En la primera cita huyó de mí

En la primera cita huyó de mí

Incluso cuando deslicé el dedo hacia la derecha sobre su imagen en Tinder, pensé, esto no puede ser real... pero ¿y qué tal que si...? Me refiero a abdominales en las que podrías rebotar monedas durante días. (Por otro lado, en su perfil decía que estaba buscando a su “alma gemela”. ¡¿En serio?! aún así, no estaba buscando casarme con él, simplemente pasar un buen rato).

Hicimos el habitual intercambio de conversaciones de Tinder y luego pasamos a enviar mensajes de texto y conectarnos en Instagram. Me mantuve a cierta distancia al principio. Se veía demasiado bien y me dijo que su profesión era bailarín y modelo ocasional. ¿Podría ser una estafa? ¿Alguna situación de engaño? ¿Una trampa para seguirme a casa y asesinarme? Tal vez tenerme como rehén en un sótano al estilo “Silencio de los Inocentes”.

Esto no puede ser real, ¿verdad? ...pero, ¿y qué tal que si...?

Intentamos sin éxito reunirnos varias veces, pero el momento nunca nos pareció el adecuado, a pesar de que vivíamos cerca el uno del otro en Los Ángeles. Pasaron unos días y los mensajes de texto continuaron. Fue un martes por la mañana cuando nuestra conversación pasó a discutir los planes de la tarde y mencioné que me dirigía a Runyon Canyon para una caminata por la tarde. Se invitó a sí mismo a acompañarme. Luego, sugirió una alternativa: una visita al gimnasio para hacer ejercicio y una sesión de bronceado. (¡¿En serio, quién quiere ir al gimnasio y broncearse para una primera cita?! Por lo menos una caminata te da tiempo para hablar en la belleza escénica natural). Le dije que seguiría con mis planes de excursión. Aceptó venir conmigo.

Así que esto realmente iba a pasar.

Cuando lo vi caminando hacia la entrada de la Avenida Fuller, me sorprendí. Era exactamente igual a sus fotos. Oh, bien por ti, pensé.

Intercambiamos abrazos y saludos y empezamos a caminar hacia el sendero. Hice todo lo posible para participar en la típica charla de una primera cita, lo cual es muy incómodo en este mundo en el que pasas todo este tiempo enviando mensajes de texto a un extraño, que nunca has visto, con información personal sobre ti mismo. Me cuenta que en realidad está teniendo un mal día porque lo acaban de despedir de su trabajo. La conversación entonces se convirtió en su monólogo sobre por qué prefiere un gimnasio de franquicia en lugar de otro, principalmente porque afirma que demasiados hombres le han echado un vistazo en el vestuario del gimnasio. Una conversación fascinante.

A medida que nos acercamos al inicio del sendero, sugiere que “añadamos un poco de alta intensidad para mantenerlo divertido”. A pesar de mi falta de atletismo, sonrío y acepto “subir un poco el nivel”. Él decide que correremos durante dos minutos y caminaremos durante un minuto y luego repetiremos. No estoy completamente preparada para esto, pero sonrío alegremente y digo que haré todo lo posible por no quedarme atrás.

Corremos durante dos minutos y yo sigo su ritmo.

Tal vez esto no sea tan malo, tal vez pueda hacer esto.

Cambiamos a caminar y continuamos con la charla ligera.

Entonces es hora de volver a correr, pero esta vez si hizo efecto: No puedo hacer esto, estoy jadeando más fuerte que un mastín en un caluroso día de verano. No puedo soportarlo más y me detengo. Encorvada, desesperada por respirar, puedo ver que él está bastante adelantado. Se da la vuelta y ve que me he detenido. Trato de señalar de alguna manera que trataré de alcanzarlo, sigo subiendo la colina lentamente, pensando que en cualquier momento podré empezar a correr de nuevo.

Cuando levanto la vista para buscarlo en el sendero, puedo ver que todavía va a toda máquina y que con cada minuto se va alejando más y más, simplemente él sigue avanzando.

Llego a la cima y él no está allí.

Me dirijo hacia abajo por las escaleras del sendero este, que por lo general ralentiza a la gente y ofrece bancos en varios puntos, pero él tampoco está allí. Llego al final del sendero y a la entrada de la calle, y aún no hay rastro de él.

Se había ido.

El hombre literalmente huyó de mí. Sí, esto sucedió realmente. Salió corriendo durante la primera cita sin previo aviso ni excusa.

Sé que debería haberme enojado, pero todo lo que podía hacer era reír. Ni siquiera envió un mensaje para explicarme lo que había sucedido. Simplemente se había ido. Huyó sin ninguna explicación o consideración de cómo me sentiría. (En retrospectiva, creo que no estaba lo suficientemente en forma para él y eso no le gustó. En lugar de manejarlo con madurez y decir: “No creo que seamos el uno para el otro”, o de buscar una excusa para acortar la cita, él sólo vio la oportunidad de fugarse, así que lo hizo). Eso me pareció tan histérico de su parte que no me sentí avergonzada. Realmente no lo podía creer. ¿Quién hace eso?

De ahí en adelante fue conocido como Running Man (Corredor) entre mis amigas.

Un par de semanas después, mientras paseaba por Santa Mónica Boulevard y mi nuevo novio iba conduciendo, llegamos a un semáforo, miré por la ventana del lado del pasajero y exclamé a mi novio, quien obvio, no tenía ni idea de lo que estaba hablando: “Ese es Running Man”, Dios mío, ahí está”.

Y allí estaba él, en un cartel publicitario de unos ocho pies de altura,  frente a una tienda.

Era un anuncio dirigido a aquellos que sufren de baja testosterona, baja energía y bajo deseo sexual.

 

La autora es una líder sin fines de lucro enfocada en el empoderamiento de la mujer y está en Instagram @theycallmestiles.

 

 

 

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