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Remueven enorme solitaria del cerebro de un hombre de California

A finales de agosto, cuando le comenzaron los dolores de cabeza, Luis Ortiz trató de ignorarlos. Pero luego empezó a desorientarse y cuando empezó a vomitar, su madre lo llevó de prisa al hospital, donde el neurocirujano Soren Singel encontró al verdadero culpable: una solitaria se había alojado en su cerebro.

Luis Ortiz no puede recordar mucho de su estadía de casi tres meses en un hospital este otoño. Su roce con la muerte se inició con un intenso dolor de cabeza.

Ortiz fue llevado a un hospital de Napa Valley después de sufrir dolores tan debilitantes que le hacían vomitar. En las profundidades de su cerebro se encontraba atrapada una solitaria viva, encontraron los médicos.

“Todavía se contoneaba y se movía”, explicó Ortiz, quien es nativo de Napa y tiene 26 años de edad.

Los médicos no saben cuánto tiempo la lombriz había estado viviendo dentro de Ortiz, pero probablemente encontró su camino, desde otra parte de su cuerpo hasta su cerebro, asentándose en un ventrículo en el centro del mismo, dijo Janet Bruneau, una enfermera de cuidados intensivos en Queen of the Valley Medical Center.

Es un misterio como entró el parasito al cuerpo de Ortiz. Cabe la posibilidad de que se pudiera haber infectado al nadar en un lago infectado o al comer cerdo crudo o frutas y verduras sucias. Pero el no recuerda haber hecho ninguna de esas cosas.

América Latina, Asia y África, donde la higiene deficiente ligada a la pobreza es más frecuente, son los lugares donde las infecciones por solitaria son frecuentes, sobre todo en los países en desarrollo, según los Centers for Disease Control (centros para el control y la prevención de enfermedades).

Los pacientes pueden adquirir tenias cuando comen o entran en contacto con alimentos, agua u otras superficies contaminadas con los huevos de la lombriz. La enfermedad puede causar la muerte en casos donde la tenia forma quistes que se propagan al cerebro y la médula espinal.

Si Ortiz se hubiera demorado media hora más antes de ir al hospital, su condición podría haber resultado mortal.

Los problemas médicos de Ortiz comenzaron a finales de agosto, cuando empezaron los dolores de cabeza fuertes.

Su recuerdo de ese día es borroso, pero sí recordó viajar desde Sacramento hasta Napa para visitar a su familia. Ortiz es alumno de la Universidad estatal de Sacramento, donde estudia psicología y ciencia.

Después de llegar a casa, se encontró con un amigo y se fue a andar en patineta. Fue entonces cuando sus problemas comenzaron. Él perdió el conocimiento varas veces y decidió regresar a casa.

Una vez en casa, empeoró su dolor de cabeza, y comenzaron los episodios de vómito.

“Mi cabeza palpitaba fuertemente”, Ortiz recordó.

Cuando se desmayó, sus padres lo llevaron al hospital, donde los médicos inmediatamente realizaron un examen de rayos x por tomografía computarizada y descubrieron la inflamación en su cerebro.

Para aliviar la presión en su cerebro, los médicos hicieron un pequeño agujero en su cabeza para drenar. A continuación, los médicos realizan un examen de rayos x más detallado de su cerebro para tener una mejor idea de lo que estaba causando la inflamación y la obstrucción de líquidos.

La radiografía mostró un quiste tipo esfera de un centímetro de diámetro. Un examen más atento reveló que se trataba de un “pequeñísimo gusano”, o un scolex, el final de una solitaria con ventosas que se adhieren al cuerpo, dijo Bruneau.

La condición de Ortiz se deterioró rápidamente, y los doctores no tuvieron otro remedio que extraer el gusano, lo que requirió de un neurocirujano con mano hábil.

Dr. Soren Singel tuvo que crear un mapa del cerebro y de la cabeza de Ortiz, y luego utilizar un sistema de navegación del cerebro y un dispositivo tipo endoscopio para llegar al quiste.

Bruneau dijo que la mejor manera de describir la complicada cirugía como si se estuviera parado en el extremo de una habitación de 20 pies, y luego tener que utilizar un popote o pajilla para llegar a un punto o una marca en el otro lado de la pared.

La cirugía se complica aún más por los riesgos de ruptura del quiste y de que se derrame su contenido sobre el cerebro, posiblemente dando por resultado una infección.

Singel fue capaz de eliminar todo el quiste con seguridad.

Este suplicio dejó a Ortiz con cierta pérdida de memoria. Necesitaba terapia cognitiva y rehabilitación, pero él salió de la terapia antes de Halloween.

“Simplemente estoy feliz de estar vivo”, expresó Ortiz. “Tuve suerte”.

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