Pink Pistols, un grupo LGBT que simplemente quiere defenderse

Pink Pistols, un grupo LGBT que simplemente quiere defenderse

Jonathan Fischer nunca sabe quién se sorprenderá más cuando -como a él mismo le gusta decirlo- ‘salga del clóset armado’: si los aficionados a las armas al enterarse de que él es gay, o sus amigos gay al descubrir que le gusta disparar armas de fuego.

Cuando este editor de televisión, de 38 años de edad, se presentó el mes pasado a una clase de defensa con armas realizada cerca de Piru con una pistola Glock 27 en su cadera, llevaba una camiseta con una ilustración de un rifle A-47 con los colores del arco iris. “Es mi K-47 gay”, bromeó.

En los días posteriores al ataque fatal en el club gay Pulse, de Orlando, Florida, donde murieron 49 personas, Fischer quiso hacer algo para contribuir con la seguridad de su comunidad. Por ello dio inicio a la sede de West Hollywood del grupo Pink Pistols (Pistolas rosadas), una agrupación nacional de armas y orientación LGBT. “Si alguien intenta ingresar a mi casa, o si alguien está armado, no quiero luchar con un cuchillo de cocina”, afirmó. “Y no creo que eso sea ser extremista o una locura”.

Es un marcado contraste con la forma en que la inmensa mayoría de activistas y organizaciones LGBT respondieron a la matanza de Orlando, que inundó de llamadas telefónicas al gobierno para pedir un mayor control de armas.

Como consecuencia de ese tiroteo masivo, algunos bares gay, como Abbey en West Hollywood, reforzaron su seguridad. El mismo día del ataque en Orlando, el desfile anual del orgullo gay en L.A. se vio sacudido por la detención de un hombre fuertemente armado que se dirigía al evento.

Pero pese a toda la ansiedad causada por el caso de Orlando, muchos activistas homosexuales sostienen que armarse no es la respuesta adecuada. “Algunos dicen que se necesita de un arma para protegerse. Nosotros estamos en desacuerdo”, aseguró Rick Zbur, director ejecutivo de Equality California. “No queremos vivir en un mundo donde tengamos que estar armados para vivir nuestra cotidianidad”.

Pero para una pequeña porción de la comunidad, Orlando fue un llamado a las armas. Cuando el instructor en el campo de tiro ubicado cerca de Piru le preguntó a cada persona en la clase por qué se encontraba allí, Fischer enumeró varias razones y mencionó al grupo Pink Pistols.

“¿Qué es Pink Pistols?”, cuestionó un hombre.

Hubo una pausa.

“Somos un… un grupo gay armado”, respondió Fischer, vacilante, y procedió a explicar más rápidamente.

“Eso es genial”, dijo el hombre, moviendo la cabeza de modo tranquilizador.

El interés en Pink Pistols se ha incrementado desde el ataque en Orlando, y nuevas sedes se abrieron en todo el país, entre ellas la de West Hollywood, y otra en North Hollywood. Recibieron tal apoyo por parte de los entrenadores de tiro, muchos de ellos heterosexuales, que el sitio web de Pink Pistols tiene ahora un mapa que lista a los instructores progay (o gay friendly) en cada estado.

En la semana del ataque aparecieron numerosas referencias a la bandera de Gadsden con los colores del arco iris y el hashtag #ShootBack (Contraataque) en West Hollywood, donde se estima que un 46% de la población se identifica como lesbiana, hay, bisexual o transgénero. Las autoridades de la ciudad se mostraron indignadas por ello. “Incluso durante los peores días de desobediencia civil y protestas, sólo hemos abogado por medios pacíficos, jamás nos hemos armado ni tomado represalias con violencia”, señaló el concejal John Duran, quien también se identifica como gay.

Gwendolyn Patton, vocera a nivel nacional de Pink Pistols, intentaba el viernes pasado responder las muchas preguntas recibidas acerca de la organización y cómo iniciar nuevas sedes. “A la gente no le gusta sentirse impotente”, aseguró Patton, residente en las afueras de Filadelfia y quien se identifica a sí misma como lesbiana.

El grupo Pink Pistols ha recibido una respuesta mayormente negativa de la comunidad LGBT en general, explicó. Algunos centros LGBT le han específicamente prohibido a la agrupación el uso de sus instalaciones. La organización data de 2000, cuando el autor y periodista gay Jonathan Rauch escribió un artículo para Salon.com donde convocaba a las personas homosexuales a “formar grupos de tareas con pistolas rosas (Pink Pistols), sacar su licencia para portar armas y proteger a sus comunidades”. “No todas las personas homosexuales necesitarán llevar armas, siempre y cuando los atacantes de los gay no sepan precisar quiénes sí las portan”, escribió Rauch.

El autor aseguró a The Times que escribió ese artículo motivado por el brutal asesinato del estudiante universitario homosexual Matthew Shepard. Según Rauch, eso hizo tomar conciencia a mucha gente acerca de un tema que los gay habían sabido desde siempre: “que estábamos en el blanco del terrorismo cotidiano”. “Hay muchos estereotipos antigay en los EE.UU., y se debe fundamentalmente a nuestra propia debilidad: la gente nos llama ‘afeminados’ o ‘hadas’”, dijo Rauch. “Con los años, muchos homosexuales se convencieron de esos estereotipos y asumieron que somos débiles e indefensos, y por supuesto que no lo somos”.

