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Las niñas dejan de creer que pueden ser tan brillantes como los varones a partir de los 6 años, dice nuevo estudio

Un vehículo de ocho ruedas demuestra su sistema de movilidad rodando sobre los niños en el Laboratorio de Propulsión a Reacción, de NASA. A los seis años de edad, algunas niñas han internalizado el estereotipo de que una persona “muy, muy inteligente” es hombre, no mujer.

Un vehículo de ocho ruedas demuestra su sistema de movilidad rodando sobre los niños en el Laboratorio de Propulsión a Reacción, de NASA. A los seis años de edad, algunas niñas han internalizado el estereotipo de que una persona “muy, muy inteligente” es hombre, no mujer.

(Katie Falkenberg / Para The Times)

¿Por qué tan pocas mujeres estudian física, matemática y otros campos tradicionalmente asociados con la ‘brillantez’? Parte de la respuesta puede residir en lo que les sucede a las niñas apenas salen del jardín de infantes.

Un nuevo estudio reveló que las pequeñas de 6 años de edad son menos propensas a pensar que sus pares -de su propio género- pueden ser brillantes, y tienen más probabilidades que los varones de rehuir las actividades que requieren de esa inteligencia excepcional.

Es un serio cambio con respecto a la actitud que se registra a los cinco años, cuando tanto niños como niñas consideran que su propio género puede ser brillante y se animan a abordar todas las actividades de personas inteligentes.

Los resultados, descritos en la revista Science, muestran cuán temprano estos estereotipos de género comienzan a afectar la autopercepción y el comportamiento de las niñas, lo cual puede limitar sus aspiraciones y carreras en la edad adulta.

“Si queremos cambiar las mentes de los jóvenes y hacer las cosas más equitativas para las niñas, realmente necesitamos saber cuándo surge este problemático estereotipo y cuándo intervenir para evitar las consecuencias negativas sobre las decisiones educativas de las chicas”, expresó la autora principal, Lin Bian, estudiante graduada en psicología de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.

El estereotipo de que los hombres son mejores en matemáticas y ciencias es omnipresente, difícil de contrarrestar incluso en los niveles más altos de la educación superior. En 2005, Lawrence Summers, presidente de Harvard, desató una polémica durante un discurso en el cual dijo que las mujeres estaban subrepresentadas en la ciencia en parte debido a “problemas de aptitud intrínseca”.

Un estudio publicado en la revista PLOS One el año pasado descubrió que los hombres en las clases de biología de nivel universitario sobreestimaban consistentemente el desempeño de sus compañeros masculinos y subestimaban el rol de sus compañeras (las mujeres, por cierto, evaluaron a sus compañeros de forma mucho más precisa en términos de rendimiento, aparentemente sin tener en cuenta el género).

Estas ideas no son sólo un reflejo de las diferencias percibidas en cuanto al género, según Bian y sus colegas. También lo son de la inteligencia percibida. “Las creencias populares acerca de la capacidad asocian no sólo procesos cognitivos específicos (por ejemplo, el razonamiento matemático) con un género en particular, sino también la cantidad total de capacidad cognitiva”, escribieron los autores del estudio. “Normalmente se asume que la habilidad cognitiva de alto nivel (brillo, genio, talento, etc.) está presente con más frecuencia en los hombres que en las mujeres. Este estereotipo ‘brillantez=hombres’ ha sido invocado para explicar las diferencias de género en muchas profesiones de prestigio”.

Estos estereotipos pueden tener serias consecuencias para las mujeres jóvenes en la universidad y sus carreras futuras. Por ejemplo, los autores señalan que investigaciones previas demostraron que la idea de que los hombres son mejores en matemática realmente menoscaba el desempeño de las mujeres y disminuye su interés en los campos relacionados con este campo.

Pero, ¿hasta qué punto el estereotipo de que los hombres tienen más probabilidades de ser ‘brillantes’ comienza a dar forma a los comportamientos de hombres y mujeres jóvenes? Para averiguarlo, los científicos establecieron una serie de experimentos para probar las percepciones de género de niños de 5, 6 y 7 años.

