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Se desata un acalorado debate entre Salma Hayek, Jessica Williams y Shirley MacLaine

Salma Hayek (centro), junto con Shirley MacLaine (izq.) y la directora Dee Rees, la autora Sarah Broom y otras personalidades, en un almuerzo que celebró el cine impulsado por mujeres, en Sundance (Vivien Killilea / Getty Images for Glamour).

Salma Hayek (centro), junto con Shirley MacLaine (izq.) y la directora Dee Rees, la autora Sarah Broom y otras personalidades, en un almuerzo que celebró el cine impulsado por mujeres, en Sundance (Vivien Killilea / Getty Images for Glamour).

“¿Es éste tu abrigo de lana?”, preguntó Alfre Woodard mientras se sentaba en una larga mesa cubierta con un lino italiano color púrpura. “Soy alérgica a la lana. Nunca puedo usar nada bonito”, le respondieron.

Bajo el cavernoso y abovedado techo de una mansión de montaña, con una entrada climatizada, un arroyo interior y una hilera de llamas falsas que vigilaban la escalera de piedra, Woodard sorbió una cucharada de sopa crema vegana preparada por Cat Cora, chef de celebridades. Cerca de ella, Marti Noxon, una de las creadoras de la serie de Lifetime “Unreal”, conversaba sobre su ópera, “To the Bone”, que vendería al día siguiente a Netflix por ocho millones de dólares.

Aquí, en el hogar de la directora ejecutiva y fundadora de ChefDance, Mimi Kim, Woodard, Shirley MacLaine, Elle Fanning y Jill Soloway fueron solo una parte de un formidable grupo reunido por el Festival de Sundance para un almuerzo que celebró a las mujeres en el cine.

Cindi Leive, editora en jefe de Glamour, explicó cómo la revista se había asociado con Girlgaze, una iniciativa digital para mujeres detrás de la cámara creada por la fotógrafa y anfitriona de un talk-show Amanda de Cadenet. Ambas querían explorar la posibilidad de apoyar a las cineastas a través de sus respectivas plataformas.

Si bien estas ocasiones generan muchos momentos para el intercambio de tarjetas profesionales y fotos para Instagram, las discusiones abiertas y sinceras generalmente se limitan a palabras educadas y de estímulo, e historias de fortalecimiento.

Con ese espíritu, De Cadenet presentó la idea de los mentoreos para las mujeres en ascenso dentro de la industria. La directora Kimberly Pierce habló de la importancia de no alejarse del placer femenino en la pantalla, y contó una historia sobre cómo la MPAA cuestionó que el orgasmo femenino que se muestra en su film “Boys Don’t Cry” había durado demasiado.

Allí la conversación pasó al tema del nuevo presidente. “Mi sensación”, dijo Salma Hayek, “es que estamos a punto de ir a la guerra”. También compartió una advertencia. La actriz, quien estaba en Sundance para presentar “Beatriz at Dinner”, de Miguel Arteta, acordó que se deben contratar más mujeres para que las voces femeninas puedan seguir siendo reconocidas por el nuevo gobierno. “Pero debemos ser cuidadosas y no caer en la victimización. No quiero que me contraten porque soy una mujer. Quiero que vean que soy fabulosa. No me den un trabajo porque soy mujer, eso es condescendencia”, manifestó.

Shirley MacLaine, de 82 años y vestida un traje púrpura y rosado en honor a las marchas femeninas del sábado anterior, intervino para remarcar que Donald Trump presentaba un desafío “a nuestras democracias internas” e instó a todas a explorar “la identidad clave”.

Luego tomó la palabra Jessica Williams (27), excorresponsal de “Daily Show” que participó de Sundance como estrella de “The Incredible Jessica James”, de Jim Strouse. “Tengo una pregunta para ti”, le dijo a MacLaine. “Mi pregunta es: ¿Qué ocurre si eres una persona de color, o alguien transgénero, que sólo por su aspecto ya están en conflicto?”.

“Cierto, pero cambia tu punto de vista”, respondió MacLaine. “Cambia el punto de vista de la víctima. Vuelvo a decir: hay que hallar la democracia interna”.

“Disculpas”, interrumpió Hayek. “¿Puedo hacerte una pregunta a ti?”

“Claro que sí, señora”, dijo Williams.

“¿Quién eres tú cuando no eres negra y no eres mujer? ¿Quién eres y qué tienes para dar?”

Williams respiró hondo. “Mucho. Pero algunos días, soy sólo negra y mujer”, afirmó. “No es mi elección. Yo sé quién soy; sé que soy Jessica y soy la mejor en el planeta que conozco”.

“No, no, no”, intervino Hayek. “Tómate tiempo para reflexionar. Esa es la trampa. Hay mucho más”.

“Cierto”, coincidió MacClaine. “Hay más adentro”.

Williams, cuyo discurso en la marcha de las mujeres en Sundance fue elogiado como uno de los más poderosos y efectivos de la semana pasada, miró hacia abajo y reconoció que le costaba expresarse bien. Peirce intentó ayudarla, diciendo que cuando ella sale vestida de forma masculina genera malestar, de la misma manera en que Williams puede generarlo como mujer negra.