La primera sede de Pink Pistols -que tomó su nombre directamente del artículo- comenzó en Boston, justo después de la publicación de éste. Hoy en día, el grupo cuenta con 50 sedes entre los EE.UU. y Canadá.

Aunque el grupo no está, según Patton, afiliado con la Asociación Nacional del Rifle, ha trabajado con ellos y se ha involucrado más en el conflicto por el control de armas. Pink Pistols presentó un escrito amicus en la apelación del caso Peruta versus el Condado de San Diego -en el cual la corte dictaminó en junio pasado que la Segunda Enmienda no confiere a la gente el derecho de llevar armas ocultas en sitios públicos, y que las autoridades locales deben exigir que las personas demuestren una “buena causa” antes de emitir los permisos para hacerlo-. 

“Deseamos disipar la caricatura engañosa e insultante de que quienes apoyamos la Segunda Enmienda somos incultos, desdentados, pueblerinos con ropa de fajina o impostores de militares, mórbidamente fascinados con las armas de fuego”, afirma el escrito. Debido a que las personas LGBT son frecuentemente objeto de violencia, tienen “la aguda necesidad de llevar armas para defensa personal”, argumenta la agrupación, y agrega: “Sin defensa propia, no hay derechos de los homosexuales”.

Pink Pistols y otros grupos LGBT que han impulsado un mayor control de armas citan la violencia contra las personas homosexuales como razón para sus puntos de vista dispares. Una quinta parte de los 5,462 crímenes de odio reportados al FBI en 2014 -el año del cual provienen los datos más recientes- se cometieron debido a la orientación sexual de la víctima o a su identidad como transexual. La cifra es mayor que la registrada por motivos religiosos, y sólo superada por los crímenes de odio por temas raciales. Los expertos sostienen que el número es desproporcionado, debido al tamaño relativamente pequeño de la comunidad LGBT.

En el condado de Los Ángeles, los datos preliminares de 2015 muestran que los crímenes de odio contra personas LGBT han alcanzado su máximo nivel de violencia en una década, afirmó Robin Toma, director ejecutivo de la Comisión de Relaciones Humanas del condado, que efectúa el seguimiento de estos crímenes desde 1980.

“Orlando dejó muy en claro que deberíamos estar trabajando en leyes de seguridad de las armas con sentido común”, afirmó Zbur, de Equality California. La organización presionó fuertemente este verano por lograr un paquete de leyes estatales de control de armas, incluyendo una medida promulgada por el gobernador Jerry Brown que requiere que los californianos que compran municiones se sometan a controles de antecedentes. Zbur considera que Pink Pistols es un “grupo muy pequeño pero que se hace escuchar con fuerza”.

Desde el ataque en Pulse, más de 100 organizaciones LGBT han firmado una petición para pedir leyes de control de armas. El Centro LGBT de Los Ángeles incluye ahora ese tema en sus discusiones semanales de temas varios, y un creciente y nuevo grupo llamado Gays Against Guns (Gays contra las armas) ha llevado adelante protestas en todo el país.

En una importante encuesta de 2013, realizada por Pew Research Center entre estadounidenses de la comunidad LGBT, se descubrió que los homosexuales apoyaban más fuertemente el control de armas que el público en general. Una clara mayoría de los adultos LGBT (el 64%) afirmó que era más importante controlar la propiedad y tenencia de armas que proteger el derecho de portación, contra un 36% que respondió lo contrario. La población general se dividió casi por igual respecto de este tema: un 50% afirmó que es más importante el control, mientras que el 48% respondió que lo prioritario es el derecho a portarlas.

En la clase de defensa con armas realizada el mes pasado en Piru, el instructor, Jeffrey Bova, afirmó que se acercó al grupo Pink Pistols de West Hollywood para ofrecerles clases. Bova, un conductor de camiones de la industria de Hollywood, expresó que muchos de sus compañeros son gay y que respeta el proceder de Fischer.

Durante la sesión, en un día con temperaturas agobiantes, Bova se paró junto a Elizabeth Southern, miembro de Pink Pistols, intentando que se sintiera cómoda con su arma mientras ella practicaba desenfundarla desde su cadera. Con la espalda rígida y los hombros tensos, Southern sacó la pistola modelo 1911 y disparó, golpeando una placa de acero distante. Dejó escapar una exhalación profunda, mientras sus manos temblaban ligeramente. “No estoy acostumbrada a esto”, dijo. “Lo sé, lo sé”, replicó Bova. “¿Quién anda por ahí con un arma cargada en la cadera?… Relájate”.

Con una camiseta y tapones para los oídos de color rosa, y la palabra “Bendecida” tatuada en su muñeca, era ésa la segunda vez que Southern disparaba un arma. A sus 25 años de edad, esta residente de Downey es bisexual, afroamericana y mujer, y por ende es propensa a experimentar discriminación a causa de los tres factores, reflexionó.

Southern se unió a Pink Pistols este verano porque se convirtió en víctima de violencia doméstica, y debió interponer una orden de restricción contra un exnovio que amenazaba con matarla a ella y a su pequeño hijo. En julio asistió al primer evento de Pink Pistols, en Sylmar, y cuando apretó el gatillo comenzó a llorar. “Fue la primera vez en mi vida que sentí que ya no debía tener miedo, que podría proteger a mi familia y a mí misma”, afirmó Southern. “Experimenté una enorme sensación de alivio”. El mes pasado, compró su primer arma.

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Traducción: Valeria Agis

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