre la monarquía británica u otra serie documental espeluznante sobre el crimen real.

Pero probablemente sí lo haremos porque a Hollywood le gusta olvidar cosas que ya conoce, como ¡las mujeres son graciosas! ¡los protagonistas no blancos sí venden entradas! ¡al público le gustan los musicales! y la fantasía está fuera de lugar la mayor parte de las veces.

Los fanáticos de la fantasía han estado peleando esta batalla durante años. Parece que fue ayer cuando dijeron que New Line se derrumbaría cuando sólo unos pocos fans de Tolkien se presentaron para ver “The Fellowship of the Ring”, o que a las películas de “Harry Potter” les iría bien, pero que no serían películas importantes, como a la inevitable serie de películas biográficas y dramas melancólicos sobre hombres ambivalentes presentadas en la temporada de los Oscar. (Una opinión extraña, compartida desafortunadamente, por la academia de cine, que dio a la franquicia de ocho partes de “Harry Potter” exactamente cero nominaciones al Oscar).

Estas dos franquicias no sólo prosperaron, sino que también sacaron la fantasía del pozo seco cinematográfico, haciendo posible la existencia de “Game of Thrones” y de una nueva generación de fantasías televisivas. Pero cualquier historia en la que la magia no se defina como un súper poder debe luchar para ser tomada en serio. Puede parecer que “Game of Thrones”  ha gobernado por siempre, pero al principio, sólo unos pocos de nosotros vimos el éxito que tendría, otros sólo vieron las espadas y la hechicería.

Incluso el ganador del Premio Nobel, Kazuo Ishiguro, no pudo evitar la ira del New Yorker por la “cadena de correo artúrico” de “The Buried Giant”; otras publicaciones simplemente pidieron a otros escritores de fantasía que dieran una reseña del libro, que está ambientado en una Inglaterra antigua mítica, como si el idioma fuera comprensible sólo para aquellos que lo hablaban, como si la fantasía no fuera la forma más antigua de contar historias.

“Que sigamos apartándolo como un subgénero es extraño y perverso”, dice Lev Grossman, autor de la trilogía “The Magicians”. “La literatura se basa en la fantasía; la obsesión occidental por el realismo no comenzó hasta el siglo XVIII. Todo lo que había antes eran dioses, monstruos, brujas y fantasmas”.

Grossman, que reseñó “The Buried Giant” para Time, es un antiguo crítico de libros y escritor de tecnología; también está trabajando en una nueva narración de la historia de Arturo, en parte porque quiere ver cómo se sostiene lo que puede ser el cuento de fantasía más conocido, ya que el género ha cambiado en su lucha por sobrevivir.

“Ahora la gente quiere que la fantasía se rija por las reglas del mundo real”, dice. “Escucho muchas peticiones de ‘fantasía fundamentada’, que usa las herramientas del realismo”.

Pero mientras que la fantasía requiere inmersión, o construcción del mundo, nunca se ha tratado de escapar, al menos no en el sentido más amplio de la palabra. Así como la ciencia ficción nos da una forma de expresar la ansiedad por la creciente dependencia de la tecnología, las epopeyas fantásticas se ocupan, pues, de preocupaciones épicas: el destino y la fe, el poder y el progreso, el sacrificio y la traición, la importancia de lo individual y lo colectivo.

“La fantasía puede decir que las metáforas son reales y hay que lidiar con ellas”, dice John Clute, coeditor de “The Encyclopedia of Fantasy” y “The Encyclopedia of Science Fiction”. “El bien, el mal, Dios, el Armagedón, los ritos de paso. Nos encantan las espadas porque podemos imaginarnos empuñándolas, va de la mano; tu destino coincide con lo que puedes ver”.

Para algunos, el universo Marvel llena la necesidad de la epopeya, pero las historias de superhéroes no son verdaderas fantasías; dependen demasiado de los artilugios y no tratan temas suficientemente amplios.

“Los dramas de superhéroes cubren las premisas de la ciencia ficción en tramas de fantasía”, dice Clute, “pero están tan sobrecargados de deseos de cumplimiento para los niños que es difícil pensar en ello”.

En la fantasía, la magia puede existir, pero es parte del mundo natural; la tecnología, con todas sus posibilidades de viajar por el espacio y de obtener poder, no sólo está fuera de lugar, sino que es el contrapunto.

En un hermoso giro del destino o justicia poética, el tan esperado filme biográfico “Tolkien” se estrena menos de un mes después de que termine “Game of Thrones”.  Centrándose en los primeros años de vida de J.R.R., “Tolkien” ilumina las fuerzas reales, la pérdida temprana, el amor frustrado, la amistad poderosa y el horror de la Primera Guerra Mundial, que se convirtieron en la base de una de las mayores fantasías de la literatura. Tolkien, un erudito del inglés antiguo y medio, entendió el poder del mito y quiso crear uno que superara la historia de Arturo.

La necesidad de comprender las realidades esenciales de dos guerras mundiales y una revolución industrial alimenta a “The Lord of the Rings” mucho más que el deseo de escapar a una tierra de elfos y Ents. Impregnado de elementos de fantasía, “Tolkien” es una crónica silenciosa y heroica de cómo y por qué sucedió esto.

“Tolkien y [C.S.] Lewis fueron perseguidos por la revolución industrial”, dice Grossman, “y usaron la fantasía para llorar lo que habían perdido”.

“Gran parte de la fantasía consiste en reconectarse con la naturaleza, con la gente de una manera real”, añade. “Sin impedimentos tecnológicos, los personajes están muy presentes en su mundo, entienden cómo funciona, se tratan cara a cara y no temen a las grandes emociones”.

Y esa puede ser la verdadera razón por la que la fantasía lucha por ser tomada en serio en Hollywood, porque se toma en serio las emociones. La fantasía no se trata de sarcasmo, se trata de sinceridad, el amor, el honor, la amistad y la venganza, la naturaleza corruptora del poder, el significado de los pequeños actos de misericordia. En la fantasía, la historia importa, los juramentos no deben hacerse a la ligera, los errores tienen consecuencias y la ayuda a menudo proviene de la fuente menos probable.

En otras palabras, un drama humano. Los dragones y los lobos huárgos sólo lo hacen un poco más divertido.

 

‘Game of Thrones’

Dónde: HBO

Cuándo: 14 de abril a las 9 p.m.

Clasificación: TV-MA (puede ser inapropiado para niños menores de 14 años).

 

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