Pero eso no fue todo. Después de unos momentos de reflexión, Williams volvió a dirigirse a Hayek. “Creo que lo que dices es válido, pero también creo que no se aplica a todas las mujeres. Eso es imposible”.

“¿Qué parte de ello es imposible?”, respondió Hayek. “Le estás poniendo atención a cómo se siente el otro”.

“Porque debo hacerlo”, aseguró.

“Si tienes que hacerlo, entonces hazlo. Quizás ése es tu camino. Pero yo quiero inspirar a otras personas para que sepan que es una elección”.

Allí fue cuando Dee Rees, realizadora de “Mudbound”, quien momentos antes se había presentado como una directora negra y queer, intervino. En el almuerzo, dijo, no se sentía como una amenaza para nadie, pero en la fila del banco, por ejemplo, las cosas eran diferentes. “No me veo como una víctima”, resaltó. “Jessica no se ve como una víctima. Pero así es como otros te leen”, expresó.

“También creo que la palabra ‘víctima’… creo que me ha molestado”, replicó Williams. “Cuando hablo de feminismo, a veces siento que ser una mujer negra es desechado. Siempre siento que lucho con mi feminidad y mi deseo de que el mundo sea mejor, y con mi negrura, que es lo opuesto a la blancura”.

Cora, quien había estado en la cocina preparando un estofado de cordero y halibut, apareció para compartir que creció siendo homosexual en Mississippi, donde fue abusada sexualmente a los seis años de edad. Sin importar la experiencia individual, dijo, solo deseaba que todas las mujeres se apoyaran entre sí.

El giro de la charla fue abrupto, y Soloway, creadora de “Transparent”, volvió a Williams para pedirle que siga hablando. “Con feminismo interseccional, es nuestra responsabilidad como mujeres blancas reconocer que cuando hay gente de color u homosexuales necesitamos priorizar sus voces, permitirles hablar más fuerte y aprender de su experiencia, porque no las hemos escuchado. Así que, por favor, Jessica, termina lo que estabas diciendo”.

Visiblemente incómoda, Williams continuó y expresó que quería animar a que todas las presentes en la sala prestaran atención especial a las mujeres de color y las LGBT. “Creo que no debemos hablar más acerca de mujeres negras”, señaló. “No hay que asignar etiquetas”.

“¿Qué significa eso de ‘hablar más acerca de’?”, preguntó Hayek.

“Proyectar tus ideas sobre mí”, dijo Williams. “Creo que hay un temor… Si presentamos la idea de ‘las mujeres negras la han pasado un poco más difícil en este país’, lo cual es cierto, tanto para mujeres negras como para mujeres trans, eso no invalidará tu experiencia. Realmente te ruego que no lo tomes personal”.

Williams continuó y habló de Planned Parenthood para apoyar su argumento. Aunque muchas mujeres pueden confiar en la clínica, dijo, cuatro de cada cinco pacientes son mujeres de color.

“Entonces, cuando dices mujeres de color”, comenzó Hayek, pero advirtió que Williams no estaba haciendo contacto visual. “Jessica, ¿te importa si te miro a los ojos?”, volvió.

Williams apenas levantó la vista. Sin embargo, el ida y vuelta continuó, y Hayek cuestionó si ella era considerada una mujer de color. Casi todo el mundo en la habitación respondió que Hayek lo era.

“¿No resolvería el tema si las mujeres sólo nos apoyáramos unas a otras, en general?”, preguntó Cora, súbitamente.

“Seguro”, dijo Pierce. “La cuestión es que sí, todas podemos trabajar juntas, pero tenemos que reconocer que las mujeres negras tienen una experiencia diferente. Ella está luchando y nosotros seguimos callándola”.

“No creo que nadie aquí la esté haciendo callar”, replicó Cora.

“¿Puedo interrumpir, porque siento que no me han comprendido”, agregó Hayek. “No estoy callando a nadie, me siento incomprendida en una cuestión: también deberíamos tener curiosidad por nuestro cerebro; por ser la mejor versión de nosotras. Eso es lo que intentaba decirte. No pasemos todo el tiempo enojadas, sino investiguemos”.

“Nena, soy mexicana y árabe”, continuó la actriz, dirigiéndose a Williams. “Soy de otra generación, cuando esto ni siquiera era una posibilidad. Mi generación decía: ‘Vuelve a México. Nunca serás algo más que una criada en este país. ¡Lo decían los presidentes de los estudios! No había movimiento alguno; las mujeres latinas no estaban ni cerca del sitio donde hoy están ustedes. Yo fui la primera. Tengo 50 años, por eso comprendo”.

“No, no comprendes”, respondió Williams, moviendo su cabeza sigilosamente.

Leive intentó terminar la conversación alertando que muchas de las presentes debían abordar sus vuelos. Pero quedó claro que, a pesar de la incomodidad palpable, acababa de ocurrir una discusión importante. Rara vez las mujeres prominentes de Hollywood expresan opiniones tan censuradas.

En los días posteriores a las marchas de mujeres que registraron récords de presencia en todo el país, fue tentador ver a estas mujeres como una fuerza unificada, pero todavía quedan discusiones espinosas por tener, antes de que todas se tomen de las manos y comiencen a cantar “Kumbaya”.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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