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La comunidad LGBT no condena a los musulmanes por el tiroteo en Orlando

Una manifestación en Lahore, Pakistán, este martes 14 de junio, para condenar el tiroteo masivo en el club nocturno Pulse, de Orlando, Florida.

Una manifestación en Lahore, Pakistán, este martes 14 de junio, para condenar el tiroteo masivo en el club nocturno Pulse, de Orlando, Florida.

(K.M. Chaudary/Associated Press)

“Podrán quitarme la vida, pero no callarán nuestra voz”. Alguien escribió ese mensaje en un trozo de cartón en el exterior del Stonewall Inn, en Nueva York, el domingo por la noche, donde cientos de personas conmovidas se reunieron para honrar a los 49 muertos y 53 heridos, víctimas del tiroteo en el club nocturno Pulse, de Orlando, Florida, que un hombre armado había cometido apenas horas antes. El bar gay de Florida, que celebraba su ‘Noche latina’ el sábado, se convirtió en el sitio del tiroteo más mortífero en la historia de los EE.UU.

Para las personas LGBT, la horrible masacre fue un recordatorio de que no todos somos iguales en un país donde nuestra seguridad no está considerada una prioridad: sólo 18 estados -entre ellos el Distrito de Columbia- poseen leyes de crímenes de odio en los libros que cubren tanto la orientación sexual como la identidad de género. Muchas agencias estatales del orden no informan acerca de los crímenes de odio al gobierno federal.

Para la comunidad musulmana, sin embargo, la tragedia fue un signo de la violencia que probablemente volverá hacia ellos: después de cada acto atribuido a una persona de fe islámica, los ataques violentos contra los musulmanes en los EE.UU. se disparan vertiginosamente.

El 2 de diciembre pasado, una joven pareja que, según las autoridades, fue radicalizada por el Islam fundamentalista, abatió a tiros a 14 personas en el Inland Regional Center, en San Bernardino. Después del ataque, los delitos de odio contra los musulmanes se multiplicaron: 19 personas reportaron haber sido víctimas de acoso o violencia durante apenas 10 días en diciembre. Apenas unas horas después del tiroteo, la escuela Al-Huda Islamic School, en Hawthorne, una institución primaria ubicada a una hora de distancia de San Bernardino, recibió una llamada telefónica indicando que ellos serían el siguiente objetivo.

La abrumadora intolerancia dirigida a la comunidad musulmana luego del hecho en San Bernardino coronó un tiempo extraordinariamente difícil para las personas de piel morena que viven en los EE.UU. El año también será recordado por los ataques a Charlie Hebdo y en la sala de conciertos Bataclan, en París, dos tragedias que pusieron a los musulmanes en el punto de mira. Los ataques contra los musulmanes estadounidenses se triplicaron en 2015, el año más violento registrado desde los ataques del 9/11, que dio lugar a 481 delitos de odio contra los musulmanes en el país.

Antes de los ataques al World Trade Center y el Pentágono, el número de incidentes en los EE.UU. motivados por odio anti-islámico era muy bajo, entre 20 y 30 cada año. Pero en 2014, el último período del cual se tiene información sólida, hubo 154 ataques a musulmanes estadounidenses.

Una abrumadora mayoría de estas víctimas no son radicales; son los vecinos de al lado, los compañeros de trabajo y los amigos que todos tenemos. Son el hombre sentado al lado en el tren, o la mujer que recorre la tienda de comestibles en su hijab. Si sus atacantes buscan enviar el mensaje de que la violencia y el extremismo no serán tolerados, deben saber que sus acciones no sirven para eso, sino para castigar a más personas inocentes.

Los EE.UU. tienen una comunidad musulmana rica y vibrante, de enorme diversidad y mayormente moderada. En 2015, una encuesta de Pew Research descubrió que los musulmanes del país son tolerantes con las personas LGBT: el 42% de ellos apoya el matrimonio de parejas del mismo sexo, una cifra que se acerca a la registrada por los cristianos (44%) y más alta que la de los evangelistas (28%) y mormones (40%). Poco después de la masacre de Pulse, muchos grupos musulmanes se han expresado contra la violencia y manifestaron su apoyo a la comunidad LGBT.

Pero eso no ha impedido que políticos como Donald Trump reiteraran su respaldo a la prohibición de ingreso de musulmanes al país. Algunos informes sugieren que el tirador de Orlando podría haber tenido vínculos con ISIS, algo que el precandidato republicano usó para profundizar su idea de prohibir el ingreso a los “inmigrantes de áreas del mundo con antecedentes de terrorismo”, según reportó el Washington Post. En un discurso que profirió el lunes desde New Hampshire, Trump apuntó a los musulmanes por no hacer lo suficiente para detener a los tiradores en Orlando y San Bernardino. “Ellos saben lo que está pasando”, dijo. “Pero, ¿saben qué? No los entregaron [a las autoridades]”.

El mensaje en Stonewall, el sitio de los disturbios en 1969 que encendieron el movimiento moderno por la igualdad LGBT, fue muy diferente. La noche, poco organizada, fue una oportunidad para que la comunidad se reuniera antes de que políticos y artistas se dieran cita en el histórico bar gay la noche posterior, para un evento muy publicitado. El lunes fue para el mundo, el domingo fue para nosotros.

La vigilia estuvo signada por los discursos de activistas, defensores y miembros de la comunidad, quienes apelaron a la capacidad de recuperación frente a ataques como éste.

Esa unión fue interrumpida brevemente por la intolerancia contra los musulmanes. Mirna Haidar, una refugiada del Líbano, dio un poderoso discurso acerca de la discriminación que enfrenta tanto como persona rebelde en temas de género como por su fe islámica. Haidar argumentó también que la comunidad LGBT debe apoyar a los musulmanes, pero durante su pedido de solidaridad, alguien comenzó a gritarle: “¡Este es un problema creado por los musulmanes!”. La multitud, sin embargo, rápidamente lo hizo callar.

Mientras que los políticos intentan explotar la tragedia de Orlando para crear más división e intolerancia, este momento es un recordatorio importante: el amor siempre vence al odio.

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