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Crecen los programas de verano que preparan a los estudiantes minoritarios para las carreras STEM

Alejandro Fernández (der.), asistente del profesor, ayuda a Carlos Rivas (izq.) y a David-Earl Russell, ambos de 17 años, con una ecuación de precálculo, como parte de la preparación universitaria de USC (Mel Melcon/Los Angeles Times).

Alejandro Fernández (der.), asistente del profesor, ayuda a Carlos Rivas (izq.) y a David-Earl Russell, ambos de 17 años, con una ecuación de precálculo, como parte de la preparación universitaria de USC (Mel Melcon/Los Angeles Times).

Cuando Oscar Leong se graduó de su escuela preparatoria en Los Ángeles hace cuatro años, ocupaba el segundo puesto en su clase, con un promedio GPA de 4.4 y una beca para asistir a Swarthmore College, donde planeaba estudiar astrofísica.

Pero Leong, hijo de inmigrantes mexicanos, tuvo problemas durante su primer año, pese a que estudió tanto como nunca antes para obtener sólo una B- en física introductoria.

Con su confianza mermada, Leong comenzó a preguntarse si realmente estaba hecho para Swarthmore. Consideró transferirse, o quizás cambiar de carrera. “Me dije: ‘No soy tan inteligente como pensaba’”, cuenta.

La experiencia de Leong refleja una realidad preocupante en la educación superior de los EE.UU.: pese al fuerte énfasis en los últimos años por alentar a los estudiantes a seguir carreras de ciencia y tecnología, poco se ha avanzado para cambiar la composición de los graduados en esos campos.

Los estudiantes que provienen de grupos minoritarios subrepresentados, como negros, latinos e indígenas americanos, obtienen menos títulos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (normalmente mencionados como STEM, por sus siglas en inglés) que los alumnos blancos y asiáticos americanos, según demuestran los datos.

A nivel nacional, el Higher Education Research Institute de UCLA, que sondea anualmente a los universitarios de primer año, descubrió que hay tantos estudiantes negros y latinos como blancos y asiáticos americanos que desean seguir carreras STEM. Sin embargo, sólo el 18% de los alumnos de raza negra y el 22% de los latinos que comenzaron a estudiarlas en 2004 lograron sus licenciaturas en esos campos dentro de los cinco años, en comparación con el 33% y el 42% de los blancos y asiáticos americanos, respectivamente.

Aunque los negros y latinos conforman respectivamente el 11% y 15% de la fuerza laboral global, también representan sólo el 6% y 7% de los trabajadores STEM, según un informe de la Oficina del Censo de 2011.

Mientras que, según se espera, las minorías se conviertan en la mayoría de la población de los EE.UU. en los próximos 30 años, y la Oficina de Estadísticas de Trabajo prevé la incorporación de un millón de empleos STEM para 2022, algunos economistas señalan que la expansión de la diversidad en los los campos es una necesidad de la mano de obra.

“Las competencias incorporadas en las carreras STEM tienen una alta demanda y son muy valoradas en la economía”, señaló Nicole Smith, economista del Center on Education and the Workforce, de la Universidad de Georgetown, quien además remarcó los salarios comparativamente altos del sector. Sin embargo, dijo, “no hay una gran tasa de interés de los estudiantes por estas carreras”.

Los estudiantes provenientes de minorías y de sectores de bajos recursos se enfrentan con una serie de obstáculos en la finalización de estas carreras, entre ellos la deficiente calidad de su instrucción primaria y secundaria; el acceso limitado a la ciencia de avanzada, los cursos de matemáticas y de tecnología; la falta de guía universitaria y el estigma social, detalló Kevin Eagan, director del Higher Education Research Institute.

Ahora, en todo el país, los programas académicos trabajan para ampliar el acceso y mejorar el éxito de los estudiantes. La academia de verano South Central Scholars Summer Academy, un programa de preparación universitaria al que Leong asistió en el verano de 2012, es una de los varias iniciativas en el sur de California enfocadas específicamente en ayudar a los estudiantes de minoría subrepresentadas a graduarse de carreras STEM.

El programa de verano, de siete semanas de duración, está dirigido a estudiantes de preparatoria y universitarios de primer año y ofrece instrucción en precálculo o cálculo, además de inglés, desarrollo profesional y tutoría. Los alumnos de primer año de universidad también pueden optar por química, ciencias de la computación y razonamiento cuantitativo. Los cursos -una mezcla de lecciones interactivas y talleres para grupos pequeños- son impartidos por profesores de USC en el campus, y reflejan en plan de estudios y rigor de las clases de primer año, pero con más apoyo. “Realmente intentamos salvar esa brecha entre las preparatorias de bajo rendimiento y las universidades de élite”, aseguró Joey Shanahan, director ejecutivo de South Central Scholars.

Los resultados preliminares sugieren que el programa está teniendo éxito. De acuerdo con datos internos, el 72% de los alumnos que asistieron a esta academia de verano entre 2012 y 2015 se han graduado en carreras STEM o están aún en la universidad y en vías de obtener sus títulos.

