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Redadas encubiertas: ¿a la caza de homosexuales o tras la seguridad de un parque?

Rory Moroney fue arrestado por la policía de Long Beach en 2014, en una redada encubierta por conductas lascivas; un juez dictaminó ahora que el operativo fue discriminatorio (Luis Sinco/Los Angeles Times).

Rory Moroney fue arrestado por la policía de Long Beach en 2014, en una redada encubierta por conductas lascivas; un juez dictaminó ahora que el operativo fue discriminatorio (Luis Sinco/Los Angeles Times).

(Luis Sinco / Los Angeles Times)

Sentados en coches a lo largo del parque, cuatro oficiales de policía de Long Beach esperaban el momento adecuado para atacar.

La inocua señal que los impulsó a la acción se produjo cuando vieron a un hombre de mediana edad cerrar su computadora portátil y avanzar hacia un baño público, conocido en la zona por ser un sitio donde los hombres mantienen relaciones sexuales. Uno de los oficiales encubiertos lo siguió hasta allí.

En cuestión de segundos, la policía llevaba al hombre nuevamente hacia el exterior, esposado. Su delito: exhibirse físicamente ante el oficial.

El arresto, realizado en 2014 en Recreation Park, marcó otro éxito para la brigada antivicio de la ciudad. Pero la operación encubierta, que fue fuertemente criticada por un juez hace poco tiempo, también ejemplificó una táctica policial tan antigua como polémica, que muchas de las mayores agencias del orden en California han abandonado silenciosamente en los últimos años, en medio de fuertes críticas y cambios en las actitudes sexuales.

En Los Ángeles, Long Beach y otras áreas donde perduran las operaciones encubiertas para este tipo de conductas lascivas, la policía las defiende como una herramienta importante para la captura de personas que violan la ley y para disuadir a otros de intentar tener relaciones sexuales en parques y áreas públicas utilizadas por las familias y los niños.

Los activistas de los derechos de los homosexuales no aprueban el sexo en público, pero siempre han condenado y señalado estas maniobras como una suerte de trampa que señala injustamente a los hombres homosexuales solteros, a veces con consecuencias devastadoras. El tema fue debatido por décadas, pero en los últimos años, los críticos de estas operaciones han sumado aliados a medida que las actitudes públicas acerca de la homosexualidad y los derechos de los homosexuales cambiaron.

Los agentes encubiertos, sostienen los críticos, a menudo intercambian señales de coqueteo y arrestan a hombres que piensan que sus avances son bienvenidos, cuando no hay nadie más cerca que pueda verse ofendido por la conducta. También afirman que las redadas pueden hacer caer en la trampa a hombres que, de otro modo, no hubieran buscado sexo y que rara vez, o nunca, dirigen su atención hacia personas heterosexuales.

Nadie defenderá las conductas lascivas, pero hay una diferencia cualitativa entre los delincuentes sexuales y la gente que se involucra en conductas poco decorosas.- Jeffrey Prang, asesor del Condado de Los Ángeles.

Bajo la ley estatal, las personas que son condenadas por exhibicionismo deben registrarse como delincuentes sexuales y se enfrentan a posibles penas de cárcel. Algunos han perdido sus puestos de trabajo y otros se suicidaron.

“Nadie defenderá las conductas lascivas, pero hay una diferencia cualitativa entre los delincuentes sexuales y la gente que se involucra en conductas poco decorosas”, señaló Jeffrey Prang, asesor del Condado de Los Ángeles quien es homosexual y exasistente especial del consejo consultivo LGBT del Departamento del Sheriff. “Criminalizarlos no es hacer justicia. Uno debe sólo lograr que dejen de hacer eso”.

Los tribunales también han planteado preguntas acerca de estos operativos, e invalidaron numerosos procesos en diversas partes del estado. En algunos casos, los jueces no encontraron ningún delito debido a que el agente encubierto había transmitido interés sexual al objetivo y no había terceros allí que pudieran ofenderse por la conducta lasciva. El mes pasado, un juez del Condado de Los Ángeles desestimó los cargos en un caso derivado de la maniobra realizada en Long Beach en 2014, alegando que la policía había discriminado a los homosexuales.

Muchos organismos policiales han descartado estos procedimientos debido a las demandas, o después de diferentes reacciones políticas. L.A. Times contactó a policías en San José, Anaheim, Glendale, San Francisco, Bakersfield, Beverly Hills y Laguna Beach, entre otras agencias. Representantes de cada una de ellas señalaron que sus departamentos no habían utilizado ese tipo de redadas encubiertas en años.

