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Historias con moraleja: ahorre para su jubilación

Hermie Nunag, Laurel Rosenberg y Millie Brooks hablan sobre la importancia de planificar y ahorrar para el futuro.

Hermie Nunag, Laurel Rosenberg y Millie Brooks hablan sobre la importancia de planificar y ahorrar para el futuro.

(Steve Lopez / Los Angeles Times)

Desde que brevemente perdí tres veces los signos vitales después de una cirugía y luego me levantaron de entre los muertos gracias a la RCP –resucitación cardiopulmonar- por una enfermera bien entrenada, me he dado cuenta que me es más difícil vivir conservadoramente y planificar para el mañana.

Cualquiera de nosotros podría irse cualquier momento, así que ¿por qué no gozarla?

Bueno, tal vez porque la mayoría de la gente no va a morir joven, y numerosos estudios han concluido que millones de baby boomers (los baby boomers son los niños que nacieron después de la segunda guerra mundial, entre 1945 y 1964) no han ahorrado suficiente dinero para vivir cómodamente una vez que se jubilen.

Podríamos muy bien estar dirigiéndonos a una catástrofe nacional, dado el costo del cuidado de la salud de los ancianos, la desaparición de las pensiones y la terrible incertidumbre de las cuentas 401 (k) que suben y bajan en la locura de los mercados.

Así que adelante, compra ese descapotable o toma el crucero a Alaska, si puedes permitírtelo, pero guarda unos cuantos dólares para más adelante, si es que puedes, o vivirás para lamentarlo. Este es el consejo que Susan B. Geffen, una abogada y gerontóloga de la tercera edad y autora del libro “Tome este hogar de ancianos y métaselo”, les ha estado dando a sus clientes durante años.

“Me siento tan mal cuando alguien viene a mi oficina y que se ha quedado sin dinero,” escribió Geffen en su reciente boletín a clientes, en el que contó la historia de una mujer entrada en los 80 que quiere retirarse de un trabajo como recepcionista de un hotel en el Westside, pero no le alcanza para hacerlo.

Me reuní con Geffen y el cliente, que sollozó más de una vez, a medida que ella contaba su historia.

Su marido murió joven y ella se convirtió en madre soltera trabajadora, ganando apenas lo suficiente para sobrevivir. Pero una vez que se jubile, su ingreso del Seguro Social no cubrirá siquiera el costo de su apartamento de 1 dormitorio, de $1.600 al mes y sus otros gastos básicos aniquilarán sus ahorros en unos cuatro años de vida.

“Estoy trastabillando. No sé qué hacer ni cómo decidir”, dijo la clienta, que quería contarme su historia como una advertencia a los demás, pero me pidió no usar su nombre.

Geffen dijo que si la cliente hubiera venido 10 años antes, ella le hubiera aconsejado buscar un apartamento de $800 al mes y que hubiera guardado $800para su jubilación. Eso no es fácil para personas de la clase obrera en esta economía, con los salarios estancados y el alza de los precios.

Para esta mujer, habría significado una casa más pequeña en un barrio menos bonito, pero ahora se da cuenta que ese sacrificio habría valido la pena porque ella estaría en mucho mejor forma económica hoy.

Geffen intentó encontrar vivienda subsidiada para la cliente, pero el inventario se ha reducido y las listas de espera han aumentado. Así que su cliente está pensando en seguir trabajando hasta los 85, o mudarse hacia el desierto, donde los alquileres son mucho más baratos.

De hecho, Geffen dijo que debería hablar con su primo, que hizo eso mismo.

Laurel Rosenberg, que está más cercana a 70 que a 69, había estado divorciada desde hacía ya varios años, crió a sus hijos y trabajó en algunos buenos empleos y algunas no tan buenos intentando perseguir una carrera dentro del arte.