En una tarde reciente, David Crombecque daba una conferencia a estudiantes de último año acerca de funciones polinómicas, parte de un plan de estudio de matemáticas que comprende álgebra, trigonometría y cálculo.

A medida que la conferencia llegaba a su fin y el material se hacía más complejo, la habitación quedó en silencio y menos estudiantes respondían las preguntas de Crombecque. Pero en la sesión posterior, con un grupo pequeño, los estudiantes volvieron a sentirse animados, a ayudarse mutuamente y a probar soluciones en la pizarra, con un maestro asistente.

Crombecque, profesor de matemáticas de USC, es un purista de los altos niveles de la educación. Si bien los cursos de la academia de verano están diseñados para llenar los vacíos de conocimiento, “esto no se trata tanto de los conocimientos, sino del rigor”, aseguró el docente, quien apuntó además que, para muchos estudiantes, su clase puede ser la primera desilusión. “Intento darles una idea de cómo será la universidad”, aclaró.

Camreon Lyons, estudiante de último año en la clase de Crombecque, quien espera ser una enfermera especializada en ginecología y obstetricia, afirmó que antes de asistir a estas clases no había estudiado mucho de matemáticas. Ahora, cuando no termina un trabajo en clase, lo hace en su casa. “Si sigues estudiando el tema, todo es más fácil”, expresó.

Las habilidades que Lyons y sus compañeros están adquiriendo -tales como desarrollar un sentido de la resiliencia- son esenciales para triunfar en los programas científicos de la universidad y después de ello, explican los economistas e investigadores.

El tiempo extra invertido en una rigurosa clase de matemáticas también ayuda a los estudiantes. Una revisión de 2016 del Departamento de Educación de los EE.UU. halló que el número y rigor de los cursos STEM tomados en la preparatoria son fuertes predicciones del éxito que se obtendría en la universidad.

Leong, por ejemplo, asistió a Cathedral High School, una escuela católica para varones cerca de Chinatown, y tomó allí Cálculo AB, el curso de matemática más complejo que se ofrecía en el momento, pero no el más riguroso que ofrecía la Junta de Universidades. Del mismo modo, Leong tomó un curso de física mecánica, pero su escuela no brindó el siguiente, en electricidad y magnetismo.

En Swarthmore, el joven se vio sorprendido al comprender que otros estudiantes estaban ya familiarizados con el material de las clases. “Esto fue algo que yo no había aprendido en la preparatoria”, aseguró. “No sabemos a lo que nos enfrentaremos hasta llegar aquí”.

Eso mismo es lo que Summer Academy y otros programas de universidades, como Cal State Dominguez Hills, intentan cambiar. En el campus de Dominguez Hills, donde la mayoría de los estudiantes son negros o latinos, sólo el 13% de los alumnos que ingresaron en 2009 a una carrera STEM se graduó seis años después en ese campo, según datos de esa casa de estudios.

Los profesores de carreras STEM diseñaron el programa FUSE (siglas en inglés de ‘Experiencia Estudiantil de Primer Año’) para aumentar la retención de alumnos, que incluye un entrenamiento de verano de dos semanas de duración, apoyo adicional para química de primer año, informática y matemáticas, y trabajo entre pares y profesores.

La iniciativa se puso en marcha el pasado otoño y aún no hay datos acerca de su eficacia. “La medición se hará si los estudiantes regresan para su segundo año”, aseguró Matthew Jones, presidente del departamento de matemáticas.

Las calificaciones de los cursos iniciales sirven a menudo como una señal para los estudiantes, respecto de si deben seguir en ese campo. “Si te va mal en el primer trimestre… eso realmente afecta tu promedio y es muy desmoralizador; se pierde la confianza en uno mismo”, afirmó Tama Hasson, profesora de UCLA quien supervisa un programa de apoyo académico para los estudiantes de ciencias pertenecientes a entornos con poca representación.

Leong estaba lleno de dudas luego de sus primeros cursos de física en Swarthmore. Pero le fue bien en cálculo. Eso llamó la atención de Cheryl Grood, profesora de matemáticas, quien lo animó a considerar una carrera en el área y a buscar oportunidades de investigación en Swarthmore, que ella misma supervisaría. El joven siguió el consejo y, finalmente, ganó un premio en una conferencia nacional de investigación para científicos latinos e indígenas estadounidenses. Estar en una sala llena de estudiantes exitosos provenientes de minorías le “abrió los ojos” a Leong y lo enfrentó a la opción de una carrera en matemáticas.

A fines de este mes, el joven comenzará un programa de doctorado en matemáticas aplicadas en la Universidad Rice. El joven sabe que será difícil, pero a diferencia de su primer año en Swarthmore, está seguro de que esta vez no pensará en abandonar los estudios.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.

La reportera de planta Teresa Watanabe contribuyó con este artículo.


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