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Un niño de 10 años, hijo de un legislador de Kansas, murió al sufrir un accidente en un parque de diversiones

Caleb Schwab murió el domingo pasado en un tobogán de agua en Kansas City, Kansas (David Strickland).

Caleb Schwab murió el domingo pasado en un tobogán de agua en Kansas City, Kansas (David Strickland).

Un niño de 10 años de edad fue decapitado mientras montaba un tobogán de agua de 168 pies de altura en un parque acuático de Kansas, informó una fuente cercana a la investigación.

La fuente, que habló de forma anónima puesto que no está autorizada para comentar acerca del caso, afirmó a la agencia Associated Press que Caleb Schwab resultó decapitado el domingo en una atracción de balsas llamada Verruckt, en el parque acuático Schlitterbahn Waterpark de Kansas City, Kansas.

Al morir, Caleb, hijo de un legislador de ese estado, se encontraba en una balsa con dos mujeres que no tenían relación con él y que fueron atendidas por lesiones faciales.

Este miércoles, una portavoz del parque se negó a discutir las circunstancias del fallecimiento del niño. El libro Guiness de los Records Mundiales había certificado la atracción como el tobogán de agua más alto del mundo.

Al menos dos personas que recientemente visitaron la atracción Verruckt -“loco”, en alemán- comentaron que los tirantes de nylon se habían soltado durante el recorrido. No queda claro si las correas jugaron también un papel preponderante en el accidente que acabó con la vida de Caleb. La policía y Schlitterbahn no proporcionaron más detalles.

El parque señaló que “una parte” de sus instalaciones volverían a funcionar este miércoles, pero que Verruckt permanecerá cerrada por el resto de la temporada.

Los usuarios de la atracción Verruckt se sientan en balsas para varios pasajeros. El paseo comienza con una fuerte caída, seguido por una segunda escalada antes de un descenso de 50 pies, que termina en una gran piscina. Los usuarios deben medir al menos 54 pulgadas y el peso combinado de los pilotos de cada balsa se limita a las 400-500 libras.

En la atracción, los usuarios son sujetados con dos correas de nylon similares a un cinturón de seguridad; una de ellas cruza las piernas, la otra se extiende en diagonal desde un hombro. Cada correa se asegura mediante largas tiras de velcro, no con hebillas. Los pasajeros también se aferran a cuerdas que hay dentro de la balsa.

Ken Martin, un consultor de seguridad de parques de atracciones residente en Richmond, Virginia, cuestionó el uso de esas correas y sugirió que un sistema de sujeción más sólido, que se coloca sobre el cuerpo -similar al empleado en las montañas rusas- habría sido mejor.

En las pruebas iniciales, las balsas empleadas -sin pasajeros pero con sacos de arena en su interior- volaron fuera del tobogán, lo cual llevó a los ingenieros a derribar la mitad del trayecto y volver a configurar algunos ángulos. Un video promocional acerca de la construcción incluye imágenes de dos hombres, dentro de una balsa de prueba -más pequeña- que vuelan levemente por el aire mientras ésta alcanza el punto máximo de la primera gran subida.

“Creo que pensaron, ‘ya que esta cosa vuela, mejor hagamos algo para que la gente no salga disparada’”, expuso Martin, quien no ha visto ni probado el juego. “Creo que hay un serio problema con el sistema de retención. Y punto”.

Jon Rust, profesor de ingeniería de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, afirmó que el material empleado en las correas no está diseñado para mantener a una persona en su asiento. También puede desgastarse con el uso. “Debe utilizarse de manera segura, y eso no incluye detener la caída de alguien o evitar que una persona sea expulsada del vehículo”, aseguró.

Paul Oberhauser declaró a la cadena de televisión KCTV que, el 26 de julio pasado, cuando montó en la atracción, su correa superior “estaba suelta”. El hombre, oriundo de Nebraska, contó que “simplemente se sujetó con fuerza” y un video grabado por su esposa muestra la correa suelta, al final del paseo. Oberhauser dijo que dio aviso a los trabajadores del parque.

Kenneth Conrad afirmó a WDAF-TV que, durante su paseo en el tobogán de agua, el año pasado, la correa que utilizaba un amigo que lo acompañaba “se salió por completo”. La mujer de Conrad tomó una foto de ello, pero no presentaron una queja al parque.

La policía investiga la muerte como un hecho delictivo, aunque Cameron Morgan, vocero de la agencia, señaló este martes que la designación no significa que sospechen de algo sucio.

Schlitterbahn, en Kansas City, fue demandado por negligencia en al menos tres ocasiones anteriores -todas en 2014-, aunque ninguno de esos pleitos involucró el tobogán de agua. Dos acciones legales fueron por percances en la corriente King Kaw, y una tercera involucró a un hombre que enganchó un dedo de su pie en una atracción y cayó. Todos los casos fueron resueltos con acuerdos fuera de la corte, por sumas no reveladas.

Los padres de Caleb -el representante estatal republicano Scott Schwab y su esposa, Michele- han solicitado privacidad y no hablaron públicamente de la muerte del niño, cuyo funeral es este viernes.

La apertura de Verruckt, en 2014, se retrasó en varias ocasiones, aunque los operadores no explicaron los motivos. Dos visitas de prensa, previos a su inauguración, fueron canceladas debido a problemas con el sistema que transporta las balsas hasta la cima.

Los estatutos que rigen los parques de diversiones en Kansas no hacen mención específica a los toboganes de agua. La ley estatal deja en manos del Departamento de Trabajo de ese estado adoptar las normas y reglamentos relacionados con la certificación e inspección de las atracciones, y añade que éstas deben ser inspeccionadas al menos una vez al año “por un inspector calificado”.

Las regulaciones requieren solamente que los propietarios de atracciones conserven los registros durante un año, y los juegos son seleccionados al azar de forma trimestral para auditar sus registros.

Los documentos divulgados este martes por el departamento muestran que en junio de 2012 una auditoría descubrió que el parque no mantenía registros de pruebas de años anteriores ni actuales. El informe decía que, en lugar de ellas, “hacían inspecciones oculares anualmente y a diario”. No había registro alguno de una respuesta por parte del estado, y la auditoría decía “aprobado”.

Tampoco se hallaron indicios de otras auditorías, y los funcionarios del departamento no respondieron de inmediato las preguntas para este periódico. El estado solicitó documentación a Schlitterbahn “para garantizar que se hayan seguido todos los requisitos de seguridad”. Las autoridades tampoco proporcionaron más detalles al respecto.

Traducción: Valeria Agis

Si desea leer lanota en inglés, haga clic aquí.


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