La densidad del tejido mamario podría guiar la frecuencia con la que deben realizarse las mamografías

La densidad del tejido mamario podría guiar la frecuencia con la deben realizarse las mamografías

Las mujeres mayores de 50 años que están confundidas con consejos contradictorios sobre la frecuencia en que deben realizarse las mamografías pueden basarse ahora en nuevo informe científico que clarificará sus decisiones.

Una ambiciosa iniciativa de investigación que fue publicada este lunes en la revista Annals of Internal Medicine se propuso ajustar la realización de prácticas de detección de cáncer de mama para que coincidan con el riesgo real de cada mujer. La investigación concluyó que la densidad del seno de cada mujer debería influenciar la frecuencia en la cual se analiza para detectar posibles riesgos, además de otros factores de riesgo ya conocidos como la edad, el origen étnico, los antecedentes personales y demás.

Para una pequeña porción de esas mujeres, la mejor opción es la realización de una mamografía una vez al año -dos veces más que el estándar actual-.

Suscrito por el National Cancer Institute, el nuevo estudio combinó la recopilación de datos de epidemiólogos de cáncer del seno con tres equipos separados de modeladores paramétricos. En el estudio, las mujeres fueron divididas en subcategorías basadas en cuatro niveles de riesgo individual y densidad de la mama.

La investigación recomienda que las mujeres mayores de 50 años con tejido mamario denso, que tienen un riesgo más alto de lo normal de desarrollar cáncer de seno, deberían realizarse mamografías anuales. Estas mujeres, sin embargo, representan una pequeña minoría de ese grupo etario -menos del 1% de todas las mujeres entre 50 y 74 años de edad-.

Muchas otras, en cambio, podrían pasar hasta tres años entre una mamografía y la siguiente, sin incrementar el riesgo de muerte por cáncer de mama. Para aquellas con riesgo medio y baja densidad mamaria, los modelos mostraron que no hubo diferencia de las muertes evitadas entre quienes que se habían sometido al examen cada dos años o cada tres. Las pacientes que se habían simetido al examen cada tres años, sin embargo, tenían menos seguimientos innecesarios, incluyendo biopsias.

Las directrices clínicas aprobadas recomiendan que las mujeres de entre 50 y 74 años de edad se sometan a una mamografía cada dos años. Estas sugerencias, propuestas en 2009 por un grupo de trabajo federal, instaron a las mujeres a hablar con sus doctores si consideraban que debían realizarse el chequeo más a menudo. Sin embargo, para algunos grupos de activistas y médicos la recomendación resulta polémica, porque creen que podrían salvarse más vidas si el estándar fuera la realización de una mamografía anual.

El último estudio valida ampliamente las recomendaciones controvertidas realizadas por el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos en 2009, pero también clarifica qué grupo de mujeres debería o podría optar por otra conducta. Apenas en la década pasada, los radiólogos, oncólogos y especialistas en salud femenina comenzaron a apreciar el papel de la densidad mamaria en referencia al riesgo de desarrollar cáncer de mama. Si bien los radiólogos han advertido desde hace tiempo que ese tipo de tejido hace que sea más complejo detectar masas cancerosas, la creciente evidencia ha hallado que el cáncer es más propenso a afianzarse en él.

El reciente estudio es el primero en generar una calculadora de riesgo que tiene en cuenta ese factor, y pide una evaluación estandarizada por parte de un radiólogo de la densidad de la mama, a través de un cuestionario de seis puntos. Muchos estados requieren ahora que los radiólogos lean las mamografías para asignar y comunicar a una paciente y a su médico la medida de densidad, llamada puntuación BI-RADS (siglas en inglés de ‘Notificación de imágenes de mama y sistema de datos’).

En general, la medida de riesgo calcula la probabilidad de una mujer de desarrollar cáncer de mama entre los siguientes cinco y diez años, y la compara con el riesgo normal.

En la elaboración de sus modelos, los investigadores actualizaron los supuestos que han puesto en duda en la pertinencia de las calculadoras de riesgo existentes, basadas en las experiencias antiguas de mujeres que se sometieron a una generación anterior de mamógrafos, y que fueron más propensas a morir.

Equipos de modeladores de la Universidad Erasmus, en los Países Bajos; del Albert Einstein College of Medicine, de New York, y de Harvard Pilgrim Healthcare asumieron que las mujeres se someten hoy a mamografías digitales, que ofrecen tasas de detección mejoradas, con menores dosis de radiación que los métodos anteriores.

También consideraron las mejoría en la efectividad de los tratamientos contra el cáncer de mama, y el cambio en las causas de mortalidad entre las mujeres mayores de 50 años. Además, tomaron en cuenta que la densidad mamaria disminuye en las mujeres mayores. “Estos modelos son muy aplicables a las poblaciones que testeamos”, señaló la Dra. Karla Kerlikowske, especialista en cáncer de seno de UC San Francisco, quien es una de las autoras del nuevo estudio.

La práctica de los intervalos ‘a medida’ para la examinación ya está muy extendida en algunos países europeos, como Suecia, Holanda y España. Un estudio español, similar al mencionado en este artículo, halló que implementar un intervalo generalizado de tres años -pero anual para las mujeres con alto riesgo- reduce el sobrediagnóstico y ayudó a captar más casos. “Algunas lesiones detectadas en el examen jamás crecerán para convertirse en algo clínicamente significativo, y no tendrán impacto en la vida de una mujer”, aseguró Kerlikowske.

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