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Una serie de delitos violentos y azarosos que dejaron una estela de caos y dolor en Los Ángeles

Cristina Werntz (al centro), con sus hijos Weston (izq.) y Jason (der.) y su nuera, Jeana, en su casa de Burbank, el lunes 11 de enero de 2016 (Christina House / Los Angeles Times).

Cristina Werntz (al centro), con sus hijos Weston (izq.) y Jason (der.) y su nuera, Jeana, en su casa de Burbank, el lunes 11 de enero de 2016 (Christina House / Los Angeles Times).

Bheri Werntz y su familia dormían cuando el Volkswagen Jetta color plata se deslizó en su entrada para el auto, con la música electrónica sonando tan fuerte que los despertó de inmediato.

Werntz se asomó para ver qué había ocurrido. Al no reconocer ni al coche ni a su conductor, el dueño de casa, de 67 años de edad, salió de su casa, llamó a la ventana del Jetta y pidió al hombre que baje la música. Sin decir una palabra, el calmado conductor le apuntó con un arma de fuego.

Cuando escuchó disparos, uno de los hijos de Werntz corrió hacia su padre herido. Weston Werntz dijo que pudo mirar a los ojos al atacante, antes de que el Jetta huyera a toda velocidad. “Estaba sonriendo”, asegura Weston. “Un engreído, con una enorme sonrisa”.

El ataque, perpetrado el 9 de diciembre de 2015, dejó a Bheri Werntz gravemente herido y fue parte de una serie de tiroteos, atracos, robos de vehículos y al menos un asesinato cometidos durante un mes, que las autoridades en todo el condado de Los Ángeles atribuyeron a Artyom Gasparyan, un hombre de 32 años de edad con extensos antecedentes penales. La policía lanzó en ese momento una búsqueda contrarreloj, que terminó cuando los detectives dispararon e hirieron al atacante, luego de una persecución a contramano por la Autopista 5, a comienzos de enero pasado.

Desde entonces, las autoridades han ampliado su investigación de Gasparyan y lo han vinculado con al menos otro caso de homicidio, según documentos judiciales. Estas pruebas mostraron que las autoridades perdieron numerosas oportunidades anteriores de mantenerlo tras las rejas, antes de su sangriento diciembre.

En una ciudad que no es ajena a los delitos violentos, la policía señaló que Gasparyan se destacó por la naturaleza descarada brutal de sus ataques. La mayoría de sus víctimas fueron personas que “simplemente estaban en el sitio y momento equivocado”, afirmó el capitán Billy Hayes, quien lidera el equipo de detectives del LAPD encargado de su captura.

Un momento definitivo, señaló Hayes, ocurrió cuando la policía persiguió a Gasparyan y a su presunto cómplice por el barrio de Harbor Gateway, en Los Ángeles. El secuaz, Daniel Ramirez, de 25 años de edad, saltó del vehículo y disparó a otro automovilista antes de robarle la camioneta. Gasparyan logró huir.

Abrir fuego contra alguien delante de la policía, afirmó Hayes, remarcó el “total desprecio por la gente” que este par mostraba. Los oficiales temieron que la violencia se intensificara mientras Gasparyan seguía suelto. “Por eso era tan importante atraparlo”, remarcó Hayes, “porque podía causar estragos en la comunidad”.

Gasparyan se declaró inocente en mayo último, de más de dos docenas de cargos. Su defensor público se negó a hacer comentarios. Los antecedentes penales del hombre datan de cuando tenía 16 años, y la lista está salpicada de robos y condenas por drogas, junto con varias violaciones de tránsito. Las autoridades no encontraron motivos para los actos violentos de los que está acusado, pero los registros de la corte ofrecían varias señales de peligro.

En mayo de 2009, Gasparyan fue sentenciado a un año en prisión por acosar a quien por entonces era su novia. La mujer denunció que estaba asustada y que el hombre la había seguido mientras conducía. También la había amenazado a ella y a sus padres, según muestran documentos judiciales. Gasparyan le había advertido que la seguiría a la escuela “y le cortaría la cara”, dijo, según los registros. Cuando la mujer dijo que no quería ser filmada teniendo sexo, él amenazó con golpearla.

En el verano de 2014, Gasparyan fue acusado con una serie de robos a vehículos, de los cuales tomó un iPad, palos de golf y el equipo de comunión de un pastor. Los detectives lo rastrearon gracias a un video que capturó la licencia del vehículo sospechoso: el Jetta plateado de su madre.

Un agente de libertad condicional había advertido que “la conducta audaz y descarada” de Gasparyan se estaba intensificando. Sus delitos mostraban “planificación, sofisticación o profesionalismo”. La probabilidad de que completara con éxito su período de libertad condicional, según el informe, “parecía nula”. Un detective del LAPD citado en el informe fue igualmente contundente: “Siento que es un gran candidato para volver a prisión”.

En una audiencia judicial realizada en septiembre de 2014, Gasparyan no refutó cargos por robo y por recibir propiedad robada, como parte de un acuerdo con los fiscales, que estuvieron de acuerdo en que Gasparyan sea liberado de la cárcel, aunque podía ser condenado a cinco años tras las rejas si violaba su libertad condicional.

Al citar los casos en curso contra el atacante, la vocera de un fiscal de distrito se negó a comentar este acuerdo. No obstante, conforme un email obtenido por The Times, los fiscales acordaron luego de concluir que sus antecedentes penales, entre ellos el caso de acecho de 2009, no mostraban una inclinación a la violencia. “No había nada en su expediente que sugiriera que podía cometer hechos con tanta violencia, sobre la base de sus delitos anteriores”, escribió Dana Williams, ayudante del fiscal, en un correo electrónico que envió a la vocera del fiscal de distrito y que fue erróneamente enviado a un reportero de este periódico por la oficina del fiscal de distrito.

