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La barra de granola orgánica podría estar enfermándole

El retiro del mercado de alimentos orgánicos ascendió al 7% de todas las unidades de alimentos sacados del mercado en 2015, a pesar de que las granjas orgánicas representan sólo alrededor del 1% de la superficie agrícola. (Los Angeles Times)

El retiro del mercado de alimentos orgánicos ascendió al 7% de todas las unidades de alimentos sacados del mercado en 2015, a pesar de que las granjas orgánicas representan sólo alrededor del 1% de la superficie agrícola. (Los Angeles Times)

La ley del karma puede ser muy cruel. Basta pensar cuántas veces los activistas anti-OGMs han protestado contra los riesgos imaginarios de alimentos que han sido modificados genéticamente. Ahora, se ha descubierto que uno de las golosinas preferidas de esos mismos manifestantes, la sagrada barra de granola constituye un riesgo real para la salud.

Campañas anti-ingeniería genética son algunas de las actividades financiadas por organismos como la Clif Bar Family Foundation, que utiliza los considerables beneficios que recibe de la venta de productos “sanos” y “naturales” para denigrar a los productos de la agricultura moderna y ensalzar supuestamente superiores alternativas orgánicas. Como las barras de la marca Clif.

La verdad es que pagar el “impuesto orgánico” o incremento de precio asociado a los productos orgánicos no te hace para nada más saludable. El retiro del mercado de alimentos orgánicos ascendió al 7% de todas las unidades de alimentos retirados del mercado en 2015, a pesar de que las granjas orgánicas representan sólo alrededor del 1% de la superficie agrícola.

A principios de junio, varios tipos de las barras Clif bares fueron retiradas de las tiendas porque contenían semillas de girasol orgánicas que estaban potencialmente contaminadas con una bacteria llamada listeria. La intoxicación alimentaria por este desagradable error mata a cientos de estadounidenses cada año.

Afortunadamente, el problema fue detectado antes de que alguien se enfermera con las barras Clif u otros bocadillos orgánicos afectados que fueron elaborados por Kashi y Bear Naked, ambas filiales de Kellogg. Todos estos productos contenían semillas de SunOpta, que se describe como una “empresa líder a nivel mundial enfocada en productos orgánicos, no genéticamente modificados (No OGM) y alimentos especiales”.

Un tipo similar de venganza kármica golpeó a Chipotle Mexican Grill año pasado. La cadena de restaurantes de comida rápida había tratado de ganar su cuota de mercado con anuncios que vilipendiaban a la agricultura convencional y audazmente proclamó su movimiento hacia ingredientes “sin OGM”. Pero la compañía se mostró más adepta a la comercialización que a la seguridad en la preparación de alimentos y cerca de 60 clientes en 20 estados se enfermaron por norovirus o bacterias (E. coli y Salmonella). Veinte fueron hospitalizados.

La mayor seguridad y los beneficios ambientales de alimentos elaborados a base de plantas genéticamente modificadas han sido probados durante décadas. Muchos cultivos genéticamente resisten a los insectos y a la contaminación de las toxinas de hongos peligrosos, tales como las micotoxinas.

Y a diferencia de las nuevas variedades de cultivos modificados con técnicas menos precisas y menos predecibles que son permitidas en la agricultura orgánica, los cultivos genéticamente modificados han sido probados exhaustivamente y están sujetos a la regulación gubernamental.

Las prácticas de agricultura orgánica rechazan muchos avances de la tecnología agrícola moderna como si hubiera una especie de era dorada en la agricultura, cuando las técnicas primitivas producían mejores resultados. Esa noción es una completa tontería.

Un informe por investigadores en el Centro para la Política de Salud de la Universidad de Stanford analizó los datos de 237 estudios para determinar si los alimentos orgánicos son más seguros o saludables que los alimentos no orgánicos. Llegaron a la conclusión de que las frutas y verduras que cumplieron con los criterios de “orgánico” en promedio no eran más nutritivas que sus contrapartes convencionales mucho más baratas, ni eran alimentos menos propensos de estar contaminados por bacterias tales como E. coli o Salmonella.

¿Por qué en la Tierra alguien pensaría que usar estiércol crudo como fertilizante--en esencia propaga las heces en plantas de alimentos-- produce alimentos más sanos?

Algunos de los problemas potenciales con productos orgánicos parecen como una cuestión de sentido común. ¿Por qué en la Tierra alguien pensaría que usar estiércol crudo como fertilizante--en esencia propaga las heces en plantas de alimentos-- produce alimentos más sanos? (Está permitido, pero la FDA requiere cierto tiempo entre la aplicación del estiércol crudo y la cosecha).

Y la creencia generalizada que promueve la industria orgánica de que los productores orgánicos no usan pesticidas es simplemente falsa. A pesar de que están prohibidos los pesticidas modernos, según los datos del USDA, existe una gran trampa. Por otra parte, muchos de los plaguicidas primitivos que son permitidos a los agricultores orgánicos representan peligros significativos.

Como bióloga evolucionista, Christie Wilcox explicó en un artículo de la revista Scientific American en 2012: “Los pesticidas orgánicos plantean los mismos riesgos para la salud que los no orgánicos” Por ejemplo, el aceite de nim que mata bichos, se considera “natural” debido a que la sustancia se encuentra en las semillas de un árbol, pero “natural” no significa seguro. Se sabe que dicho aceite causa convulsiones y coma en los seres humanos si se consume en grandes dosis y mata a los abejorros en concentraciones muy bajas.

La ciencia moderna ha diseñado pesticidas mucho mejores que el aceite de nim y que son más seguros, más específicos y mucho más eficaces en concentraciones significativamente más bajas.

Los tratamientos modernos de semillas de pesticidas, por ejemplo, significa que los cultivos a veces crecen sin necesidad de rociar las plantas.

A pesar de la abrumadora evidencia científica a favor de la seguridad de la agricultura moderna, Clif Bar no se echa para atrás. La página web de la compañía contiene propaganda anti-ingeniería genética: “Los transgénicos (OGM) son simplemente el último parche de un sistema que no funciona - una herramienta defectuosa en el sistema agrícola convencional, químicamente dependiente”.

La industria multimillonaria de alimentos orgánicos dedica enormes recursos para a perpetuar el mito de que los métodos de cultivo del siglo XIX producen alimentos más saludables y mejores para el medio ambiente es porque tiene que convencer a los consumidores a gastar por sus productos un promedio extra del 50%.

Mejor guiarse por los hechos en lugar de temores promulgados por activistas de alimentos con intereses propios.

Henry I. Miller, médico y biólogo molecular, es un compañero en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Fue el director fundador de la Oficina de Biotecnología de la FDA.


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