Mama's Hot Tamales se encuentra en el centro de una amarga disputa de marca

Conocida como la Mamá de Mama's Hot Tamales, Sandra Romero ahora evita el uso del nombre

En un vecindario invadido por las pandillas, las drogas y la anarquía, le tomó a Romero más de una década para ganarse el respeto que venía con tal apodo.

Era el año 2001, y a través de Mama’s Hot Tamales, un restaurante sin fines de lucro respaldado por la ciudad, el trabajo de Romero era el de limpiar el parque y enseñarles a los vendedores ambulantes que inundaban la zona cómo ganarse la vida, de forma legal.

Con los años, cientos de vendedores dejaron sus ventas en las aceras para convertirse en los estudiantes de Romero. Entrenaban en su cocina y transformaron sus vidas a través del programa. Algunos abrieron sus propios restaurantes, camiones de comida y puestos en los mercados de agricultores. Unos pocos lograron vender sus productos en tiendas de abarrotes, como Whole Foods.

Mamá, una mujer carismática con coloridos vestidos mexicanos y cabello trenzado, se convirtió en un ancla para el vecindario, y su café era el punto de reunión para los activistas, los académicos, los políticos y la policía que impulsaban para mejorar la zona.

Hoy, Romero vive a sólo unas cuadras de distancia, pero no se acerca al pequeño restaurante con toldo azul. Casi nunca ve hacia esa dirección, justo al otro lado del parque. También tiene cuidado de nunca utilizar el nombre de Mama’s Hot Tamales en su página de Facebook, correo electrónico o tarjetas de negocios.

Si lo hace, dice que Rocio Ramírez, una de las muchas mujeres a las que enseñó durante los años, le podría presentar una demanda.

Ramírez, una vez una estudiante estrella, tomó el nombre de marca hace un tiempo y a través de un abogado le está prohibiendo utilizarlo, dice Romero.

“Es algo que nunca me hubiera imaginado. Mama’s Hot Tamales representaba la esperanza, el cambio, el amor - todo lo que hemos vivido en el vecindario. Era mi reputación”.

Ramírez, quien ahora dirige el restaurante, dice que la marca registrada se había expirado hace mucho tiempo y que legalmente estaba disponible.

“La abandonaron durante tanto tiempo que cualquier persona, tú, yo, un vecino, otro negocio, podría haberla tomado”, dijo Ramírez.

La historia de las dos mujeres comenzó cuando Romero llegó a MacArthur Park desde Pasadena en 1998.

Romero y su compañero de negocios, Joe Colletti, iniciaron el Instituto de Desarrollo e Investigación Urbana para ayudar a las áreas empobrecidas.

Colletti convenció a Romero de que MacArthur Park era el lugar ideal para comenzar.

Construido en la década de 1880, el parque una vez había sido considerado los “Campos Elíseos de Los Angeles”. Los turistas acudían a los lujosos hoteles del alrededor y el pequeño lago del centro del parque estaba lleno de lanchas con remos.

Para los años de 1980, la basura llenaba las áreas de césped del parque, el graffiti cubría el anfiteatro, las prostitutas trabajaban en los baños y las pandillas criminales como los “Locos” ocasionalmente provocaban balaceras mortales. Los hombres vendían identificaciones falsas en cada esquina, y de vez en cuando, el médico forense sacaba cuerpos del lago.

Romero estaba impresionada.

“Era una tierra de nadie”, dijo Romero. “Le preguntaba a Joe, ‘¿Dónde está la policía?’”

Romero se enfocó en los vendedores ambulantes que vendían papas fritas, bebidas y otra comida de forma ilegal. Los convenció a vender sus productos desde carritos con permisos alineados en el parque. Ahí, los policías no los multarían y el alquilar un carrito costaba sólo $1 dólar por año.

Después, con el permiso de la ciudad, los vendedores transformaron los carritos en puestos de tamales, vendiendo tamales de todas las regiones de América Latina. Romero abrió una cocina y un restaurante para enseñarle a sus estudiantes sobre las normas de salud, los permisos y el  servicio al cliente. Llamaron al programa Mama’s Hot Tamales y Colletti le otorgó a Romero el apodo de “Mamá”.

