Vive Trump una de las peores semanas de su campaña

Vive Trump una de las peores semanas de su campaña

Después de meses de dominar la carrera republicana, Donald Trump ha sufrido una de sus peores semanas desde el lanzamiento de su candidatura presidencial, y si bien permanece como el principal candidato del partido, sus problemas han puesto de relieve sus puntos débiles y aumentado la posibilidad de que no pueda alzarse con la nominación.

Las malas noticias se acumularon para él: su jefe de campaña fue acusado por un delito menor de agresión luego de tomar por la fuerza el brazo de una reportera; fue azotado en una serie de entrevistas radiales; una encuesta de gran prestigio lo mostró en mala posición respecto de las primarias en Wisconsin, que se realizarán la semana próxima; y finalmente, el altercado del miércoles por sus opiniones sobre el aborto.

Todo ello profundizó las dudas existentes acerca de Trump. Muchos estrategas republicanos se preocupan por su asombroso nivel de impopularidad entre las mujeres, ahora realzado por el cargo contra su jefe de campaña, Corey Lewandowski, y por los propios comentarios del magnate, quien sugirió que las mujeres que optaran por realizarse un aborto si éste fuese ilegal “deberían enfrentar algún castigo”.

Estos tropiezos, así como las llamadas de Trump a presentadores de televisión con visiones opuestas a las suyas –algo que él parecía desconocer-, plantearon dudas acerca de si será capaz de crear y ejecutar una campaña que pueda ganar la elección general, exponen los operadores políticos más experimentados.

 “Estamos viendo una campaña que parece cambiar cada día según cómo van las cosas. Eso es letal”, afirmó John Brabender, quien fue el estratega líder de la campaña de Rick Santorum y es actualmente neutral. La “campaña renegada” de Trump y su desafío de las normas políticas “le vino muy bien en las primeras etapas”, dijo Brabender. Ahora, sin embargo, “lo está dañando mucho”.

Desde luego, Trump ha probado que los escépticos se equivocaron una y otra vez, demostrando que mantiene el apoyo de sus seguidores al desafiar el criterio político convencional.

Parte de lo que puede hacer que esta etapa sea distinta es el sondeo de Wisconsin, que ha añadido algo más allá de lo anecdótico a las previsiones políticas. Basado simplemente en sus cuestiones demográficas –con un gran número de votantes republicanos trabajadores y una cifra promedio de cristianos evangélicos y conservadores- Wisconsin hubiera parecido un sitio mucho mejor para Trump que para su rival, Ted Cruz. El senador de Texas ha dependido en gran manera de los conservadores religiosos para sus victorias ganadas hasta el momento.

En cambio, Trump se ubica 10 puntos porcentuales por debajo de Cruz, según el sondeo realizado por Marquette Law School, que cuenta con una sólida trayectoria en pronosticar con precisión las elecciones del estado. Y esto ocurrió antes de que el precandidato comenzara a atacar al gobernador de Wisconsin, Scott Walker -quien tiene un alto nivel de popularidad entre los republicanos de ese lugar- en respuesta a su apoyo a Cruz.

Si el pronóstico del sondeo se mantiene, podría ser suficiente para que Cruz barra con los delegados del estado bajo las reglas que allí existen: “el ganador se lleva la mayor parte”. Esto sería un gran revés para Trump, quien está apenas encaminado a ganar los 1,237 delegados que necesitaría para evitar una polémica convención cuando los republicanos se reúnan este verano en Cleveland.

El calendario de Trump parece sugerir que allí sus posibilidades son pocas: mientras que Cruz sigue haciendo campaña fuertemente en el estado, Trump pasó este jueves en Washington, reunido en la sede del partido. Además, no ha anunciado planes de regresar a Wisconsin hasta el domingo, cuando realizará un debate por Fox News.

Todo ello alegra a sus adversarios dentro del partido republicano. “Parece que las cosas han comenzado a cambiar”, afirmó Henry Barbour, un prominente estratega republicano de Mississippi, quien ha respaldado a los rivales del ejecutivo neoyorquino. “No han sido buenos días para él, y Wisconsin puede enviarle un mensaje diciendo que no es su tipo de candidato”.

Los asistentes de campaña de Trump no respondieron a los pedidos de comentarios por parte de este medio.

El propio precandidato ha comenzado a quejarse de ser tratado “injustamente” por sus propios rivales republicanos. El martes por la noche, renunció públicamente a su promesa de respaldar al candidato republicano que surja, en caso de su derrota.

Todo esto se produce en un momento contradictorio de la campaña. Trump ha vencido a un rival tras otro, pero sigue atrayendo el apoyo de una minoría de votantes republicanos. Treinta y un estados han celebrado primarias republicanas o caucus. Trump no ha obtenido el 50% en ninguno de ellos, algo que los favoritos en otras elecciones comienzan a ver regularmente llegado este punto en sus campañas.

En un sondeo nacional difundido este jueves por la entidad no partidista Pew Research Center, un 41% de los republicanos e independientes con tendencias republicanas afirmaron que desean que Trump obtenga la nominación del partido, mientras que un 52% apoyó a otro candidato.

Los votantes que aseguraron que Trump sería un presidente “espantoso” alcanzaron el 44%, según Pew, una cifra que en enero llegaba al 38%. Entre los republicanos, al menos  la mitad de quienes apoyan a Cruz o al gobernador John Kasich, de Ohio, afirmaron que Trump sería un presidente “espantoso” o “malo”.

Sólo el 38% de los votantes republicanos indicaron que el partido debería “unirse sólidamente” con Trump en caso de resultar elegido. Es un agudo contraste con el lado demócrata de la carrera presidencial, donde el 64% de los votantes afirmaron que el partido debía unirse con Hillary Clinton en caso de ganar, una cifra concordante con los nominados de ambos partidos en previas contiendas.

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