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Persiste el contrabando de drogas entre los jóvenes en la frontera

Los autos esperan en la garita de San Ysidro, mientras los agentes realizan las inspecciones de los autos.

Los autos esperan en la garita de San Ysidro, mientras los agentes realizan las inspecciones de los autos.

((John Gibbins / San Diego Union-Tribune)

No fue una operación secreta, ni una vigilancia a largo plazo, ni escuchas telefónicas lo que llevó a las autoridades a darse cuenta que Josué Lomelí contrabandeaba drogas.

Era tan simple y tan obvio como el bulto mal disimulado en la ropa del adolescente cuando se acercó al agente de Aduanas y Protección de Fronteras asignado al carril 59 en el Puerto de Entrada de San Ysidro.

Enviado a un área de inspección secundaria, al joven - identificado en documentos de la corte como “E.G.” - se le preguntó lo que llevaba. En respuesta, se puso de pie y se levantó la camisa, revelando cuatro paquetes atados con cinta a su torso.

Los paquetes contenían 2.7 kilos de heroína, casi seis libras. E.G. dijo a los inspectores que le habían pagado $800 - una fracción del precio callejero de los narcóticos – para pasar las drogas al otro lado de la frontera.

Dijo que el hombre que le había atado los paquetes a su cuerpo estaba justo detrás de él, en el carril de paso peatonal cuando el oficial notó el bulto. Después de la revisión de imágenes de cámaras de seguridad, las autoridades identificaron a Lomelí. Meses después, lo detuvieron cuando apareció otra vez en el puerto de entrada.

Lomelí finalmente confesó que él había atado drogas en el cuerpo de al menos seis personas, entre ellas dos menores de edad. La semana pasada, cuatro años después E.G. fue capturado, Lomelí se presentó frente a la Juez de Distrito de Estados Unidos, Marylin Huff y fue condenado a 70 meses en una prisión federal.

Las drogas fluyen a través de la frontera con Estados Unidos por tierra, mar y aire, en túneles subterráneos, ocultas en los coches, envasadas ¿¿dentro de juguetes y materiales de construcción - y atadas a los cuerpos de jóvenes dispuestos a traficarlas, tentados por la promesa de dinero en efectivo y la realidad de que, si son detectados, su edad será un escudo que evitará una condena muy severa.

Huff dijo que el caso de Lomelí, fue un ejemplo escalofriante de un fenómeno de mucho tiempo respecto a la utilización de menores como “mulas” de narcóticos en el cuerpo.

Hace varios años, alarmados por un aumento en las detenciones de menores capturados en la frontera, las autoridades emprendieron un programa de visitas a escuelas secundarias en los condados de San Diego e Imperial para advertir de los peligros y consecuencias a largo plazo.

Según las estadísticas de Aduanas y Protección de Fronteras, dichas acciones parece que tuvieron algún efecto.

En 2013, un total de 118 jóvenes fueron capturados por contrabando de marihuana, metanfetamina, heroína y cocaína en el sector de San Diego, un área que cubre los seis puertos oficiales de entrada del este de San Ysidro a Andrade, en el Condado de Imperial, así como el aeropuerto y el puerto.

El programa de educación y difusión comenzó en 2013. Al año siguiente, el número de jóvenes capturados s redujo a 63. Aumentó ligeramente a 70 en 2015. Y, según muestran las cifras de la agencia, hasta mayo de este año, unos 24 menores de edad han sido capturados

La disminución puede atribuirse a muchos factores, tales como seguridad fronteriza más estricta, aunque las cifras sólo muestran a aquellos que fueron atrapados, pero no a los que probablemente pudieron cruzar la frontera con drogas.

Aunque reconocen el descenso, las autoridades dijeron que el problema persiste.

“Por desgracia, es algo que todavía vemos a menudo”, dijo Sidney Aki, director del puerto de San Ysidro, el cruce fronterizo más transitado del mundo.

Las bandas de narcotraficantes apuntan a los jóvenes que pueden cruzar legalmente la frontera, porque son ciudadanos de Estados Unidos que pueden vivir en Tijuana e ir a la escuela en Estados Unidos, o a quienes tienen una tarjeta de cruce fronterizo. Les pagan no más de unos pocos cientos de dólares, que parecen mucho dinero para adolescentes, dijo Aki.

Si son atrapados, los menores no son procesados ¿¿en un tribunal federal, y son enviados a declarar ante un tribunal de menores, donde por lo general son acusados de posesión de drogas para la venta. El fiscal adjunto del Condado de San Diego, Dwain Woodley dijo que, en el último mes, su oficina ha presentado casos de contrabando de drogas contra cinco menores de edad.

Dijo que los jóvenes, -en su mayoría delincuentes por primera vez-, probablemente no recibirán una larga condena.

“Esto no es un delito que garantice que alguien vaya a ser enviado a la División de Justicia para Menores”, dijo, en referencia al sistema de detención juvenil estatal.

El programa de extensión que visita las escuelas secundarias hace hincapié en que hay serias consecuencias para el contrabando, incluso para los jóvenes, dijo la fiscal asistente del Departamento de Justicia, Sherri Walker Hobson.

Dijo que esto incluye ser deportado si se trata de un ciudadano que no es estadounidense o perder una visa que permite la entrada a los Estados Unidos. Los efectos a largo plazo para ciudadanos incluyen la pérdida del derecho de votar, afectación de ciertas licencias profesionales o incluso perder la elegibilidad para algunos beneficios federales.

“Todo lo que ven es la gratificación inmediata del dinero”, indicó. “No hay ningún reconocimiento por las consecuencias colaterales a largo plazo”.

El programa de educación se intensificó a finales de 2013, cuando murió un adolescente de Tijuana. El joven llevaba dos botellas de un líquido de color oscuro y después de decirle a los inspectores que era jugo, voluntariamente tomó un pequeño sorbo.

El muchacho cayó gravemente enfermo y poco después murió. Las botellas contenían metanfetamina líquida, dijeron las autoridades.

El incidente que involucra a E.G. se produjo en julio de 2012, y Lomelí fue acusado en noviembre de ese año. Según documentos judiciales, los agentes federales le ofrecieron la oportunidad de ser puesto en libertad si estaba de acuerdo a cooperar.

Cuando fue liberado, Lomelí - un ciudadano de EE.UU. huyó a México-. No fue sino hasta el 31 de mayo de 2015, que fue detenido de nuevo en el cruce de San Ysidro. Había sido apuñalado por narcotraficantes rivales, y su madre lo había transportado en una ambulancia en Tijuana y lo envía al puerto de entrada de Estados Unidos, donde como un ciudadano iba a recibir atención médica, según documentos judiciales.

Lo que sucedió con E.G. no se sabe porque los registros juveniles están sellados.

Si desea leer este artículo en inglés, haga clic aquí


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