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Estallan protestas en México por el desproporcionado aumento del combustible

Los precios de la gasolina en México desataron protestas.

Los precios de la gasolina en México desataron protestas.

(Los Angeles Times)

El autobús lleno de viajeros de vacaciones tuvo que detenerse. En la carretera, en las afueras de la Ciudad de México, los manifestantes bloqueaban las calles blandiendo palos, quemando escombros y agitando pancartas que decían: ‘¡Es suficiente!’.

“Esto es un caos”, afirmó el conductor del vehículo, mientras observaba el atasco de tránsito, que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Pasó una hora, después cinco. Los pasajeros tenían hambre; desde sus ventanilla podían ver a otros conductores que habían abandonado sus vehículos y arrastraban el equipaje a lo largo de la carretera oscura.

El bloqueo -uno de los por lo menos 21 que paralizaron el tránsito en todo México el lunes- surgió en respuesta a un repentino aumento de los precios de la gasolina, provocado por una nueva política gubernamental de desregulación.

El 31 de diciembre, un galón de combustible sin plomo de calidad estándar costaba aproximadamente $2,60. El Día de Año Nuevo, una nueva política entró en vigor y el costo aumentó más del 14%, a cerca de $2,95. El precio del combustible premium se incrementó hasta un 20%.

Las protestas comenzaron luego de que Jesús Zambrano, del izquierdista Partido de la Revolución Democrática, junto con otros líderes opositores, convocaran a los mexicanos a oponerse a los aumentos organizando una ‘revolución pacífica’.

El martes, los bloqueos seguían deteniendo el tráfico en algunas carreteras, y las autoridades estaban a la caza de varias personas acusadas de secuestrar un camión de combustible cerca de la Ciudad de México para extraer la gasolina.

La petrolera estatal Pemex pidió a los organizadores de bloqueos el cese de sus actividades, advirtiendo en una declaración que “si continúan los cortes y agresiones, el suministro de gasolina y diésel a la población se verá seriamente afectado”.

Por décadas, el gobierno de México fijó los precios del combustible, a menudo con un subsidio. Pemex fue nacionalizada en 1938 y durante años fue un símbolo del orgullo y la autonomía de ese país, pero en los últimos años se convirtió en una fuente de escándalo cuando algunos de sus funcionarios enfrentaron cargos por corrupción.

La desregulación de los precios del combustible, anunciada el 27 de diciembre pasado, es parte de una iniciativa mayor del presidente Enrique Peña Nieto para acabar con el monopolio de la industria petrolera. La revisión permite a compañías extranjeras comenzar la explotación petrolera en México, y más tarde importar y distribuir gasolina allí.

El mandatario prometió al comienzo de la reforma del sector energético que, con las nuevas medidas, los precios de los combustibles bajarían. En lugar de ello, han subido.

Muchos economistas creen que la desregulación beneficiará la economía y a los consumidores, pero en el largo plazo. Sin embargo, el repentino cambio en la política de precios se presentó en un momento complejo, que coincide con el alza de los precios mundiales del petróleo y la temporada alta de vacaciones, así como el aumento de la inflación, una fuerte caída del valor del peso frente al dólar y las amenazas del presidente electo de los EE.UU., Donald Trump, de retirarse de los acuerdos comerciales con México. Algunos expertos sugieren que la desregulación fue programada para dar al gobierno mexicano una muy necesaria infusión de efectivo.

La economía mexicana recibió otro golpe este martes, cuando Ford anunció la cancelación de sus planes para construir una nueva fábrica de $1,600 millones de dólares en ese país. En lugar de ello, invertirá $700 millones en Michigan.

“Es una tormenta perfecta”, aseguró Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas, en Austin. “Cuando se compara el costo de la gasolina con el salario promedio en México, en comparación con los EE.UU. cuesta mucho más, por lo cual el aumento en el precio tiene un impacto mucho mayor para ellos”.

Un estudio de Bloomberg de 59 países halló que los mexicanos, junto con los sudafricanos, gastan la mayor parte de sus ingresos en gasolina, y casi el doble que los estadounidenses. Los problemas estructurales con la refinería de petróleo y el sistema de distribución de México agravaron los inconvenientes, provocando escasez de combustible en algunas gasolineras en los últimos días y generando un mercado negro en algunos estados, informó Piñón. “No tienen la capacidad de satisfacer la demanda”, agregó.

Pemex, que se ha visto obligada a importar petróleo porque sus refinerías no pueden procesar petróleo crudo mexicano con suficiente rapidez, también sufre el estancamiento de dichas importaciones en los puertos mexicanos.

Los oleoductos de México también sufrieron un aumento en los robos. Más de $1,000 millones en gasolina son robados cada año por redes criminales, según estimaciones del gobierno.

Algunos analistas políticos especulan que la controversia puede beneficiar a los partidos de oposición, con la esperanza de ganar la presidencia en las elecciones del año próximo. Ricardo Anaya, presidente del Partido Acción Nacional, utilizó la polémica para criticar las reformas energéticas de Peña, que llegaron demasiado tarde. Anaya afirmó que “la falta de inversión en áreas estratégicas hacen que hoy sea necesario importar la mayoría del combustible que consumimos en el país”.

Muchos mexicanos están preocupados porque el aumento de los costos de transporte se verán reflejados en muchos otros precios, entre ellos el de los alimentos. Las propias personas que quedaron atascadas en bloqueos el lunes por la noche simpatizaban con la causa. En el autobús varado, el conductor lamentó la suerte económica de México, mientras los pasajeros compartían panes y una única botella de Coca-Cola. “Todo aumenta; el precio de las tortillas, el de los frijoles… Y aumentará aún más”, aseguró. “¡Esperemos que no toquen el precio de la cerveza!”, gritó alguien desde atrás. “Presidente Peña”, se escuchó decir a una mujer. “¿Dónde está usted ahora?”.

Traducción: Valeria Agis

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