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Si las bicicletas electrónicas son el transporte más ecológico de la historia, ¿por qué no prosperan?

Ken Montgomery, de Irvine, monta su bicicleta eléctrica plegable E-Spirit en Newport Beach, el 21 de septiembre de 2016.

Ken Montgomery, de Irvine, monta su bicicleta eléctrica plegable E-Spirit en Newport Beach, el 21 de septiembre de 2016.

(Los Angeles Times)

La parte difícil de mi viaje en bicicleta en Calgary, Alberta, es una colina. No es particularmente empinada, pero rara vez subo allí sin llegar empapado de sudor. Sin embargo, recientemente llegué a la cima con apenas un brillo en mi frente, gracias a una bicicleta que era diferente a todas las que había montado antes. En el marco contaba con una batería que alimentaba un motor pequeño. Cuando comencé a subir la colina, el motor se puso silenciosamente en marcha, y yo llegué arriba con facilidad.

Los estudios han demostrado que la perspectiva de llegar al trabajo empapado en sudor es uno de los mayores impedimentos para realizar el viaje diario al empleo en bicicleta en lugar de usar un automóvil. Eso es especialmente cierto en una ciudad como Los Ángeles, donde los ciclistas se enfrentan a largas rutas, colinas y calles calientes, sin árboles ni sombra suficiente.

Las pedelec, o las bicicletas con pedal asistido, podrían acabar con esa preocupación. Éstas lucen y se comportan como una bicicleta común, sólo que sus motores hacen que pedalear sea mucho más sencillo cuando es necesario, por ejemplo para acelerar desde una parada o subir esa colina tan temida. A veces consideradas como la forma de transporte a motor más eficiente jamás construido, también son increíblemente ecológicas. Un estudio aseguró que las emisiones de carbono de una e-bike son prácticamente como las de una bicicleta regular. El mismo informe halló que estos medios de transporte son casi tan ecológicos, o ‘verdes’, como el hecho de caminar.

En un momento en que las ciudades de los EE.UU. luchan para combatir el trastorno del tránsito y reducir las emisiones climáticas, las bicicletas electrónicas tienen el potencial de aliviar ambos problemas. Sin embargo, su uso todavía no ha despegado. Cerca de 152,000 e-bikes se vendieron el año pasado en los EE.UU., una cifra que sería superior a los cinco millones si los estadounidenses las utilizaran en la misma proporción que los europeos occidentales.

En tanto, en China, la producción de estas bicicletas creció de 1.6 millones en 2002 a 37 millones de unidades en 2013, y 32.8 se vendieron en la región de Asia-Pacífico el año pasado. Algunos países de Europa occidental registran un crecimiento anual de dos dígitos en su venta, y el año pasado se vendieron 1.6 millones en el continente.

Muchas de las barreras para la adopción de una e-bike en los Estados Unidos son legislativas. Las normas tratan estas bicicletas más como un ciclomotor que como una bicicleta tradicional a pedal en algunas jurisdicciones, lo cual significa que está prohibido su uso en los carriles especializados para ciclistas y no se permite viajar con ellas en transporte público.

Pocos lugares en el continente, sin embargo, están mejor preparados para romper estas barreras que California. El año pasado se aprobó una legislación para fomentar el uso de la bicicleta electrónica, diferenciándola legalmente de los ciclomotores. En un intento de evitar preocupaciones acerca de que vehículos más poderosos pasen volando por aceras y ciclovías a velocidades inseguras, la ley clasifica las bicicletas en diferentes niveles y separa las de baja velocidad (que alcanzan un máximo de 20 mph) de las más veloces, cuyo uso sí queda restringido en los carriles de ciclistas.

En medio de estas bendiciones legislativas, las e-bikes se han vuelto más asequibles para el consumidor medio. Hallarlas en tiendas de bicicletas ya no es tan difícil como antes, y su costo ha caído a medida que el precio de las baterías de iones de litio también disminuye. Hoy en día, una bicicleta electrónica promedio, aunque todavía es cara, se compara en precio a una bicicleta de montaña de alta gama.

Después de años de consternación sobre el motor y el pedal híbrido, las organizaciones de defensa del ciclismo también están finalmente apoyando el uso de las e-bikes. Dave Snyder, director ejecutivo de California Bicycle Coalition, respaldó la nueva legislación estatal basándose en la idea de que esta forma de locomoción ayuda a aquellos que “no pueden montar tan lejos o tan rápido como lo necesitan”.

Una legislación pionera, avances tecnológicos, la disminución de los precios y millones de viajeros que se enfrentan a largas rutas cada vez más obstruidas por los coches deberían ayudar a las bicicletas electrónicas a despegar.

Entonces, ¿por qué eso no ocurre?

Parte del problema es la falta de infraestructura para las bicicletas. Las pedelec pueden hacer más sencilla la subida a una colina, pero no harán que el tránsito sea menos peligroso para los ciclistas. Y, si bien los costos han bajado, las e-bikes todavía están fuera del alcance de muchos consumidores. California y otros estados podrían mirar a India, que ofrece subsidios para la compra de estas opciones tales como los que ofrece para los coches electrónicos. Las e-bikes son, después de todo, el vehículo eléctrico más popular del planeta.

Los operadores de programas municipales de bicicletas compartidas también podrían seguir el ejemplo de Baltimore y Madrid, agregando alternativas con pedal asistido a sus flotas para atraer a aquellos que se sienten intimidados por el ejercicio intenso de pedalear, o quienes se preocupan por llegar a destino sudados.

Sin embargo, lo más importante que falta para la adopción generalizada de bicicletas electrónicas es lo más sencillo de remediar; la aceptación cultural por parte de dos grupos que hace tiempo las desprecian: los ciclistas y los automovilistas. Los ciclistas tradicionales tienden a verlas como una opción sospechosa, como si ayudarse con el impulso de un motor es hacer trampa. Los automovilistas tienen la misma cautela que muestran con las bicicletas comunes.

La e-bike que recientemente utilicé, de la compañía californiana Elby, atrajo la curiosidad de muchas personas que encontré a mi paso, especialmente de gente mayor, que pensaba que la máquina les ayudaría a mantener su resistencia y velocidad. Sin embargo, también captó miradas sospechosas de quienes se consideran ciclistas. “¿Cuál es el objetivo?”, me preguntó un vecino, asumiendo falsamente que el motor eliminaba todo el ejercicio relacionado con el pedaleo.

Con el progreso logrado en los problemas tecnológicos y legislativos que impedían el florecimiento de las e-bikes, la mayor barrera ahora parece ser la actitud anticuada de quienes ven las bicicletas sólo como una oportunidad deportiva o recreativa en lugar de una práctica opción de transporte. Si montar esa Elby por la colina en mi viaje de regreso a casa me demostró algo, fue que hay espacio para las bicicletas electrónicas en nuestro sistema de transporte. Sólo tenemos que montarlas.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta historia en inglés haga clic aquí


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