Los oficiales dijeron que finalmente consideraron las operaciones como ineficaces o innecesarias, luego de notar una fuerte caída en las quejas por sexo en sitios públicos en una época en que los hombres pueden fácilmente hallar parejas sexuales en sitios de internet y aplicaciones de citas, como Grindr.

Algunas ciudades hallaron alternativas para afrontar el problema de la ‘cacería’, o el acto de buscar sexo anónimo en la calle. Sus departamentos ahora colocan agentes uniformados cerca de los sitios clave o refuerzan la iluminación y podan los árboles y arbustos en áreas donde esas prácticas son habituales. “La conclusión es que hay cosas mucho más importantes en las que la brigada antivicio debe trabajar, como por ejemplo el tráfico sexual y la explotación sexual”, aseguró el comandante del Sheriff del Condado de Los Ángeles, Merrill Ladenheim, quien lidera el grupo de trabajo contra la trata de personas. “Realmente estamos enfocando nuestros esfuerzos en esos otros delitos donde hay claramente una víctima”.

Funcionarios de LAPD afirman que en los últimos años han avanzado en la realización cada vez menos frecuente de operaciones encubiertas de este tipo. En 2007, la agencia renovó su política de conducta lasciva para que sus oficiales empleen estos operativos “sólo como el último recurso”.

Pero cuando las tácticas alternativas fallan, el departamento no tiene más remedio que desplegar agentes como señuelo, afirmó el capitán Andy Neiman, principal portavoz de LAPD. Aunque las conductas lascivas han caído drásticamente en los últimos años Neiman dijo que las redadas encubiertas se emplearon en 11 oportunidades desde 2014 para apagar los focos persistentes de ‘cacerías’ sexuales.

A menudo, las quejas provienen de personas preocupadas por actos sexuales en sitios públicos, como bibliotecas y calles residenciales, donde los niños podrían ser testigos de ello. “Uno debe hacer cumplir la ley cuando hay una queja”, remarcó Neiman.

El uso de policías encubiertos para captar homosexuales en el sur de California se remonta a principios del siglo XX, cuando las relaciones entre personas del mismo sexo eran ilegales, señaló Lillian Faderman, historiadora y autora de “Gay L.A.: A History of Sexual Outlaws, Power Politics, and Lipstick Lesbians”.

Según el libro de Faderman, los pioneros fueron W.H Warren y B.C. Brown, “especialistas en temas de vicios” que merodeaban los baños públicos y otras áreas mientras realizaban lo que llamaban “campañas puritanas” dirigidas a homosexuales en Long Beach y Los Ángeles. La autora agrega que sus métodos sirvieron de modelo para las operaciones encubiertas en el sur de California.

La dupla no poseía entrenamiento policial previo, pero se les otorgó a ambos placas de policía en ambas ciudades. Se les pagaba por cada arresto y ofrecieron sus servicios a otras grandes ciudades. En 1914, el L.A. Times reportó una operación en la cual se había arrestado a 31 hombres acusados de mantener relaciones homosexuales en clubes privados de Long Beach. El alcalde y el jefe de policía galardonaron a Warren y Brown con una proclama que señalaba que su trabajo “libraba a la ciudad de una clase peligrosa, que amenazaba la moral de los jóvenes de la comunidad”.

Poco después de las detenciones, uno de los hombres, un importante banquero y funcionario de la iglesia, se suicidó mediante la ingesta de cianuro. El miedo de que otros hombres hicieran lo mismo hizo que la ciudad prohibiera temporalmente la venta de sustancias tóxicas, había informado el Times en aquel entonces.

En décadas más recientes, las agencias de policía que empleaban operativos encubiertos las defendían como una forma efectiva de responder a las quejas en las áreas popularmente conocidas por esas conductas. Las operaciones señuelo son necesarias para concretar detenciones, alegaban los oficiales, porque la conducta lasciva es un delito menor que requiere que los oficiales presencien el hecho para justificar el arresto.

“Estos son parques públicos, que atraen a niños y familias”, afirmaba el sargento de Bakersfield Gary Carruesco, cuyo departamento dejó de llevar a cabo las redadas cuando un juez las consideró como una práctica discriminatoria, en 2005. “Obviamente, ellos podrían ir al baño y ser testigos de este tipo de cosas”.

El concejal de West Hollywood John Duran, un abogado que ha representado a hombres por supuestas conductas lascivas durante 30 años precisó que sus clientes típicos eran los “gay no asumidos o los hombres bisexuales que tenían encuentros prohibidos en lugares públicos”. Muchos de ellos, dijo, tenían baja autoestima y se dedicaban a las ‘cacerías’ sexuales porque pensaban que no eran dignos de tener intimidad con un compañero.

