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Un vistazo a la fábrica donde se hacen las gorras para Donald Trump

En el piso de la fábrica de gorras de Cali-Fame, en Carson. El fabricante de gorras y ropa es conocido por producir las cachuchas de Donald Trump "Make America Great Again".

En el piso de la fábrica de gorras de Cali-Fame, en Carson. El fabricante de gorras y ropa es conocido por producir las cachuchas de Donald Trump “Make America Great Again”.

(Luis Sinco / Los Angeles Times)

Cuando le fue pedido al negocio familiar de Brian Kennedy que hiciera las ahora famosas gorras de camionero de Donald Trump, sabía que necesitaría abordar la cuestión con sus trabajadores, muchos de los cuales son latinos y hablan a español.

“Les dije: ' Nosotros no somos políticos. Estamos aquí para trabajar’”, Kennedy le relata a Los Angeles Times desde el segundo piso de la fábrica, con el zumbido constante de las máquinas de coser debajo de él. “Y no he recibido ningún comentario negativo”.

Decenas de empleados, casi todos latinos, continúan trabajando, barriendo los restos de tela del piso, mirando por encima de sus gafas al tiempo que sus hábiles manos ensamblan un sombrero tras otro. En todo su alrededor se asientan pilas de gorras de camionero de tela tipo camuflaje y de recién impresión con la ya familiar leyenda “Make América great again” estampado al frente en color anaranjado y lema del experto de las bienes raíces y aspirante presidencial 2016.

Las gorras, mejor conocidas en su color rojo característico y con letra blanca, han inspirado las tendencias de la moda hipster, disfraces de Halloween, un generador de haga-su-propia-gorra-Trump e incluso un rumor de corta duración de que realmente fueron hechos en China.(

No fue así, asegura Kennedy.

Pero han sido una bendición para la empresa familiar de Kennedy, Cali-Fame, el fabricante de gorras con sede en Carson, ganó más de $270,000 durante la campaña de Trump en el último trimestre, según los registros de finanzas de la campaña.

La mercancía fue solo una parte del equipo promocional de más de $825,000 que la campaña de Trump gastó en pegatinas, camisetas, gorras y otros objetos promocionales, la categoría más grande de gastos de Trump, fuera de sus viajes.

Las gorras también, aparentemente, han sido una bendición para la campaña de Trump. La mayoría de las cachuchas se venden por $25 cada una, lo que parece haber impulsado la columna de pequeñas donaciones del multimillonario, lo que convierte en donantes a los que las compran, irónicamente o no.

Kennedy y su hermano, Tim, vice presidente de ventas de Cali-Fame, han sido reacios a chacotear en la refriega política y se erizaron por la cobertura que recibieron de los medios de comunicación durante semanas, después de que se revelaron las finanzas de las campañas.

Kennedy minimizó el papel que han jugado las órdenes de Trump para su negocio ahora que comienza la temporada de vacaciones, pero varios empleados observaron que este es el noviembre más ocupado que han visto en años, con un montón de trabajo y horas extra para todos.

Yolanda Melendrez, de 44 años, ha trabajado para Cali-Fame desde 1991. Comenzó como operador de máquina, cosiendo las costuras de unión de las gorras de béisbol y ahora trabaja como operador líder de piso, y como supervisora comprueba el flujo del trabajo y tiene bajo su mando a otros operadores de máquina de coser y de las bordadoras.

Ella dice que ha escuchado algunas de las cosas que ha dicho Trump sobre los inmigrantes y los latinos como ella, pero ella trata de ignorarlos.

“Mucho de lo que él dice acerca de los Latinos no es correcto”, dice al tiempo que un zumbido señala el final de su turno de horas extras del sábado y los trabajadores se forman para marcar en el reloj marcador su hora de salida.

El murmullo del sspañol llena el aire al tiempo que las máquinas detienen su marcha. “Cuando primero nos llegó la orden [de las gorras de Trump], me dije, ' sólo espera hasta que él vea quienes están haciendo sus gorras. Somos latinos, somos mexicanos, salvadoreños’”.

Pero lo primero y lo principal, es que ella sabe que tiene un trabajo que hacer.

“Tú sabes”, agrega, "él nos está dando mucho trabajo. Nos mantiene ocupados... Es un trabajo, me pagan para hacerlo y paga mis facturas y mi renta”.

Y de eso, Meléndrez dice, ella está agradecida.

Una portavoz de la campaña de Trump no devolvió una solicitud de comentario.

Kennedy dice que desde que su padre compró la empresa en 1977, Cali-Fame ha resistido los crecientes costos de mano de obra, cambio de tecnologías y la competencia brutal de la mano de obra barata en el extranjero.

“Para ser un fabricante local en los Estados Unidos, hay muchos desafíos, no sólo en América sino además en California”, dice mientras examina el almacén masivo.

Durante décadas, la compañía obtenía su dinero con las gorras para los torneos de golf y otros gorros, cachuchas y sombreros promocionales.

Más recientemente, el fabricante se ha ramificado a vestimenta de calle y moda urbana, lanzando una marca que se ha centrado en apoyar a las empresas florecientes de ropa. Unos paneles de madera separan una porción de la nave para un salón de exhibición, permitiendo a Cali-Fam organizar una venta ocasional.

Durante un reciente fin de semana, unos curiosos buscadores de ofertas estuvieron viendo sombreros de paja y gorras de diferentes diseños, pero la gorra de Trump no estaba a la vista.

“El viejo cliché es que uno se crece con los golpes”, dice Tim Kennedy. “Hemos hecho eso muchas veces, y estamos cambiando constantemente lo que hacemos y cómo hacemos las cosas”.

Pero ha sido cada vez más difícil mantener la competitividad, dicen los hermanos Kennedy. El aumento de los costes del seguro médico, la posibilidad de un salario mínimo de $15 en todo el condado y las leyes de compensación a los trabajadores han hecho de continuar un “acto de malabarismo”, explican.

Brian Kennedy dice que su compañía ha estado hacienda las gorras para los campos de golf de Trump durante la última década, y que fue así como sucedió su conexión con la campaña

Si desea leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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