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Marchas y protestas en Estados Unidos que cambiaron la historia, pero otras no tanto

Martin Luther King Jr., saluda a sus simpatizantes en la área donde está ubicado el monumento a Lincoln, durante la marcha en Washington en 1963. Una manifestación que cambió la historia. AFP/Getty Images.

Martin Luther King Jr., saluda a sus simpatizantes en la área donde está ubicado el monumento a Lincoln, durante la marcha en Washington en 1963. Una manifestación que cambió la historia. AFP/Getty Images.

Como una marea rosada, desde una punta del país a la otra, más de un millón de manifestantes marcharon por las calles de los EE.UU., el sábado último en una demostración de descontento sin precedentes, apenas un día después del arribo de Donald Trump a la presidencia.

Desde sitios de vacaciones como Bend, Oregon, hasta urbes repletas de rascacielos, como Nueva York, la protesta fue un hecho que sin dudas alegró a los críticos del presidente Trump y levantó los debilitados espíritus demócratas, aplastados por una amarga derrota.

Pero ahora que las manifestantes han bajado ya sus letreros y guardado sus gorros rosados en sus vestidores, lo que queda es una dura realidad para las masas izquierdistas: un gobierno en Washington liderado por el partido republicano y más de 30 capitales de estado donde los republicanos disfrutan de un poder sin control.

Políticamente, la situación se asemeja una barrera que puede detener hasta la ola más poderosa.

En una época de supuesta apatía y atención reducida al tamaño de un tweet, el espectáculo de tantas personas levantadas en disidencia creó imágenes sorprendentes y envió un mensaje.

“Realmente no es de esperar que Trump deje el gobierno por esto”, afirmó Kathleen Rodgers, profesora de la Universidad de Ottawa que escribió un libro sobre protestas y política. “Pero le envía un recordatorio de que ‘mira, si haces algo que no gusta, millones de personas están dispuestas a objetarlo’”.

Lo que fue particularmente notable, señaló Rodgers, una de varios miles de canadienses que marcharon en su capital, en solidaridad con los manifestantes estadounidenses, fue el aparente gran número de nuevos manifestantes. “El hecho de que se sumaran ahora indica que es posible que vuelvan a hacerlo”, estimó.

La clave del cambio político, según Rodgers y otros han señalado, es un compromiso continuo.

El tea party comenzó como una protesta contra los rescates y otras medidas de diseñadas para rescatar al país de la Gran Recesión. El movimiento ganó fuerza y demostró ser el enemigo más abrumador para el expresidente Barack Obama, porque sus miembros no sólo acudieron a las urnas, a reuniones de ayuntamientos y al gran mitin de Washington, sino también votaron, persistentemente y en número significativo.

Algunos seguidores incluso se postularon para cargos y ahora tienen una banca en el Congreso, son concejales o consejeros escolares en todo el país. “Una participación fuerte siempre es buena”, afirmó David Meyer, sociólogo de UC Irvine que también ha escrito extensamente sobre las protestas políticas y los movimientos sociales. “Pero la gran duda es si habrá acción sostenida”.

Pasarán años antes de que quede claro si las manifestaciones del sábado último fueron el comienzo de un nuevo movimiento político que cambiará el paradigma, o si fueron el equivalente a una sesión de terapia en masa, adornada con celebridades liberales y gorras de lana rosadas llamadas pussy hats -una ironía acerca de las crudas referencias de Trump hacia las mujeres-. La historia ofrece varios ejemplos de protestas que resultaron ser relevantes, y otras que no lo fueron tanto. A continuación, algunas de ellas:

Marcha por el bono del ejército, en Washington

Decenas de miles de manifestantes, muchos de ellos veteranos de la Primera Guerra Mundial y sus familiares, se congregaron en Washington en el verano de 1932 para presionar al Congreso a aprobar una ley que les otorgara los bonos diferidos que necesitaban desesperadamente para sobrellevar la Depresión.

Cuando la protesta se volvió violenta, las tropas del Ejército, lideradas por Douglas MacArthur, usaron gases lacrimógenos y bayonetas para despejar a los manifestantes. El resultado fue una reacción que puso al país contra el presidente Hoover, quien perdió las elecciones ese noviembre frente a Franklin D. Roosevelt, por entonces gobernador de Nueva York.

Marcha en Washington por trabajos y libertad

Recordada por el célebre discurso “I Have a Dream” (Tengo un sueño) del reverendo Martin Luther King Jr, la manifestación de 1963 en apoyo de los derechos civiles se preparó por años y fue altamente desalentada por los líderes políticos del país, incluido el presidente Kennedy.

La desafiante y a la vez pacífica reunión de cientos de miles de afroamericanos y sus partidarios, que sufrieron un sofocante calor de agosto, confundió a los críticos y ayudó a impulsar la aprobación de la legislación de los derechos civiles en el Congreso.

Moratoria para el fin de la Guerra de Vietnam

El 15 de octubre de 1969, con más de medio millón de soldados luchando en el sudeste asiático y sin final del conflicto a la vista, cerca de dos millones de personas en todo el país marcharon en una de las mayores protestas en la historia estadounidense. Las marchas no pusieron fin a la guerra, ni unificaron el país de ningún modo, aunque subrayaron la creciente resistencia al conflicto en Vietnam más allá de los campus universitarios. La guerra se prolongó por otros seis años, y la brecha de credibilidad que abrió entre Washington y gran parte del país aumentó desde ese momento.

Marcha del millón de hombres

Organizada principalmente por la Nación del Islam y su controvertido líder, Louis Farrakhan, el mitin de 1995 atrajo a cientos de miles de hombres negros a Washington en una muestra de orgullo y solidaridad. Es difícil argumentar que la marcha haya mejorado las relaciones raciales en el país, o mejorado los problemas que enfrenta la comunidad negra.

No obstante, un legado duradero es la polémica acerca de la asistencia. El Servicio de Parques Nacionales estimó que se congregaron cerca de 400,000 personas, número demasiado bajo según los expertos. Los organizadores acusaron al Servicio de racismo y amenazaron con iniciar una demanda. Como resultado de la disputa, el Congreso prohibió que el Servicio ofreciera conteo de multitudes. Las estimaciones de hoy -estimaciones muy aproximadas- provienen de las autoridades policiales y de tránsito locales.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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