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LA Times Español

De desamparada a fundadora de Backstage Capital, una ‘incubadora’ para emprendedores ignorados

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Arlan Hamilton, fundadora y socia administrativa de Backstage Capital, habla en el Girlboss Rally, en 2018 en Los Ángeles. (Rich Fury / Getty Images para Girlboss a través de Backstage Capital)

(Los Angeles Times)

Arlan Hamilton quiere el pastel completo, no las migajas. Esta mujer de 38 años fundó Backstage Capital, un fondo de inversión de etapa inicial, porque vio que las emprendedoras mujeres, las personas de color y los miembros de la comunidad LGBTQ ya recibieron las migajas durante mucho tiempo.

Desde que Hamilton, quien es negra y parte de la comunidad LGBTQ, fundó Backstage Capital, en 2015, el fondo invirtió $5 millones en más de 100 empresas nuevas encabezadas por fundadores con poca representación. La firma, que tiene su sede en Los Ángeles cuenta con unos 30 empleados y administra programas de aceleración en Detroit, Filadelfia y Londres.

 

Agitar las aguas

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Hamilton quería que una banda que le gustaba saliera de gira, así que se acercó al grupo de punk pop noruego cuando tenía 21 años, y les preguntó si podía organizar el tour ella misma. Todos se pusieron de acuerdo y, con el tiempo, llegó a gestionar giras a nivel de grandes estadios para artistas como Jason Derulo, Toni Braxton y Kirk Franklin, como coordinadora de producción y manager del tour.

En 2010, Hamilton notó que las celebridades, incluidas Ellen DeGeneres y Ashton Kutcher, estaban invirtiendo en empresas nuevas. Eso despertó su interés justo cuando ella quería fundar su propia compañía. Cuanto más aprendía, más notaba que los emprendedores latinos y negros estaban poco representados, eran pasados ​​por alto y subvalorados. Allí fue cuando Hamilton supo que podía seguir trabajando en su propia compañía, o que podría recaudar dinero para otras empresas y tener un mayor impacto al desafiar la diversidad sin disculpas y las brechas de capital en el sector de la financiación inicial.

“Definitivamente hay personas que allanaron el camino para lo que hago. Pero creo que algunos tenían un poco de miedo de agitar las aguas, porque les había costado mucho ingresar. Yo ya estaba agitando la marea cuando entré”, afirmó Hamilton.

Un ingreso a la fuerza

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Así como como ella había aprendido antes a vender giras musicales, se preparó para saber cómo iniciar un fondo de capital de riesgo por medios completamente diferentes. No tenía un título universitario ni frecuentaba círculos de ricos donde normalmente nacen los capitales emprendedores.

Además, cuando comenzó a proponerle la idea de Backstage Capital a los inversores, Hamilton estaba sin hogar. “Me reunía cara a cara con personas que tenían una cantidad ilimitada de dinero, que podían comer y cenar con sus socios, asistir a eventos lujosos y grandes producciones”, recordó. “Yo llegaba con mi mochila; iba a conferencias y conocía gente, dormía en autos, hacía todo lo posible para reunirme frente a frente con ellos porque quería jugar en equipo”.

Hamilton necesitó sutileza para funcionar durante este tiempo de su vida. “Iba a casa, y mi casa era el aeropuerto o el hotel, el sofá de alguien o un Airbnb para el que había juntado dinero. Y eso no sólo le ocurre a personas que inician fondos”, expuso. “No le recomiendo a nadie hacer eso, pero yo sentía que me estaba abriendo camino en una categoría diferente, así que tuve hacerlo. No había otra forma de ser pionera”.

Construyendo privilegios

El valor que fue necesario para construir su fondo desde cero es una de las formas en que Hamilton -ahora socia administrativa de la firma- se conecta y apoya a los fundadores de compañías en la cartera de Backstage Capital. El 80% de los emprendedores apoyados por Backstage Capital han impulsado, o autofinanciado, sus negocios, detalló.

