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Los debates presidenciales deben incluir más de dos candidatos

La Dra. Jill Stein, candidata presidencial oficial por el Partido Verde, habla en un mitin en Filadelfia, el 26 de julio, durante el segundo día de la Convención Demócrata.

La Dra. Jill Stein, candidata presidencial oficial por el Partido Verde, habla en un mitin en Filadelfia, el 26 de julio, durante el segundo día de la Convención Demócrata.

(John Minchillo / Associated Press)

La Comisión de Debates Presidenciales ha programado tres eventos televisados a nivel nacional de aquí a las elecciones de noviembre que parecen, bajo sus normas actuales, estar limitados a los candidatos de los dos principales partidos, Hillary Clinton y Donald Trump. Eso sería un perjuicio para los votantes, quienes de ese modo no podrán escuchar a todos los candidatos que se presentarán en las elecciones presidenciales de noviembre. La comisión debería flexibilizar sus reglas y, al menos en una ocasión, descartar el requerimiento de que los participantes cuenten con al menos un 15% de apoyo electoral en cinco o más sondeos de opinión pública nacionales.

Actualmente, la comisión limita la invitación a los candidatos que superan ese umbral del 15% y que aparecen en la boleta en suficientes estados como para recoger los 270 votos electorales que se necesitan para ganar la presidencia. Sin embargo, el requisito de la viabilidad matemática suena como un filtro para que el estrado no se vea obstruido con candidatos marginales que no tienen chance de ganar. ¿Por qué aquellos candidatos que podrían, potencialmente, ser elegidos -y otros que podrían beneficiarse mucho de poder transmitir su mensaje a los votantes en una plataforma nacional- son excluidos de participar en los debates?

Por otra parte, descartar ese obstáculo del 15% concedería a los votantes la oportunidad de interactuar con algunas ideas alternativas que, de otra manera, podrían desconocer; no habría nada de malo en ello.

Hasta ahora, eso significaría la adición de dos atriles al escenario para dar espacio al nominado libertario Gary Johnson, y a la nominada por el Partido Verde, Jill Stein. No somos ingenuos; comprendemos que es probable que ninguno de ellos reúna suficiente apoyo para ganar ningún estado en noviembre, y mucho menos la mayoría de los votos en los colegios electorales. Pero los debates no deben priorizar a los posibles ganadores por sobre los competidores; deberían en cambio ser un franco intercambio de puntos de vista sobre una amplia variedad de temas que expongan el aplomo de los candidatos ante la presión.

Además, en esta era de extremo cinismo acerca de los procesos políticos, ampliar la participación de los debates podría ayudar a contrarrestar la percepción en algunos sectores de que el sistema de debate está manipulado (para emplear un término que se ha utilizado mucho en esta contienda) en favor de los dos partidos mayoritarios. Después de todo, esos dos mismos partidos fueron clave en la creación de la comisión de debates. Las normas que limitan la participación a los demócratas y los republicanos, y que excluyen a candidatos con menos posibilidades de ganar, podrían interpretarse fácilmente como una autonegociación.

También está el argumento de que incluir demasiados candidatos podría limitar los contrapuntos entre los dos nominados en quienes los votantes han mostrado mayor interés, y que tienen más probabilidades de ganar. Pero hay que recordar que Trump y Clinton tienen muchos puntos negativos entre los votantes, muchos de los cuales ya aseguran que buscarán una ‘opción C’.

Ampliar el estrado por una noche serviría a los intereses de la democracia, mientras que también podrían dejarse otros dos debates para el tipo de intercambio que ayudaría a afinar las opiniones y percepciones de los votantes.

Traducción: Valeria Agis

Si desea leer este artículo en inglés, haga clic aquí


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