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Quiso destruir un arma como símbolo de paz, pero su gesto encendió el odio de unos cuantos

Jeremy Lucas, de la Iglesia de Cristo de Lake Oswego, muestra los 150 boletos de la rifa que compró para ganar un rifle AR-15 (Vern Uyetake/Lake Oswego Review).

Jeremy Lucas, de la Iglesia de Cristo de Lake Oswego, muestra los 150 boletos de la rifa que compró para ganar un rifle AR-15 (Vern Uyetake/Lake Oswego Review).

El reverendo Jeremy Lucas intentó aportar tranquilidad y obtener un buen resultado. Todo comenzó cuando ganó un rifle semiautomático en una rifa local. Entonces reveló su plan para destruirlo y recibió -mayormente- felicitaciones por su idea. Pero el intento de este sacerdote episcopal de 44 años de edad no logró crear paz. En respuesta a su gesto en pos de sacar un arma más de las calles, Lucas recibió amenazas y hasta peticiones para su detención. “He aprendido mucho acerca de la naturaleza de las redes sociales”, aseguró Lucas la semana pasada, acerca de algunos comentarios que recibió. “Los rabiosos activistas a favor de las armas no descansan, intentan limitar cualquier conversación significativa y buscan intimidar a la gente”.

Lucas, pastor de la Iglesia de Cristo de Lake Oswego, en un exclusivo suburbio de Portland, Oregón, había leído el plan de un equipo femenino de softball para sortear un rifle AR-15, con el fin de recaudar dinero para un viaje a un torneo en Lancaster, California. La noticia incluida en la publicación Willamette Week incluía una foto de una de las chicas, mostrando el arma.

Lucas pensó que mostrar el arma como un premio enviaba un mensaje erróneo. “No tengo nada en contra de este equipo de softball. Hemos conversado muy bien”, comenta. “Entiendo que sólo se trató de un motivo económico; las armas son populares y ellos necesitaban recaudar mucho dinero”.

El sacerdote creció en Alabama, donde poseía y disparaba armas. Pero cree que el AR-15, el rifle más popular en los EE.UU., es un peligro para la sociedad. Es una de las armas preferidas entre quienes cometen ataques en masa, desde Sandy Hook Elementary, en 2012, hasta el tiroteo a cuatro adolescentes -tres de los cuales murieron- llevado a cabo el mes pasado, cerca de Seattle.

Llamado errónea y comúnmente ‘rifle de asalto’ -un término históricamente reservado para armas totalmente automáticas-, el AR-15 funciona como cualquier semiautomático: al apretar el gatillo se dispara una única bala. Pero es liviano, tiene un aspecto militar y puede recargarse rápidamente. En un minuto puede disparar entre 45 y 60 veces.

Preocupado, el sacerdote contactó en primer lugar al equipo y les ofreció fondos de la iglesia para pagar el viaje, si cancelaban la rifa. “Es un arma menos que podría utilizarse para amenazar o herir a alguien”, explicó después. Pero ya era tarde, le dijeron. Algunos boletos ya se habían vendido y, por ley, el rifle debería entregarse. El pastor, entonces, ideó un ‘plan b’: ganar el rifle, quizás destruirlo -fundirlo, convertirlo en una obra de arte, quizás en una herramienta de jardín-. Así, Lucas hurgó en los fondos discrecionales de su iglesia y tomó $3,000. A $20 cada boleto, compró 150 de los 500 disponibles.

Cuando su plan se supo, el religioso reconoció que era un gesto mayormente simbólico y declaró ante los medios locales: “Hay millones de armas dando vueltas, ya lo sé”. Pero en caso de ganar, afirmó, “ésta no será empleada para matar a niños en escuelas, ni a gente en un cine, o una oficina, ni en ningún tiroteo masivo… No la usará tampoco un veterano con estrés postraumático para suicidarse. Si por $3,000 tuviera la oportunidad de que estas cosas no ocurran -al menos una vez- lo haría de vuelta en un segundo”, aseguró.

Con la esperanza de inclinar las posibilidades aún más a su favor, Lucas volvió a acudir a los fondos de la iglesia para comprar otros 150 boletos. Pero ya todos se habían vendido, le informaron, incluidos más de 70 que había comprado una misma persona.

El sacerdote asegura que no pensó en la intervención divina cuando uno de sus boletos fue señalado como el ganador. “No estoy seguro de que Dios trabaje así, arreglando rifas”, rió. “Prefiero creer que opté por un acto de fe. Pero sé que Dios hubiera estado de mi lado incluso de no haber ganado, porque ayudamos también a un equipo de niñas a concretar su anhelado viaje”.

Cuando algunos supieron que el sacerdote había ganado el arma y tenía planes de destruirla, Lucas recibió agradecimientos de familiares de algunas víctimas de Sandy Hook y de cientos de otras personas. Los donantes repusieron los $3,000 que había empleado de las arcas de la iglesia. El obispo Michael J. Hanley, jefe de la Diócesis Episcopal de Oregón, envió también sus vítores. “Fue algo maravilloso y me llenó de alegría”, afirmó Hanley en un comunicado. “Probablemente muchos más deberíamos actuar de esa manera, creyendo en las consecuencias de los buenos actos”.

Pero no todo el mundo lo entendió de esa manera. Algunos comentaristas enojados sugirieron que Lucas había violado una nueva ley de armas de Oregón al no presentar una verificación de antecedentes del parroquiano a quien le confió el arma para su custodia. También hubo críticos y provocadores en redes sociales y en sitios de noticias que “lanzaron su odio y virulencia”, tal como escribió Lucas en su blog.

La Policía del Estado de Oregón, siguiendo una pista de un funcionario del club de tiro local, inició una investigación ante la acusación de que se había violado la ley de verificación de antecedentes. Un vocero señaló que el caso se encuentra en revisión. Ese delito es castigado con hasta un año de cárcel y una multa que podría alcanzar los $6,000.

El hombre que aparentemente informó a las autoridades -Kevin Starrett, director ejecutivo de la Federación de Armas de Fuego de Oregón- sostuvo que a él no le agrada la ley, pero que se alegra de que sirva para procesar a uno de sus oponentes. “Si el pastor es procesado”, señaló Starrett en un escrito, “demostrará la idiotez de la ley y de quienes la aprobaron. Si no lo es, comprobará que los liberales anti-armas están por encima de las normas y que sólo intentan dañar al propietario promedio de armas de fuego, haciéndolas cumplir de forma selectiva”.

Lucas, graduado de la escuela de leyes y quien trabajó como abogado antes de dedicarse a la religión, afirmó que apoya la ley de verificación de antecedentes. “Su intención es evitar que alguien compre un arma a otra persona. Me alegra hacerle un poco de propaganda”, dijo.

Por lo demás, si el religioso terminara en la corte, el tema generaría más cobertura mediática y, quizás, mantendría la conversación en el candelero. “Todo aquello que nos permita seguir hablando de este mosaico de leyes y grandes vacíos que existen en cuanto a las armas es bueno”, señaló Lucas. “Quiero decir, me tomó menos de media hora realizar la revisión de antecedentes y salir de allí con un rifle semiautomático. Realmente debemos hablar de ello”.

Traducción: Valeria Agis

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.


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