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Cada vez más mujeres se ven forzadas a viajar fuera de su estado para realizarse un aborto

El Dr. Willie Parker se trasladó recientemente de Illinois a Alabama para realizar abortos allí, en Georgia y Mississippi.

El Dr. Willie Parker se trasladó recientemente de Illinois a Alabama para realizar abortos allí, en Georgia y Mississippi.

(Rogelio V. Solis/Associated Press)

Cuando descubrió que estaba embarazada, la joven aspirante a veterinaria, de 22 años de edad, comenzó a llamar a clínicas especialistas en abortos en su estado natal de Oklahoma. La lista era pequeña -sólo hay dos- y ninguna podía ofrecerle una cita rápida. Desempleada, sin automóvil y aún conviviendo con sus padres, Pearl pensó en Texas, pero sabía que el estado recientemente también había aumentado las restricciones a estas clínicas.

Finalmente, Pearl -quien solicitó no utilizar su nombre completo para no molestar a su familia conservadora, residente del condado Comanche- le pidió a su novio que la lleve al South Wind Women’s Center en Kansas, un recorrido de cuatro horas.

“Es ridículo tener que viajar así”, señaló la joven mientras esperaba en la clínica, la semana pasada, para recibir el medicamento para el aborto. “No todo el mundo es así de fuerte. No todos están hechos de piedra. Es muy estresante viajar hasta aquí”.

La línea directa de la National Abortion Federation refirió 209 pacientes a Nuevo México el año pasado, en comparación con 21 en 2013, informó Vicki Saporta, presidente y directora ejecutiva del grupo. El número de pacientes de Texas en sólo una clínica de Albuquerque se triplicó, de 19 a 67, el año último, precisó.

A medida que más estados adoptan leyes restrictivas y el número de clínicas mengua en el llamado “desierto del aborto” -un área que se extiende desde Florida hasta Nuevo México, y al norte hacia el Medio Oeste- las mujeres viajan cada vez más a otros estados para evitar largas esperas para citas y escapar de las barreras legales en sus estados de origen.

Como los estados han adoptado leyes que requieren períodos de espera para realizar un aborto, privilegios de admisión para los médicos especialistas en ello y actualizaciones médicas para las clínicas, el número de instalaciones en las que una mujer puede recurrir a este procedimiento ha disminuido rápidamente, y los tiempos de espera para las citas se han alargado. Mayores esperas pueden significar la diferencia entre las mujeres que pueden tomar una medicación para abortar -generalmente posible hasta las 10 semanas de gestación- y los cada vez más caros procedimientos quirúrgicos.

En Texas, el número de clínicas ha caído de 41 a 19 en los últimos tres años. En Louisiana hay cuatro; en Arkansas tres. Missouri y Mississippi tienen una clínica cada uno.

Alrededor del 49% de las mujeres en el sur viven en condados donde no hay clínicas especializadas, tal como el 53% de las que viven en el Medio Oeste, en comparación con el 38% a nivel nacional, según el más reciente estudio de Guttmacher Institute, que aboga por los derechos reproductivos.

“Cuando vemos que las mujeres deben viajar grandes distancias, cruzar fronteras estatales o alejarse horas de sus hogares para obtener la atención que necesitan, tiene un efecto expansivo”, afirmó Whitney Phillips, vocera de Planned Parenthood de las Montañas Rocallosas, cuyas clínicas también han registrado un aumento de pacientes de otros estados. “Ellas tienen que organizar sus horarios de trabajo, el cuidado de los niños, el viaje y sus finanzas para buscar un médico. En el caso de que necesiten más de una cita, esto puede ser agobiante, especialmente para mujeres con bajos ingresos”.

En Texas, la proveedora de servicios de abortos Whole Woman’s Health presentó una demanda para bloquear una nueva ley que obligaría a aproximadamente la mitad de las clínicas restantes del estado a cerrar, alegando que esto equivale a una “carga excesiva” para las mujeres que se ven forzadas a viajar largas distancias. Se espera que la Suprema Corte de los EE.UU. decida al respecto este mes, en su primera definición importante sobre el aborto en dos décadas.

Si el tribunal supremo se alinea con Texas, o envía el caso de regreso al tribunal conservador del 5º Circuito de Apelaciones de los EE,UU., leyes similares podrían aplicarse en Kansas, Michigan y Wisconsin, donde también podrían cerrar clínicas.

Desde que se aprobó la ley en Texas, las mujeres han tenido que conducir cuatro veces más lejos para realizarse un aborto -de 17 a 70 millas- y a menudo esperar tres veces más para obtener sus citas, según estudios del Texas Policy Evaluation Project.

Alrededor del 10% de las mujeres encuestadas afirmaron tener que conducir al menos 250 millas para llegar a una clínica.

