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Gabrielle Union: “No puedo tomar las acusaciones de violación de Nate Parker a la ligera”

Gabrielle Union llega a la entrega de los premios NAACP Image Awards, en el Pasadena Civic Center ().

Gabrielle Union llega a la entrega de los premios NAACP Image Awards, en el Pasadena Civic Center ().

(Los Angeles Times)

Veinticuatro años atrás, fui violada a punta de pistola en la oscura y fría parte trasera de la tienda de zapatos Payless donde trabajaba. Hace dos años, firmé un contrato para interpretar, con un guión brillante llamado “The Birth of a Nation”, a una mujer que había sido violada. Hace un mes me enviaron la historia de Nate Parker, el muy talentoso escritor, director y actor de este film. Allí decía que, 17 años atrás, Parker había sido acusado y absuelto por un ataque sexual. Hace cuatro años, la mujer que lo acusó se suicidó.

Los diferentes caminos circundan una mancha brutal e indeleble en nuestra sociedad, una mancha que está finamente grabada en mi propia historia. La violación es una herida que late mucho tiempo después de su cura. Para algunos de nosotros, el latido es demasiado fuerte. El síndrome de estrés postraumático es real y hace mella en el alma y la sanidad de muchos de nosotros, quienes somos sobrevivientes de violencia sexual.

Desde que me enteré de la historia de Nate Parker, me encuentro en un estado de confusión que me revuelve el estómago. Tomé este papel porque me sentía relacionada con la experiencia. También porque quería darle voz a mi personaje, que permanece en silencio durante toda la película. En esa quietud, ella representa a un sinnúmero de mujeres negras que han sido -y siguen siendo- violadas; mujeres sin voz, sin poder, mujeres en general y mujeres negras en particular. Yo sabía que podía terminar esta película y hablar con el público acerca de qué se siente ser una sobreviviente.

Mi compasión por las víctimas de la violencia sexual es algo que no puedo controlar; sale de mí como un instinto, no es una elección. Es algo que me empuja a hablar cuando quiero escapar del escenario, cuando estoy asustada, confundida, avergonzada. Recuerdo esa parte de mí y debo llegar a cualquiera que escuche; otros sobrevivientes, incluso potenciales delincuentes.

Tan importante e innovadora es esta película que no puedo tomar estas acusaciones a la ligera. En esa noche, hace 17 años, ¿Nate habrá tenido el consentimiento de su pareja? Muy posiblemente, él creyó que sí. Sin embargo, por sus propias declaraciones, no obtuvo una confirmación verbal. Incluso si ella nunca le dijo “no”, el silencio no es igual a un “sí”. Aunque a menudo es difícil de leer y entender el lenguaje corporal, el hecho de que algunas personas interpreten la ausencia de un ‘no’ como una afirmación es problemático, como mínimo, y criminal, en su sentido más fuerte. Por ello la educación al respecto es tan vital.

Como mujer negra que cría a brillantes, guapos y talentosos jóvenes negros, soy consciente de mi responsabilidad para ellos y su futuro. Mi esposo y yo hacemos hincapié en la importancia de caminar por una línea aún más recta que la de sus pares blancos, una lección que es dolorosa y exasperante, pero obligatoria en el mundo en que vivimos. Hemos pasado incontables horas hablando de modales, educación, los peligros de las drogas. Les enseñamos acerca del peligro de los extraños y de la importancia de tomar buenas decisiones. Sin embargo, recientemente me he dado cuenta de que tenemos que hablar con nuestros hijos sobre los límites entre los sexos, y lo que significa ser un peligro o no para otra persona.

En ese sentido, nos esforzamos para enseñarles acerca del consentimiento afirmativo. Les explicamos que la responsabilidad recae sobre ellos para preguntar explícitamente a sus parejas, y les decimos que un encogimiento de hombros, una sonrisa o un suspiro no valen. Ellos deben escuchar un “sí”.

Independientemente de lo que yo creo que haya pasado esa noche, hace 17 años, después de leer las 700 páginas de la transcripción del juicio, sigo sin saber a ciencia cierta. Nadie que no estuviera en esa corte puede saberlo. Pero creo que la película es una oportunidad de informar y educar para que estas situaciones dejen de ocurrir en los campus universitarios, en los dormitorios, las fraternidades, los apartamentos y en todos los sitios donde los jóvenes se reúnen para socializar.

Yo me sumé a esta película para hablar de la violencia sexual, para hablar de esta mancha que permanece en nuestra psique. Sé que estas conversaciones son incómodas, difíciles y dolorosas. Pero también son necesarias. Hablar de la misoginia, la masculinidad tóxica y la cultura de la violación es necesario. También lo es considerar qué cosas pueden considerarse un consentimiento y cuáles no.

Pensemos en todas las víctimas que, al igual que mi personaje, están en silencio. Chicas sentadas en su dormitorio, con miedo a hablar. La esposa maltratada por su marido. La mujer atacada en un callejón. El niño abusado. Innumerables almas rotas por los ataques de este tipo. Por todos ustedes, yo hablo. Esto es real, ustedes lo son. La violencia sexual ocurre más a menudo de lo que podemos imaginarnos, y las historias de esta película prueban y enfatizan eso.

Espero que podamos usar esto como una oportunidad para reflexionar, para generar más conversación, para llegar a las organizaciones que trabajan arduamente para evitar ese tipo de delitos y para apoyar a las víctimas. También para donar dinero o tiempo, para desempeñar un papel activo en la creación de un movimiento que cambie la arraigada misoginia que impregna nuestra cultura. Y para, eventualmente, limpiar esa mancha tan profunda.

Gabrielle Union es actriz.

Para leer esta historia en español haga clic aquí


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