Pero el movimiento LGBT, expresó Duran, quien es homosexual, “ha generado nuevas generaciones de personas abiertas y orgullosas, que sienten que sí pueden tener encuentros sexuales saludables”. El creciente apoyo público a los derechos de los homosexuales y la presencia de agentes abiertamente homosexuales en los departamentos de policía ha puesto presión para que las agencias dejen de usar ese tipo de operativos, explicó.

Las últimas operaciones señuelo generaron severas críticas. La policía de Palm Springs desató la indignación pública cuando los oficiales arrestaron a 19 hombres en una redada encubierta en un barrio conocido por sus resorts para gays. En las grabaciones de audio de la operación se escucha a un detective y el jefe de policía haciendo comentarios despectivos sobre los hombres detenidos. Poco después, el jefe de policía renunció, y el departamento no volvió a emplear la táctica, señaló un vocero.

En 2012, la policía de Manhattan Beach fue condenada por publicar las fotos de prontuarios de hombres que habían sido arrestados en un operativo por conductas lascivas. La policía informó en ese momento que los salvavidas locales habían hallado gráficas imágenes sexuales en las paredes de los baños, y agujeros perforados entre los compartimientos.

Un hombre demandó a la ciudad, alegando que fue falsamente arrestado y que su fotografía y nombre habían sido dados a conocer a los medios. El departamento dejó de emplear estas tácticas poco después, informó el sargento Paul Ford, supervisor de la oficina de detectives de la agencia.

En Long Beach, activistas por los derechos de homosexuales afirmaron estar preocupados -y sorprendidos- de ver que aún hoy se organizan redadas encubiertas en una ciudad con una comunidad LGBT tan vibrante y un alcalde abiertamente gay.

La policía de Long Beach arrestó a más de dos docenas de hombres durante operativos encubiertos realizados entre 2012 y 2014, según Bruce Nickerson, un abogado de derechos civiles.

Uno de esos hombres fue Rory Moroney, quien fue detenido en Recreation Park, en 2014. El día en que fue arrestado, Moroney dijo que estaba usando su computadora portátil en el parque para buscar trabajo. Él estaba al tanto de la reputación que tenía el baño de hombres del parque, pero no había ido allí en busca de sexo, señaló. Moroney, de 50 años, aseguró que iba a lavarse las manos cuando vio a un hombre de pie, en una casilla, con los pulgares metidos por encima del cinto, sonriendo y asintiendo con la cabeza, y pensó que estaba coqueteando con él. “Ellos estaban incitando. Eso no está bien”, afirmó Moroney. “Me hicieron morder el anzuelo; me tendieron una trampa”.

El 29 de abril pasado, el juez Halim Dhanidina, del Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles, coincidió con Moroney y desestimó los cargos. El magistrado señaló que la unidad antivicio de Long Beach había realizado una serie de redadas durante dos años utilizando únicamente oficiales de sexo masculino para detener a sospechosos varones que buscan relaciones sexuales con otros hombres.

Dhanidina halló que los operativos habían sido “indicativo de animadversión hacia los homosexuales”. El juez también dictaminó que “la presencia y tácticas de los agentes encubiertos realmente causaron que se produzcan los delitos”.

La policía de Long Beach afirmó que actualmente llevan a cabo estas redadas sólo en respuesta a las quejas de la comunidad. El comandante Paul Lebaron, quien supervisa la división de detectives de la ciudad -incluyendo la división antivicio- dijo que el departamento agota otras tácticas primero, antes de usar los operativos encubiertos como último recurso. Lebaron, quien no estaba a cargo de los operativos antivicio cuando Moroney fue arrestado, precisó que la agencia llevó a cabo sólo un operativo de estos desde enero de 2015.

La oficina del fiscal de la ciudad no ha dicho si apelará la decisión del juez. Nickerson señaló que planea argumentar ante el tribunal que los cargos contra los otros 27 hombres arrestados en las redadas realizadas entre 2013 y 2014 deban ser invalidados.

El alcalde Robert Garcia afirmó que desconocía estos procedimientos y que la ciudad ahora está revisando las políticas al respecto. “Veo a Long Beach como un lugar progresista, que cree en la justicia y la dignidad para todos”, aseguró. “Por eso, cuando escucho que ocurre algo que podría oponerse a ese espíritu, me siento alarmado”.

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