Debido a las nuevas leyes, una clínica en Dallas comenzó a alentar a las mujeres del oeste de Texas a buscar citas en su sede de Albuquerque, que tenía esperas más cortas y menos restricciones, pero de todas formas hacerlo requería un viaje de 300 millas. Desde que la nueva ley fue aprobada, el número de mujeres que viajan a Nuevo México para hacerse un aborto es más del doble. En Kansas, la cantidad de pacientes que llegaron de Oklahoma y Texas se elevó de 38 a 243. La tendencia es similar en las clínicas de Louisiana.

Las clínicas de Nuevo México pueden tratar más pacientes porque este estado ha rechazado muchas de las leyes que Texas sí aprobó, entre ellas la prohibición de aborto en gestaciones de 20 semanas, aprobada por una docena de otros estados. “La necesidad se ha disparado”, aseguró Joan Lamunyon Sanford, directora ejecutiva de New Mexico Religious Coalition for Reproductive Choice.

Ella afirmó que muchas mujeres no pueden solventar un boleto de avión, por ello toman autobuses, y viajan días desde California y la costa este. “Nadie debería tener que pasar por dos o tres estados para obtener atención médica”, señaló Sanford, cuyos voluntarios proporcionan a las mujeres transporte, cuidados para los niños y alojamiento durante las visitas a las clínicas.

Los médicos también deben moverse para manejar las cambiantes olas de pacientes; muchos de ellos se trasladan desde Nuevo México a Kansas para ayudar al personal de los centros de salud.

La Dra Colleen McNicholas vuela de St. Louis para trabajar en la clínica de Wichita, donde entre el 40% y 50% de las pacientes son de otros estados, por lo general Oklahoma y Texas, y también Missouri.

McNicholas dice que ha visto a algunas mujeres que duermen en sus vehículos en el estacionamiento. “O no quieren esperar o no pueden, debido a lo avanzado de la gestación”, afirmó. “Por eso toman un mapa y viajan, siguen intentando, llamando a clínicas, hasta que encuentran una que pueda atenderlas”.

El Dr. Willie Parker se trasladó recientemente de Illinois a Alabama para realizar abortos allí, y en Georgia y Mississippi. Muchos proveedores de la región no hacen procedimientos después de las 15 semanas, señaló, y eso crea una “línea divisoria” donde las mujeres deben buscar atención en otros estados. “Si no cumplen con ese requisito, vienen a Tuscaloosa”, aseguró el médico. “La gente viene de todas partes”.

El especialista precisó que colocó dispositivos de dilatación en pacientes de otros estados para procedimientos de dos días, para que las mujeres vuelvan a sus casas -recorriendo cientos de millas- en vez de pagar un hotel. Algunas pacientes de otros estados no se presentan a la cita, porque no pudieron costear el viaje. “Hay muchas mujeres que siguen con el embarazo porque no pueden pasar esa barrera”, aseguró.

Los activistas antiaborto están animados al ver el cierre de clínicas gracias a las leyes que, según ellos, protegen la salud de las mujeres. “Creo que es algo bueno. Creo que debería haber regulaciones. Debería ser seguro, como ir a un hospital”, señaló Courtney Love, de 30 años de edad, quien se describió como una “consejera de facto” que distribuye folletos contra el aborto en las inmediaciones de la clínica en Wichita. El centro médico, totalmente cercado, ha sido un campo de batalla en el debate sobre el aborto; atrajo a grandes multitudes de manifestantes y debió cerrar durante varios años luego de que su director, el Dr. George Tiller, recibiera un disparo mortal por parte de un extremista antiaborto.

Love y otros voluntarios antiabortistas señalan que han notado más automóviles con placas de otros estados en la clínica. La mujer cuenta que no le gusta la idea de que las mujeres se vean obligadas a viajar para recibir este servicio, pero “hay otras opciones para ellas, en vez de abortar”, dice, al tiempo que señala un centro de asesoramiento antiaborto vecino. “Aquí al lado hay ayuda, hay gente que las ayudará con su renta y la adopción”, precisó.

Brittany, de 22 años y oriunda de Oklahoma City, señala que ya entregó en adopción a un pequeño el año pasado y que ella no quiere volver a pasar por eso. Adicta a la heroína, llegó a la clínica de Wichita en pantalones vaqueros de maternidad para realizarse un aborto a las 17 semanas de gestación. No habría podido llegar hasta aquí sin su padre, un oficial de la Fuerza Aérea en Tampa, Florida, quien le alquiló un vehículo, pagó por su hotel y los $1,300 para el procedimiento. “Tenía miedo de que estuviera ya muy avanzado [el embarazo]”, dijo la joven. “Ahora tengo miedo de tener que quedarme una noche más y que mi padre tenga que faltar al trabajo”.

Mientras Pearl se preparaba para regresar a Oklahoma, señaló que se dio cuenta de que su situación no era única. “Tengo dos amigas que están embarazadas y se preguntan si podrán abortar a causa de estas leyes”, dijo.

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