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¿Se puede hallar el verdadero amor en una aplicación de citas? Yo lo busqué, y me casaré con ella el domingo

Ella es todo lo que deseaba (Louisa Bertman / para The Times).

Ella es todo lo que deseaba (Louisa Bertman / para The Times).

Había intentado con cada sitio y aplicación de citas que existen, con diferentes grados de éxito, y estaba absolutamente harto de ellas. Estaba cansado de la ‘primera cita’, y más aún de nunca tener una segunda. Entonces, un amigo me dijo acerca de otra aplicación, Bumble. Esta parecía diferente: en ella, la chica debe primero enviar un mensaje al chico, y tiene solo 24 horas para hacerlo después de que ambos se conectan, o la ‘conexión’ desaparece para siempre.

No costaba mucho intentar, ¿cierto? Toqué el botón de la descarga y comencé a navegar. Después de unas cuantas pasadas, conecté con una hermosa morena. Esperé, pero no me envió mensaje.

Al día siguiente, para mi sorpresa, ¡recibí algo!

“Ayuda”

¿Qué se supone que deba decir ante eso? Aunque su primera impresión no hubiera sido muy buena, no quería arruinar la mía. Debía pensar rápido.

“¿Ayuda con qué? ¿Necesitas un martillo para romper el hielo? -emoji de martillo-”.

Quizás a ella le gustaba el humor cursi…

“¡Ja, ja! Quise decir ‘Hola’”.

Comenzamos a charlar y pudimos sortear la incómoda presentación. Rápidamente supimos que ambos somos veganos y que nos gusta la salud y el ejercicio físico. ¡Punto a favor!

Irónicamente, yo había sido su primera visita y ella era mi única conexión. Nos enviamos textos toda la noche y decidimos conocernos en persona al día siguiente.

La ‘cita’ era muy relajada. Sugerí que montáramos en bicicleta por el puerto de Long Beach para conocernos un poco mejor. Después, si las cosas salían bien, podríamos quizás cenar.

Darlene era absolutamente preciosa. No podía quitarle mis ojos de encima. Tuvimos grandes conversaciones y decidimos continuar con nuestra cita en un restaurante de comida tailandesa en el distrito artístico East Village, de Long Beach.

Después de la cena, nos sentamos en el sofá de mi departamento y hablamos toda la noche. Yo no quería que se fuera y no podía esperar a verla de nuevo. Finalmente, tuve esa oportunidad unos pocos días después, cuando miramos juntos los fuegos artificiales por el Cuatro de Julio, en la playa, el año pasado.

Las cosas iban muy bien. Pasó un poco más de un mes y, mientras tomábamos el desayuno en mi balcón, tuve una sensación que nunca antes había experimentado. Al principio dudé en decirlo en voz alta, pero al final salió: “Podría acostumbrarme a esto”. Era una frase simple, pero sabía exactamente lo que significaba, y ella también. Los sentimientos eran mutuos, y ambos lo sabíamos.

Menos de un mes más tarde quitamos algunas de mis fotos personales y las reemplazamos con retratos de su familia y de nosotros. Ella se mudó a casa; mi departamento se convirtió en nuestro departamento.

Exactamente un año después de nuestro primer paseo en bicicleta celebramos con una escapada de fin de semana a la Isla Catalina. Yo sabía que ella esperaba mi propuesta de matrimonio mientras estábamos allí; era algo sencillo.

En la noche de nuestro gran aniversario fuimos al mejor restaurante de la isla con ropas nuevas que compramos para la ocasión, pero no había un anillo en ninguna parte. Pude sentir su decepción cuando nos fuimos a acostar esa noche. Al día siguiente, en fila para abordar el transbordador Catalina Flyer, estaba desolada; su dedo seguía desnudo.

Sin embargo, desconocía que tenía una sorpresa para ella en Long Beach. Cuando nos bajamos del bote, puse mis maletas en el piso y le pedí que esperara mientras iba al baño. Mi amigo estaba allí, esperándome con un cambio de ropa y el más hermoso anillo de diamantes que uno se pudiera imaginar. Rápidamente me puse mi traje, tomé el anillo y di una respiración profunda. Era hora de actuar.

Su madre y hermano habían viajado desde Nueva York para la ocasión especial y, tal como estaba planeado, salieron de donde estaban escondidos para sorprenderla. Después de un largo abrazo con su madre, Darlene se dio vuelta y me encontró de rodillas. Le pedí que se casara conmigo en polaco, su primer idioma. La escena parecía salida de una película; no podría haber sido más perfecta.

Llevamos comprometidos cuatro maravillosos meses, y nos casaremos este domingo. El lunes, saldremos desde LAX para viajar por el mundo durante más de tres meses, mientras vemos crecer nuestra relación como recién casados. ¿Noticias aún más emocionantes? Nuestro bebé llegará el 30 de mayo.

Ninguno de nosotros había imaginado que hallaría a alguien tan perfecto con quien compartir la vida, y mucho menos a través de una aplicación de citas.

Pero somos la prueba de que, incluso las personas más exigentes pueden encontrar su media naranja en L.A.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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