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Se deben mantener las políticas partidistas fuera de los libros de texto

Se cree que el presidente ruso, Vladimir Putin, aprobó el hackeo de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Arriba, Putin en una reunión en el Kremlin en Moscú, el 12 de diciembre de 2016.

Se cree que el presidente ruso, Vladimir Putin, aprobó el hackeo de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Arriba, Putin en una reunión en el Kremlin en Moscú, el 12 de diciembre de 2016.

(Mikhail Klimentyev / Associated Press)

Es indignante que Rusia haya interferido en las elecciones de Estados Unidos al acceder ilícitamente a las computadoras de los funcionarios demócratas. Esto debería ser condenado y castigado, y se deben tomar medidas para proteger la integridad del sistema electoral.

Pero un legislador estatal ha ofrecido una solución al problema que no es realmente una solución: exigir que este incidente sea incluido en los libros de historia de las escuelas públicas de California para que los alumnos aprendan a partir de ahora sobre ese tema. Como sabemos muy poco acerca del hackeo -incluyendo si la maniobra le dio un giro radical a las elecciones e hizo que Donald Trump sea ahora el presidente- ¿cuál fue el beneficio de hacerlo?

Incluso, si el tema fuera apropiado para el currículum escolar, determinarlo no depende de la Legislatura. Esa decisión debe ser tomada por los expertos en educación, encargados de la elaboración de planes de estudio inteligentes, y no bajo presión de los políticos demócratas para sacarle brillo a su sentimiento anti-Trump.

El proyecto de ley en cuestión, elaborado por el asambleísta Marc Levine (D-San Rafael), instaría a la Comisión de Calidad de Instrucción del estado a incluir la “interferencia rusa en las elecciones presidenciales” en la próxima revisión del plan de estudios de historia y ciencias sociales. El proyecto denomina la Ley Pravda, de 2017.

Esto se está convirtiendo en un mal hábito por parte de la Legislatura, que se agrava cada año y que debe ser eliminado. En los últimos tiempos, los legisladores han aprobado -y nuestro generalmente sensato gobernador ha promulgado- todo tipo de proyectos de ley que exigen que a los estudiantes de escuelas públicas se les enseñe, entre otras cosas, sobre la importancia de la elección del presidente Obama, la prevención de la trata de personas con fines sexuales, el genocidio armenio y el desarrollo de relaciones saludables.

Todas esas cuestiones pueden sonar bien. Pero ese no es el punto. Independientemente de si estamos de acuerdo con la premisa, es inapropiado que los legisladores interfieran en el desarrollo de los planes de estudio y los libros de texto, en busca de introducir puntos de vista conflictivos, partidistas e ideológicos.

Eso no es menos cierto en la California liberal que en los estados conservadores, que buscan reescribir los libros de texto para ignorar el cambio climático o, como lo hizo la Junta de Educación de Texas en 2004, definir el matrimonio como una unión permanente entre un hombre y una mujer.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí

Traducción: Diana Cervantes


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