El próximo Estado de la Unión de Trump: no ajuste su televisor

El próximo Estado de la Unión de Trump: no ajuste su televisor

Los cínicos a menudo rechazan el discurso anual llamado el Estado de la Unión, al cual consideran un ritual inútil. Se equivocan.

Las palabras, por cierto, son olvidables a menudo. Pero el evento en sí —el espectáculo lleno de pompa, el aplauso partidista y los silencios igualmente partidistas, las reacciones inéditas de los jueces de la Corte Suprema y los miembros del Congreso— siempre merece ser visto.

Y el martes 5 de febrero, cuando el presidente Trump se dirija ante una sesión conjunta del Congreso y el pueblo de la nación desde la Cámara, su tono será especialmente importante porque se planteará ante una nueva experiencia: un gobierno dividido, con la Cámara de Representantes controlada por los demócratas y liderada por Nancy Pelosi.

Pelosi estará detrás del presidente, empuñando un martillo y la satisfacción de haberlo superado en un brutal enfrentamiento de 35 días, durante el cierre del gobierno. Solo eso hará que valga la pena mirarlo.

¿Reconocerá incluso la pérdida de 40 escaños en la Cámara de Representantes, en noviembre pasado, en la peor derrota de su partido desde el Watergate?

Después de ese tipo de pérdidas, la mayoría de los presidentes ofrecen al menos una muestra de humildad. George W. Bush lo hizo en 2007, cuando reconoció la elección de Pelosi como la primera presidenta de la Cámara. Barack Obama lo hizo en 2011, cuando reconoció tristemente la reprimenda del electorado.

Trump nunca admite una derrota. Aún insiste en que el partido republicano ganó la campaña del 2018, al igual que afirma que no se rindió en la pelea por el cierre. Sus asistentes sostienen que podría decir algo bueno sobre Pelosi, sin embargo.

Entonces, ¿se verá a un Trump amable o enojado? ¿Inspirador o mezquino? ¿Conciliador o confrontativo?

Alerta: es posible que suene sorprendentemente muy poco parecido al presidente irascible y egocéntrico, que dispara insultos y diatribas en sus tuits seriales. Será una versión de Trump con teleprompter, no de Trump en Twitter.

Algo extraño le sucede al presidente a la hora del pronunciar el Estado de la Unión: durante una noche, para un gran discurso, abandona su estilo habitual de política ruda y convoca la naturaleza de los mejores ángeles de sus escritores de discursos.

En 2018, Trump le aseguró al Congreso que no había más que cielos azules por delante; un "nuevo momento para EE.UU.", citando su memorable frase.

También ocurrió en su discurso en el Congreso en 2017, cuando su apelación al patriotismo llevó a un experto de CNN a declarar: "se convirtió en presidente de Estados Unidos en ese preciso momento".

Y también ocurrirá esta vez, si creemos en el presidente y sus ayudantes. El tema central, adelantó Trump a los reporteros, será la "unidad". Un asistente de la Casa Blanca leyó trozos de un borrador inicial: Juntos podemos romper décadas de estancamiento político... salvar antiguas divisiones [y] curar viejas heridas.

Teniendo en cuenta los temas pendientes de la política estadounidense desde aproximadamente 1968, eso habría que verlo. De alguna manera, Trump parece un vehículo improbable para salvar las divisiones y lograr la reconciliación nacional.

Pero aquí hay una explicación no sentimental para las excursiones anuales del presidente hacia la conciliación retórica y el bipartidismo. No es por la majestad del momento; se trata de una estrategia política inteligente.

"Hay una amplia preocupación entre los votantes sobre el nivel de división en el país", confió el encuestador republicano David Winston. "Si escuchas a los votantes en el medio, ambas partes salieron perdiendo con el cierre", agregó. "El Estado de la Unión es una oportunidad para que el presidente aborde esa preocupación y defina lo que importa".

En ese sentido, el discurso ayudará a Trump a comenzar su campaña de reelección para 2020.

Además de las cuestiones felices acerca de los unicornios y la unidad del país, alardeará sobre las estadísticas fuertes del trabajo y otros números económicos optimistas. Afirmará que hizo revivir los empleos de fabricación en los estados del cinturón industrial, que sellaron su elección en 2016 y que podrían determinar la próxima postulación. Cualquier presidente haría lo mismo.

También continuará con la tradición y expondrá una larga lista de propuestas que desea que el Congreso apruebe.

Entre ellas, incluirá el dinero para el muro fronterizo sur, leyes de inmigración más estrictas, fondos para reconstruir puentes desmoronados y otras infraestructuras críticas, una ley para reformar el precio de los medicamentos y más.

Pero todas esas prioridades estaban en la lista de Trump en 2018, cuando los republicanos controlaban ambas cámaras del Congreso, y ninguna de ellas fue aprobada.

Mientras se calientan los motores de la carrera para reemplazar a Trump, los demócratas —y el presidente también, por cierto— tienen pocos incentivos para hacer grandes compromisos. Por lo tanto, sus inclinaciones hacia el bipartidismo serán aún más simbólicas de lo habitual.

Entonces, cuando Trump hable, los canales de televisión podrían considerar incluir un mensaje en la pantalla: No ajuste su televisor. El presidente volverá pronto a su programación regular.

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