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Este padre pensó que poner un límite en la tarjeta de crédito de su hijo funcionaría; se equivocó

El límite también podría ser aumentado permanentemente porque el banco no considera que dicho cliente es riesgoso.

El límite también podría ser aumentado permanentemente porque el banco no considera que dicho cliente es riesgoso.

(Los Angeles Times)

Los consumidores tienen una serie de protecciones importantes bajo la Ley de Responsabilidad y Divulgación de Tarjetas de Crédito, comúnmente llamada la Ley de las Tarjetas, que se promulgó en 2009 con el presidente Obama (13 de diciembre de 2016).

Bob Kargenian, un consultor financiero del condado de Orange, pidió una tarjeta adicional en su cuenta de American Express para su hijo. “Queríamos que tuviera una contención de seguridad”, afirmó. “Pero también queríamos imponer algo de disciplina para su uso”.

Para lograr ambos objetivos, Kargenian, de 59 años, estableció un límite de gastos mensuales de $350 dólares. Me mostró una copia de su resumen donde decía: “Límite mensual $350”.

Sin embargo, el mismo resumen mostraba que su hijo de 22 años había incurrido en gastos por $547. “¿Cómo ocurrió esto?”, se preguntaba Kargenian. “¿Cuál es el propósito de establecer un límite?”.

La cosa se pone peor. Kargenian afirmó que sus llamados y cartas a AmEx no le dieron una solución. “Seguían diciéndome que me volverían a llamar”, recuerda. “Pero nunca lo hicieron”.

Antes de continuar, daremos un paso atrás y examinaremos el paisaje. Los consumidores cuentan con una serie de importantes protecciones con la Ley de Responsabilidad y Divulgación de Tarjetas de Crédito, más conocida como la Ley de Tarjetas, que el presidente Obama promulgó en 2009. Entre sus salvaguardias se incluyen los límites en los aumentos de las tasas de interés, las fechas de vencimiento más claras y el derecho a rechazar cambios en términos (aunque ello signifique que el cliente deba saldar su deuda y cerrar la cuenta).

Otra disposición de la ley es el requisito de que los emisores de tarjetas reciban el permiso de los titulares antes de imponer cargos por pasar el límite de crédito. Aquellos que deciden no contemplar esa opción, a menudo se encuentran con transacciones rechazadas cuando exceden los límites.

Quienes no hicieron nada después de la Ley de Tarjetas automáticamente optaron por no contemplar cargos fuera de los límites.

Según la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, “si uno ha aceptado permitir cargos por exceso del límite, generalmente se le puede cobrar un costo de hasta $25 la primera vez que lo excede, y de $35 si lo supera una segunda vez dentro de los seis meses”. Más aun, “si uno eligió permitir que el emisor de la tarjeta contemple gastos por encima del límite tiene derecho a cambiar esa elección en cualquier momento, notificando al emisor”.

La oficina estima que la Ley de Tarjetas ha ahorrado a los consumidores por lo menos $16 mil millones en cargos, entre ellos $9 mil millones en cargos por encima de sus límites.

Sin embargo, tenga en cuenta que nada puede impedir que un banco aumente el límite de su crédito -sin cobrar al cliente- si una transacción lo supera. Esto podría hacerse de manera temporal para salvar al cliente de la vergüenza de que un restaurante rechace su tarjeta luego de una cena, por ejemplo. El límite también podría ser aumentado permanentemente porque el banco no considera que dicho cliente es riesgoso.

Las llamadas tarjetas autorizadas (o adicionales), como la que Kargenian pidió para su hijo, pueden ser más complicadas. Los bancos pueden estar más dispuestos a permitir transacciones de límite excesivo porque pueden apelar al titular principal de la cuenta si el autorizado no puede pagar. “Por lo menos, el banco debería enviar una alerta al titular de la cuenta informando que una de sus tarjetas adicionales ha superado el límite”, afirmó Linda Sherry, directora de prioridades nacionales del grupo de defensa Consumer Action. “Un límite debe ser un límite, pero no siempre es así”.

Leah Gerstner, una vocera de AmEx, me agradeció por traer a la luz la situación de Kargenian, pero prefirió no discutir el caso “debido a razones de privacidad”, aunque en realidad fui yo quien sumó a AmEx a esta fiesta.

En términos hipotéticos, afirmó, una transacción de una tarjeta adicional podría pasar de un ciclo de facturación al siguiente si se procesó al final del mes. En esos casos “parecerá superar el límite de gasto del mes siguiente”.

Hipotéticamente, entonces, así es cómo un límite de gasto de $350 puede resultar en una factura de $547. Pero eso no explica por qué AmEx hizo un trabajo tan miserable y no informó de esta proporción relativamente directa a su cliente.

Kargenian afirmó que llamó dos veces a la empresa, y en ambas oportunidades los representantes de servicio fueron incapaces de llegar a una explicación al respecto. También le dijeron las dos veces que lo volverían a contactar, pero no lo hicieron.

Por todo ello, Kargenian canceló la tarjeta de su hijo, pagó $350 de la cuenta y escribió a AmEx pidiendo algunas respuestas antes de pagar el resto. La compañía le escribió una respuesta donde confirmaba la cancelación de la tarjeta y le pedía a Kargenian que, si quería una respuesta, llamara al Departamento de Servicios”, lo cual era exactamente lo que él había hecho ya dos veces antes.

Gerstner se negó a abordar este colapso total del servicio al consumidor y sólo mencionó que la empresa “se disculpa por la frustración causada al cliente”.

Fue demasiado tarde: Kargenian también canceló su tarjeta AmEx, y la de su esposa.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta historia en español haga clic aquí


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