Romero se mantuvo ocupada haciendo crecer su programa, en el café o en el parque. Construyó una impresionante lista de conexiones con los grupos locales y con el Ayuntamiento, corrió a los mafiosos que intentaron cobrarles impuestos a sus vendedores, organizó limpiezas del vecindario, hizo que instalaran cámaras de video y ayudó a iniciar instalaciones de arte y conciertos de verano.

Cuando la policía respondió con bastonazos y disparando balas de gomas durante una protesta de inmigración, en su mayor parte pacífica, que se llevó a cabo en MacArthur Park en el 2007, Romero y la ciudad trataron de aliviar las tensiones realizando un evento comunitario. Sus estudiantes presentaron su contribución con orgullo: un “tamal de paz” de 18 pies envuelto en hoja de plátano.

“Todo el mundo conocía a Sandi”, dijo Rocio Veliz, coordinadora del programa juvenil de Carecen, una organización de derechos de los inmigrantes. “Después de que empezó a invertir en el vecindario, un ejército de personas se reunieron alrededor del parque para ayudar”.

Rocio Ramírez, una madre soltera con tres hijos que vendía nopales y chorizo desde un carrito ambulante en Boyle Heights, estaba entre los primeros estudiantes del programa de Romero.

Ramírez tenía mucho impulso desde el principio. Romero observó con orgullo mientras que las ventas de tamales de sus estudiantes la ayudaban a mantener a su familia.

Eventualmente, Ramírez se convirtió en un mentor para otros estudiantes. A Romero le gustaba ponerla frente a los reporteros y los fotógrafos que venían a investigar sobre el éxito de Mama’s Hot Tamales.

“Siempre solía decirles a las personas, ‘Esta es Rocio, una de mis estudiantes estrellas’”, dijo Romero.

En el 2011, una década después de inaugurar Mama’s Hot Tamales, Romero fue diagnosticada con etapa 4 de cáncer mama. Quería pasar más tiempo con su familia, así que a pesar de su renuencia, decidió cerrar el programa.

Romero y Colletti transfirieron el arrendamiento del espacio del café a su mejor estudiante: Ramírez. A quien sólo le hicieron una petición: Por favor opera el negocio bajo un nombre diferente. Ramírez eligió Mama’s International Tamales.

“En ese momento, no estábamos seguros de lo que nos esperaba en el futuro”, dijo Romero.

Romero no tenía planes para regresar al café, pero el nombre de Mama’s Hot Tamales tenía amplio reconocimiento y Colletti y ella lo querían reservar para el uso potencial en otro proyecto. El cual incluía la venta de productos en tiendas de abarrotes.

Romero dijo que durante su recuperación tuvo muy poco contacto con Ramírez, aparte de visitar el restaurante un día para retirar todos sus premios y reconocimientos enmarcados. También retiró un mural gigante con el logotipo de Mama’s Hot Tamales.

Entonces, el otoño pasado, recibió una carta de cese y desistimiento de parte de un abogado que representa a Ramírez. Después de eso, otra carta llegó en el mes de diciembre. Las notificaciones exigían que Romero se alejara del uso del nombre Mama’s Hot Tamales.

Resulta que la marca registrada del nombre, que por un largo tiempo fue propiedad de Romero y Colletti, en efecto había expirado en el 2011, el año en que Romero se enfermó. Ramírez se encuentra en el proceso de asegurar todos los derechos del nombre comercial, bajo una nueva compañía que formó llamada Mama’s Food Mexico.

Romero dijo que contactó a su antigua estudiante, pero la conversación solucionó muy poco.

En el nuevo Mama’s Hot Tamales localizado sobre la West 7th Street, Ramírez dirige el restaurante con la ayuda de un socio.

Ramírez divide su tiempo entre Los Angeles y Los Cabos, México, donde dijo que está tratando de iniciar un programa de entrenamiento similar al de Romero.

Hablando por teléfono recientemente desde Los Cabos, Ramírez dijo que no recuerda haber tenido ningún desacuerdo con Romero.

“Nunca le faltaría el respeto a Sandi”, dijo Ramírez. “Es una persona muy especial”.

 

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