Cómo un grupo de extraños ayudó a exniños de crianza a tener la casa de sus sueños

Cómo un grupo de extraños ayudó a exniños de crianza a tener la casa de sus sueños

Es la última noche en que Max Plunkett deberá dormir en el suelo… o eso espera. Plunkett vivió en 20 casas de acogida desde que era un bebé. Pero ahora, a sus 24 años de edad, tuvo suerte.

La joven sobrevivió a un sistema que deja sin hogar al 24% de aquellos que salen de él, al menos en el condado de Los Ángeles. En los años posteriores a salir del cuidado de crianza, Plunkett vivió en un grupo de transición, dormía en sofás y se quedaba con la familia de su novio. Pero hoy está inscripta en Los Angeles Southwest College, estudia negocios y anhela abrir un centro de arte para ayudar a jóvenes en riesgo.

Plunkett se trasladó a su propio departamento financiado por la Sección 8, en Los Ángeles. Su primera noche durmió sobre el piso. Pero el lugar no permaneció vacío por mucho tiempo gracias al diseñador de interiores Georgie Smith y sus voluntarios de A Sense of Home, una entidad local de caridad que ayuda a exniños de crianza a establecerse en sus propios hogares, con muebles y artículos para hogar donados.

“Todo comenzó con un acto de bondad al azar”, en 2014, cuenta la cofundadora de la organización y pareja de Smith, Melissa Goddard. Un joven vio el trabajo del diseñador en Facebook y le envió un mensaje: “¿Crees que Georgie podría ayudarme?”.

Así, se reunieron con él. “Estaba comienzo y estudiando en el piso… todo lo que tenía eran bolsas negras de residuos”, recuerda Smith. La dupla se puso en acción y reunió a su red de amigos a través de los medios sociales. Al final del día, tenían todo lo que precisaban para convertir su casa en un hogar. “Cada amigo”, dijo Smith, “aportó un mueble, un abrazo, un deseo para su futuro”.

Poco después, aparecieron otros. “La necesidad era tan enorme”, afirmó el diseñador. “Me sorprendía que no hubiera un programa para estos niños. Cuando ellos se ven obligados a salir del sistema, al cumplir 18 años, no tienen nada, ni familiares a quienes recurrir”.

Smith y Goddard siguieron adelante. Alguien les dio dinero para un camión de mudanzas, para otro, para un espacio donde albergar los muebles que seguían llegando.

La fundación requiere sólo tres cosas de los jóvenes: que tengan un departamento y que estén estudiando o trabajando. Además, deben retribuir la acción, ayudando como parte del equipo para crear la casa de otros jóvenes. “Es una forma de sumergirlos en la comunidad”, afirmó Smith, cuyo objetivo es que cada departamento sea un lugar donde los jóvenes puedan prosperar, pero además ofrecerles formas de establecer contactos a medida que buscan oportunidades de carrera.

La decoración del apartamento de Plunkett marcó la centésima ‘creación de un hogar’ completada por la organización en dos años. El grupo busca constantemente muebles y artículos “con poco uso” o en buen estado, que pueden donarse a través de su sitio web. Además, trabajan con proveedores que proporcionan colchones y refrigeradores nuevos.

El ritual comienza típicamente un viernes, cuando Smith se reúne con su equipo, entre ellos voluntarios y exjóvenes de crianza, que dirigen parte de un almacén lleno de donaciones. Todos discuten un estilo de diseño para el nuevo espacio de vida y seleccionan los elementos que se ajustan al proyecto.

Los domingos están cargados de actividad. El camión cargado arriba al sitio. Smith dirige. Todos entran en acción. Los voluntarios cargan los muebles, montan la cama, despliegan tapetes, cuelgan cuadros. Muchos de ellos también llevan flores y galletas, “para que sea realmente un hogar”, dicen.

Noventa minutos más tarde, el lugar luce transformado. Cualquier persona con un departamento pequeño y un presupuesto limitado apreciará el buen ojo de Smith para el diseño. “El sofá es nuestro pilar”, afirma. “Los colores son en su mayoría sólidos, porque ofrecen más flexibilidad -se puede agregar otros patrones y tonos en cojines y obras de arte-. También contemplamos que el mobiliario pertenezca a la misma familia de materiales -todos de madera oscura o clara, o pintados de blanco-. Eso le da coherencia. Y si no hay niños, me encantan los interiores blancos, como el que hicimos para Max. Es fresco, limpio, y el blanco genera más espacio”.

Poeta y artista plástica, Plunkett definió su lugar como “elegante y moderno”. La joven planea colgar algunas de sus obras, pero se detiene para mirar la habitación, donde su cama luce con sábanas agradables y hay un jarrón con flores en su mesa de noche. “Cuando has estado sin hogar, sabes que una casa es mucho más que un techo sobre tu cabeza”, expresó. “Estoy deseando dormir en esta cama esta noche… Voy a dormir como una princesa”.

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