Menos de un año después, Gasparyan fue arrestado, en junio de 2015, después de que, presuntamente, acelerara para huir de una Patrulla de Caminos. Las autoridades dicen que su Mercedes Benz se estrelló contra una barrera de seguridad de la Autopista 101.

Gasparyan fue fichado en una cárcel del LAPD bajo sospecha del delito menor de conducción fugitiva (hit-and-run), muestran los documentos judiciales, pero fue liberado al día siguiente. No está claro por qué se dejó ir a una persona en libertad condicional. Cuando, finalmente, no se presentó a una audiencia en el mes de septiembre, allí se emitió una orden de detención en su contra.

Cerca de un mes más tarde, la policía halló un cuerpo en el río Los Ángeles, aparentemente de una mujer de 53 años de edad que había desaparecido durante el verano. La mujer desaparecida había llamado al celular de Gasparyan al menos ocho veces en los días previos a su desaparición, según una declaración jurada para una orden de detención emitida a comienzos de este año.

El cuerpo tenía “múltiples fracturas de cráneo fatales”, y la policía inició una investigación de homicidio. Un detective escribió que Gasparyan y el sobrino de la mujer habían conspirado para matarla, o para esconder su asesinato. No obstante, Gasparyan no fue acusado por ese caso.

A comienzos de octubre, un agente de libertad condicional detalló que Gasparyan -quien aún era buscado por el caso de conducción fugitiva- “seguía involucrado en actividades delictivas”. El reporte del oficial reveló que las autoridades creían que había asaltado a una mujer con un arma mortal, en agosto. “El preso en libertad condicional debe rendir cuentas por sus acciones”, dice el escrito.

Un juez revocó la libertad condicional de Gasparyan el 12 de noviembre y emitió otra orden de arresto. Menos de un mes después, Bheri Werntz sangraba frente al garaje de su casa. Mientras el atacante huía a toda velocidad, le disparó a un jardinero que trabajaba en la calle. La bala ingresó en el pie del hombre, confirmaron las autoridades.

Unos pocos días más tarde, la policía de Burbank vio a Gasparyan en Long Beach. Para entonces, confirmó un vocero del departamento, él ya había sido identificado como una persona involucrada en el tiroteo de Werntz y el jardinero.

Los investigadores intentaron detener a Gasparyan, pero él huyó, dijo el sargento Claudio Losacco. En ese momento, la policía de Burbank no tenía suficiente información para detenerlo por los disparos. “No teníamos idea de qué iba a ocurrir en los días y semanas siguientes”, afirmó.

En las próximas semanas, la policía vinculó al atacante y su cómplice, Ramirez, con más de dos docenas de delitos: un tiroteo en West Hollywood que había dejado a un repartidor herido; un robo en una gasolinera de Burbank, donde tomaron cigarrillos y dinero a punta de pistola; tres tiroteos, con horas de diferencia, en el Valle de San Fernando, uno de los cuales dejó sin vida a un hombre de 37 años de edad. Con frecuencia, cerca de todas las zonas donde estos delitos se habían cometido, alguien veía un Jetta color plata, dijeron las autoridades.

Los detectives de la División de Robos y Homicidios del LAPD -que se ocupa de las investigaciones más complejas y de alto perfil- tomaron el caso, y recorrieron la ciudad en busca de pistas de Gasparyan y Ramirez.

La investigación se intensificó el 1 de enero de este año, cuando un oficial fuera de servicio divisó a un Volkswagen que conducía erráticamente por la Autopista 105. Un grupo de patrullas logró encerrar el automóvil, que se detuvo abruptamente. Ramirez saltó de él y robó una Dodge Durango cercana, confirmó la policía, disparándole antes a su conductor.

Mientras el Volkswagen se alejaba a toda velocidad, la policía persiguió a la Durango hasta Long Beach, donde Ramirez chocó y se estrelló contra una casa. Allí disparó e hirió a dos hombres y apuñaló al padre de ambos en el rostro, antes de pegarse un tiro en la cabeza. Ramirez murió el 2 de enero, cerca de la misma hora en que el LAPD daba a conocer un volante con la foto de Gasparyan. “Armado y peligroso”, decía.

Dos días más tarde, la búsqueda llegó a su dramático fin cuando dos detectives del LAPD dispararon e hirieron a gasparyan al final de una persecución por la Autopista 5. La policía halló el arma que, según se cree, había sido empleada en varios delitos violentos.

El jefe del LAPD, Charlie Beck, hizo una parada improvisada en la escena, donde alabó la captura de un hombre al que describió como “un individuo muy, muy peligroso”.

Cuando la foto de Gasparyan apareció en todas las pantallas locales de televisión, el sargento de policía de Glendale Robert William lo reconoció al instante. William había encontrado a Gasparyan dos años antes, cuando se desempeñaba como detective de robos. El sargento recuerda al atacante como un individuo común y corriente, con un comportamiento sutil y un perro pit bull con muy mal genio. En ese momento, dijo William, sus antecedentes incluían un par de robos y cargos menores por drogas. El sargento se sorprendió al enterarse de que Gasparyan había llegado a ese tipo de violencia. “Nunca pensé que pudiera hacer algo así”, aseguró.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


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