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Más allá de Dallas y Baton Rouge, los asesinatos de policías crecen en todo el país

Luciano Antonini, de 12 años, rinde homenaje a dos agentes judiciales, ambos expolicías, asesinados a tiros por un preso en Michigan (Associated Press).

Luciano Antonini, de 12 años, rinde homenaje a dos agentes judiciales, ambos expolicías, asesinados a tiros por un preso en Michigan (Associated Press).

Cuando cinco policías murieron y nueve resultaron heridos en un ataque durante una marcha de protesta realizada en Dallas, el 7 de julio pasado, el hecho sacudió al país. Diez días después, tres oficiales murieron y tres fueron heridos en Baton Rouge, Louisiana, mientras respondían una llamada acerca de un sospechoso que portaba un rifle de asalto.

Entre esos dos dos ataques, varios agentes de la ley desde Georgia hasta Michigan fueron baleados en incidentes que atrajeron mucha menos atención pública pero sumaron a la creciente sensación de que éste es un momento peligroso para ser policía.

Con los disparos de Dallas, 31 oficiales han muerto en cumplimiento del deber en lo que va del año, comparado con la cifra de esta misma época durante 2015 (18), según estadísticas de National Law Enforcement Officers Memorial Fund.

Nick Breul, director de investigación de la entidad y exoficial de Washington DC, señaló que también ha habido una serie de ataques sorpresa para matar policías. “Es una tendencia en aumento y se está convirtiendo en algo muy preocupante, especialmente al ver los casos como el de Dallas”, afirmó Breul. “Ciertamente hay un clima -y el ejemplo de Dallas lo confirma- que debe alertar a la policía”, agregó.

Lakeen Keon Scott, un veterano del ejército de raza negra, baleó a la policía el 7 de julio pasado en una carretera de Bristol, Tennessee, informaron las autoridades. Una mujer murió y otras tres personas resultaron heridas en el incidente, entre ellas un oficial blanco. Scott fue acusado con un cargo de asesinato en primer grado, y siete de intento de asesinato en primer grado.

“De manera preliminar, la investigación revela que Scott apuntó a individuos y oficiales después de sentirse perturbado por los recientes incidentes con afroamericanos y agentes de la ley”, señalaron en un comunicado las autoridades de la Oficina de Investigación de Tennessee.

Un oficial de Ballwin, suburbio de San Luis, Missouri, fue baleado por la espalda y resultó gravemente herido durante una detención de tránsito mientras regresaba a su patrulla, el 8 de julio pasado, un día después del tiroteo en Dallas. “Un ataque directo a un oficial, como éste, no es común. Fue una emboscada abierta y descarada”, afirmó el oficial Benjamin Granda, del Departamento de Policía del Condado de San Luis. Si bien el oficial es blanco y el sospechoso del tiroteo es negro, Granda prefirió no especular acerca de las connotaciones raciales del ataque.

El mismo día, en Valdosta, Georgia, un hombre armado atrajo a un oficial hasta su casa con una llamada al 911 y luego abrió fuego, precisaron las autoridades. El sujeto, un adicto en recuperación, dijo que “quería que el policía le disparara ya porque quería morir”, según un comunicado de prensa de la Oficina de Investigación de Georgia. Tanto el tirador como el oficial sobrevivieron los impactos, señalaron las autoridades.

También el 8 de julio en Georgia, otro oficial de patrulla fue blanco de disparos cuando un automovilista se detuvo y le disparó, el Roswell, al norte de Atlanta. El oficial no resultó herido y apresó al sospechoso, pero las autoridades no han precisado los motivos del tirador. El detective Zachary Frommer, de Roswell, declaró a la cadena de noticias WSB-TV que los oficiales se encontraban ya en alerta máximo después de los ataques en Dallas. “Entonces sucede algo como esto y nos despabila aún más”, afirmó.

La violencia se prolongó después del fin de semana, cuando dos agentes judiciales, ambos expolicías, fueron asesinados a tiros por un preso dentro del Palacio de Justicia del Condado de Barrien, en Michigan. Un agente del sheriff resultó herido en el incidente y el tirador también fue asesinado.

Kim Fowler,un exoficial de policía que conocía a los dos agentes asesinados, remarcó que la creciente violencia es un peligro para las autoridades, pero que los oficiales tratan de no pensar en los riesgos cuando están haciendo su trabajo. “Ellos no pueden detenerse a reflexionar, y no lo hacen”, dijo. “Lo único que pueden hacer es estar lo mejor preparado posible. No pueden dejar de hacer sus actividades normales o el trabajo diario de patrullaje para cuidar al público”.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


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