Hace dos años, ella estaba ganando $10 la hora en Bloomingdale y tuvo que vender su casa en Tarzana, incapaz de pagar los gastos. Eso le dio un poco de colchón, pero no quería quemarlo en las altas rentas de los Ángeles, así que se mudó a Palm Springs.

“Es encantador”, dijo de la casa de una habitación, que cuesta su $1.150 al mes, utilidades y Wi-Fi incluido. Pero los costes de almacenamiento de los muebles de su anterior casa le cuesta $300 al mes, y su cheque del Seguro Social es sólo de $1.082 al mes.

Por lo que incluso mudándose al desierto, sigue estando en un agujero, en busca de trabajo y aprovechando sus ahorros mientras intenta lanzar dos empresas: laurelrosenberg.com, donde ella vende sus creaciones artísticas, y www.sizzlingseniors.com, un sitio de entretenimiento y encuentro para personas mayores.

Hace unos días montó en su destartalado coche para manejar desde el desierto hasta Los Ángeles y echarle un vistazo a su madre enferma, pero la batería estaba muerta.

Así es como suceden las cosas alguno días. Y para colmo, Rosenberg acaba de recibir un cobro de $3,000 por una endodoncia.

“Yo no tenía planeado que mi vida fuera de esta manera. Ojalá hubiera hecho algunas cosas diferente”, dijo ella, mencionando la universidad como una experiencia que ella desea haber tenido, junto con la seguridad financiera que tener un título conlleva.

“Y sin embargo, aun dadas las circunstancias de hoy, continuo llena de esperanza para el mañana”.

Conocí a Rosenberg en Westwood, la casa de su madre, Millie Brooks, de 90 años, quien me dijo que la llamara “La completamente moderna Millie”. Ella todavía sale con pretendientes, con un novio de 80 años que viene últimamente, y para mi diversión, ella cantó “I write the songs” de Barry Manilow.

Y aun con todas sus agallas, Brooks tiene sus propios problemas, incluyendo el hecho de que ella duerme en una cama de hospital en su comedor. Ella vive en el condominio que ella compartió con su difunto marido, pero tiene que pagar impuestos y utilidades sin tener ningún capital. Es propiedad de la familia de su marido y algunas reglas estrictas aplican, como lo cuenta Brooks.

No se le permite tener un inquilino, por lo que su hija no se puede mudar con ella y lentamente está gastando los ahorros con lo que pagaría a un cuidador y los gastos médicos que no dejar de aumentar.

A su edad, ella probablemente sobrevivirá a sus recursos, a menos que termine en un hogar para ancianos que ordeñara su cuenta de banco.

Aun así, ella se asusta un poco, debido a algunos trabajos dentales recientes, junto con un nuevo aparato para escuchar, le recortan alrededor $5,000, y ella apoya a un hijo en una vivienda de asistencia debido a una enfermedad mental.

El cuidador de Brooks, Hermie Nunag, escuchó atentamente las historias de Brooks y de Rosenberg, y me preguntaba acerca de las suyas propias.

Ella era reacia a hablar al principio, pero luego aflojó un poco.

“Yo no tenía nada”, contó, diciéndome que ella creció en una habitación individual en las Filipinas con su familia de cuatro miembros y determinada a edad temprana en obtener una buena educación. Ella trabajó mientras que iba a la universidad, estudió comercio y encontró trabajo como profesora en Francia antes de trasladarse a los Estados Unidos.

Nunag, de 51 años, comparte un apartamento de Mid- City con dos compañeras de habitación, pagando $600 al mes. Ella se mueve por la ciudad en autobús. Vivir tan modestamente le ha permitido enviar dinero a su familia en Filipinas y para invertir en propiedades para un eventual retorno.

Ella tiene un objetivo para su futuro y tiene un plan para llegar hasta allí. Quizás hay una lección en eso para nosotros a medida que nuestra nación se va haciendo vieja, el tiempo y el dinero van disminuyendo y mientras, tratamos de encontrar el equilibrio adecuado entre vivir para el hoy y la preparación para el mañana.

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