Las muertes por sobredosis de fentanilo alcanzaron un nuevo récord en 2017

En 2017 las muertes por sobredosis de fentanilo alcanzaron un nuevo récord -alrededor de 200 por día-

Las muertes por sobredosis de drogas superaron los 72,000 en 2017, según información publicada recientemente por los Centros nacionales para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Eso representa un aumento de más de 6,000 muertes, o 9.5%, sobre el 2016.

Esa asombrosa suma equivale a alrededor de 200 muertes por sobredosis de drogas cada día o una cada ocho minutos. El incremento fue impulsado principalmente por un continuo aumento en las muertes que involucran opioides sintéticos, una categoría que incluye el fentanilo. Hubo casi 30,000 muertes relacionadas con esas drogas en 2017, según los datos preliminares, un incremento de más de 9,000 respecto del año anterior.

Las muertes relacionadas con la cocaína también se dispararon significativamente, poniendo el estimulante a la par con drogas como la heroína y la categoría de los opiáceos naturales que incluye analgésicos como la oxicodona y la hidrocodona. Una buena noticia es que las muertes que involucran a estas últimas dos categorías de drogas parecen haberse estabilizado, lo que sugiere la posibilidad de que la mortalidad de los opiáceos esté en su punto máximo o muy cerca.

Los CDC advierten que estas cifras son estimaciones tempranas basadas en los registros mensuales de defunción procesados por la agencia. Los CDC ajustan estas cifras para corregir el subregistro, ya que algunas muertes registradas aún están pendientes de una investigación completa. Las cifras de mortalidad finales generalmente se publican al final del siguiente año calendario.

Los CDC actualizan estos números provisionales mensualmente. La reciente inclusión de diciembre de 2017 significa que ahora está disponible por primera vez una visión completa, aunque temprana, de la mortalidad por sobredosis de 2017.

Geográficamente, las muertes se distribuyen de manera similar a cómo han sido en años anteriores, con partes de Appalachia y Nueva Inglaterra mostrando las tasas de mortalidad más altas. Una vez más, las tasas más altas se observaron en Virginia Occidental, con 58.7 muertes por sobredosis por cada 100,000 residentes. Washington, D.C. (50.4), Pensilvania (44.1), Ohio (44.0) y Maryland (37.9) completaron los cinco primeros lugares.

 

En el otro extremo del espectro, los estados de las llanuras tuvieron algunas de las tasas de mortalidad más bajas. Nebraska tuvo la menor cantidad con 8.2 muertes por cada 100,000 residentes, una tasa menos de un séptimo de la tasa en Virginia Occidental.

A pesar del incremento en todo el país, los datos preliminares de los CDC también muestran que varios estados, incluidos Dakota del Norte y Wyoming, vieron caer sus tasas de sobredosis en relación con el año anterior. Particularmente significativas fueron las disminuciones observadas en Vermont y Massachusetts, dos estados con tasas relativamente altas de mortalidad por sobredosis.

Más allá de eso, los datos mes a mes arrojan algunas buenas noticias: a nivel nacional, las muertes por opioides se han estabilizado e incluso disminuido levemente en los últimos meses, desde un máximo estimado de 49,552 muertes en el período de 12 meses que finalizó en septiembre de 2017, hasta 48,612 en el período finalizado en enero de 2018. Si bien es demasiado pronto para decir si esa tendencia continuará, esas cifras son algo alentadoras.

Una preocupación principal entre los expertos en abuso de sustancias es la ubicuidad actual del fentanilo, un opioide sintético que es aproximadamente 50 veces más potente que la heroína. Debido a que es barato y relativamente fácil de hacer, a menudo se mezcla con otras drogas como la heroína y la cocaína.

Los legisladores han tenido dificultades para encontrar una respuesta adecuada a la crisis de opiáceos. Las muertes por sobredosis inicialmente se dispararon durante la administración de Obama, que fue criticada por los expertos por su lentitud para responder al problema.

En 2017, la administración de Trump declaró que la epidemia era una “emergencia de salud pública”, pero no asignó nuevos fondos a los estados para abordar el problema. Patrick Kennedy, miembro del grupo de trabajo que la administración convocó para enfrentar la epidemia, criticó al presidente Trump como “pura labia y nada de seguimiento” sobre los opiáceos a fines del 2017.

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