“Lo llamo privilegio aumentado”, dijo Hamilton. “Tengo puesto el traje de Iron Man, y voy caminando por la vida. Pero en realidad es todo lo que construí para mí. Y así trato de darle ese mismo traje de Iron Man y el privilegio aumentado a los demás”.

Inversión necesaria

Según el Ewing Marion Kauffman Foundation -que se enfoca en temas de educación y espíritu empresarial-, en 2016 menos del 2% de la financiación inicial fue destinada a fundadoras, y sólo el 1% a emprendedores negros y latinos. Backstage Capital reportó que las mujeres, las personas de color y los emprendedores LGBTQ reciben menos del 10% de todas las ofertas de capital de riesgo.

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“Cada vez que miro un artículo de TechCrunch o Axios que dice que el ecosistema está repleto de capital, con capital de riesgo, que hay una burbuja, pienso ¿dónde?”, reflexionó Hamilton. “Porque nosotros no lo vemos”.

Construir una red

“Sabemos que estos emprendedores serán los líderes del mañana. Pero en este momento, nuestra realidad es que estamos recuperándonos de décadas y siglos de bloqueo institucional”, prosiguió Hamilton. “Así que nos preguntamos qué tenemos en nuestro poder para inclinar la balanza un poco más a nuestro favor”.

Parte de inclinar esa balanza incluyó el lanzamiento, en marzo pasado, de Backstage Accelerator, un programa de tres meses para 25 empresas, que ofrece una inversión de $100.000, tutoría y un espacio de trabajo a cambio de un 5% del capital. “Los hombres blancos han contado con aceleradores por una década, nosotros no. Hemos tenido algunas, sin duda, pero no hemos tenido la oportunidad de alcanzar el mismo tipo de competencia y misión diferente [centrada en el capital]”, indicó.

Hamilton ve progreso en la competencia porque, si hay más fondos con modelos de financiamiento inclusivos además de Backstage Capital, eso significa que existen más fondos para fundadores subrepresentados y subestimados. “Soy competitiva, quiero ganar millones de dólares.

Pero, nuevamente, estamos empezando desde cero, como personas subestimadas en este campo. Entonces, si todos nos retenemos de empezar, vamos a perder. Vamos a perder porque hay demasiados jugadores poderosos circulando”, indicó. “No hace falta que el ganador se quede con todo”.

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Fundadores de empresas emergentes de la cartera de Backstage Capital posan para una foto grupal en South by Southwest, en 2018. (Backstage Capital)

(Los Angeles Times)

Prosperar más allá de Silicon Valley

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Para Hamilton, originaria de Dallas, este enfoque matizado contrasta con algunos de los acuerdos “de fraternidades”, hechos a puerta cerrada en Silicon Valley. Según ella, tener una sede fuera de Silicon Valley es liberador, y considera a L.A como uno de los ejemplos más “grandes” de cómo prospera la diversidad en la tecnología.

“El talento aquí es muy diverso, y no me refiero sólo a negros y latinos, me refiero a que todos trabajan juntos. También somos una de las ciudades de más rápido crecimiento en lo que respecta al ecosistema tecnológico”, precisó. “Cuando vamos a otros lugares y nos preguntan: '¿cuál sería un buen ejemplo de lo que creen que está funcionando?’ nosotros respondemos ‘L.A. Miren lo que está haciendo L.A’”.

 

Saber por qué se lucha

“Yo hablaba con emprendedores antes de reunir un centavo porque necesitaba entender sus necesidades. Ellos son los clientes y la pieza más importante del rompecabezas”, consideró Hamilton. “Uno va a encontrar todo tipo de problemas, todo tipo de personas, todo tipo de desafíos a medida que crece. Por lo tanto, debe estar 100% comprometido, con un 100% de convicción en lo que está haciendo”.

Ese compromiso ayudará a alejar las distracciones, consideró Hamilton, y a mantener la misión en primer plano. “Tengo que seguir haciendo esto hasta que ya no estemos subestimados o subrepresentados. Ese es el claro objetivo final”, aseguró.

 

 Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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