En un experimento, a 96 chicos se les contó una historia sobre una persona que era “muy, muy lista” -una versión infantil de la palabra ‘brillante’-, pero no se les dijo el género. Se les pidió a continuación que adivinen cuál era esa persona, de entre cuatro adultos -dos hombres y dos mujeres-. También se les mostraron parejas de adultos -dos mujeres, dos hombres, o un hombre y una mujer- y se les pidió que seleccionen qué adulto en cada una era ‘muy, muy listo’. Finalmente, completaron rompecabezas en los cuales debían asociar objetos (como un martillo) o atributos (entre ellos ‘listo’) con imágenes de hombres y mujeres.

Los científicos hallaron que, entre las edades de 5 a 7, las percepciones de los niños acerca de la brillantez cambian radicalmente. A los 5 años, tanto varones como mujeres la asocian con su propio género, en aproximadamente el mismo nivel. Pero a los 6 y 7 años, las niñas son significativamente menos propensas que los varones a asociar la fuerte inteligencia con su propio género.

El segundo experimento replicó el primero, excepto que se realizó con 144 niños, a quienes se les pidió que también evalúen a chicos -no sólo a adultos- en las tareas. Los resultados se mantuvieron.

Curiosamente, cuando se les preguntó quién había obtenido las mejores calificaciones en la escuela, las niñas de todas las edades escogieron a las chicas -de hecho, las niñas mayores fueron más propensas que los varones a elegir a su propio género en este sentido-.

Esto fue consistente con la realidad de que las chicas obtienen mejores calificaciones que los varones a esa edad, resaltaron los autores. “No obstante, no hubo una correlación significativa entre las percepciones de las niñas acerca de los logros escolares y sus percepciones acerca de la brillantez”, apuntaron. “Por lo tanto, las ideas de las niñas acerca de quién es brillante no están arraigadas en sus percepciones de quien se desempeña bien en la escuela”.

Los autores también probaron si estas creencias acerca del género y la fuerte inteligencia afectaban los intereses de las chicas. Para ello, reunieron a 64 niños de 6 y 7 años de edad y les hicieron jugar dos juegos -uno para niños ‘muy, muy listos’, y otro para ‘niños que se esfuerzan mucho, mucho’ por ser buenos. Las chicas se sintieron más atraídas por el juego ‘del trabajador’ tanto como los varones, pero se mostraron significativamente menos interesadas que los varones en el entretenimiento para los brillantes.

Sin embargo, cuando los investigadores repitieron el estudio con 96 chicos de entre 5 y 6 años de edad, no encontraron diferencias significativas en el interés de niñas y varones de 5 años. Las niñas de 6 años, por otra parte, claramente habían comenzado a perder su entusiasmo por los juegos ‘inteligentes’. “Los resultados actuales sugieren una conclusión aleccionadora: muchos niños asimilan la idea de que la brillantez es una cualidad masculina a una edad temprana”, notaron los autores. “Este estereotipo comienza a dar forma a los intereses de los niños apenas se adquiere, y es probable que reduzca así la gama de carreras que algún día contemplarán”.

Que este cambio ocurra alrededor de los 5 años puede tener que ver con que los niños entran a escenarios escolares más formales, donde están expuestos a otras personas (pequeños y adultos), remarcó Yarrow Dunham, un psicólogo de desarrollo de la Universidad de Yale que no participó del estudio. Para él, no queda claro cuál de las innumerables influencias sociales que suceden en ese momento de la vida podría contribuir al cambio de percepción de las niñas. es posible, por ejemplo, que los maestros puedan reforzar inconscientemente los estereotipos por la forma en que responden a niños y niñas en el aula; también podría ser la exposición a los libros de historia, que en su mayoría presentan a hombres y hacen que los niños asuman que las mujeres están ausentes porque son menos inteligentes (y no por las leyes y costumbres sociales que durante siglos trataron a las mujeres como ciudadanos de segunda clase). Por ahora, las causas complejas de estos estereotipos siguen siendo una cuestión abierta.

“Es desalentador y realmente nos obliga a pensar cuáles son las variables causales”, señaló Dunham. “¿Son los maestros? ¿Es el tipo de materiales históricos a los que están expuestos? Porque algunos de ellos podrían solucionarse más fácilmente que otros. Identificar la variable causal es muy importante”.

Hallar esas variables sería, según los expertos, el primer paso para averiguar cómo eliminar estos estereotipos apenas se arraigan.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta historia en inglés haga clic aquí


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