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En New Hampshire, la campaña se vuelve apocalíptica

Donald Trump, en un mitín en Great Bay Community College, en Portsmouth, New Hampshire.

Donald Trump, en un mitín en Great Bay Community College, en Portsmouth, New Hampshire.

(Robert F. Bukaty / Associated Press)

Los pueblos y ciudades de New Hampshire lucen más pintorescos que nunca; la gente, tan amable como pocas. Aquí, la tasa de desempleo es del 3.1%, alrededor de un tercio inferior a la nacional. Sin dudas, éste parece ser un sitio poco probable para el apocalipsis.

Sin embargo, esa –o algo parecido- es la amenaza que brota de los políticos republicanos que recorren el estado, y que se escucha en los anuncios que colman los televisores en este lugar.

“Todo lo que representamos está bajo ataque”, dice el nuevo anuncio de Donald Trump. “Después de siete largos años de este presidente, sentimos que nuestro país se hunde”, afirma el senador Marco Rubio, de Florida, en su aviso más reciente. “La calamidad económica... aqueja nuestra nación”, dice el senador Ted Cruz, de Texas, en el suyo.

Ese es el mensaje elctoral aquí y en todas partes.

Hay algunos destellos ocasionales de esperanza, sin dudas, pero la elección está impregnada de desagradables anuncios de campaña y fuertes denuncias acerca de la situación del país.

No se trata de que el país esté sufriendo –lo está, enormemente y en todas partes-. Se trata menos de la elección de un nuevo presidente, que de una batalla por el alma de la nación. Es una campaña dirigida a los enojados y ofendidos.

En ese sentido, el maestro del discurso político apocalíptico es Trump, quien ha convertido las preocupaciones de los votantes en una deprimente banalidad mientras recorre el estado, en campaña. “El cristianismo está bajo asedio, la Segunda Enmienda está asediada; tantas cosas están en peligro”, declaró el precandidato el pasado jueves, en un mitín en Exeter.

Según Trump, prácticamente todo va mal, todo el tiempo, debido a los políticos. “Estamos en grandes problemas porque vamos en la dirección equivocada”, dijo. “La economía es terrible; nuestro comercio exterior es muy malo. Nos están robando... Estamos siendo diezmados en el comercio; por China, Japón y por cada país con el que hacemos negocios. Esto nunca cambiará con estos políticos”.

Por si fuera poco, agregó después que “somos golpeados de tantas formas... todos los demás países del mundo nos están estafando. Y, por cierto, nos roban y no nos respetan; se burlan de nosotros”.

Ese tipo de enfoque gana popularidad con la amplia animosidad que hay entre los republicanos contra el presidente Obama; si él maneja el país, el colapso debe estar cerca. Pero también refleja los restos de una recesión económica que sacudió profundamente a muchos en New Hampshire, entre ellos los votantes blancos y trabajadores, a quienes muchos de los candidatos dirigen sus mensajes.

Las bajas tasas de desempleo en la actualidad enmascaran esa continua preocupación, según explica el politólogo Dante Scala, de la Universidad de New Hampshire. “Es una historia de dos diferentes New Hampshire”, asegura. “El nivel de educación probablemente tiene mucha importancia en cómo la gente ha superado la Gran Recesión. Especialmente aquellos que tenían treinta y tantos, o 40 años de edad cuando ésta comenzó; aun cuando no hayan perdido sus trabajos, ese período fue la primera gran incertidumbre económica de sus vidas adultas. Y eso ha dejado algunas cicatrices en ese sentido”.

Trump, quien lidera las encuestas republicanas en este estado, varios días antes de las primarias del 9 de febrero próximo, es el experto en el ranking del uso de esos temores. No obstante, hay otros candidatos que también emplean los mismos argumentos.

Durante un discurso en Henniker, el pasado miércoles, Cruz le pidió a sus seguidores orar diariamente a “Dios Padre... para que nos aleje del abismo”. “Nos hemos enfrentado al abismo antes, y el pueblo estadounidense se unió y rescató a esta nación”, aseguró.

Cruz, quien define esta próxima elección como “un punto de inflexión” en la historia, se mostró particularmente despreciativo respecto del manejo de la economía por parte de Obama. (La tasa de desempleo fue del 8,3% durante su primer mes en el cargo; alcanzó el 10% pocos meses después y es del 5% en la actualidad). “Es un plan económico fracasado”, aseguró.

Rubio irrumpió en la campaña presidencial como el optimista abanderado de una nueva generación. Pero él también habla como si el país estuviera a punto de caer por un precipicio. La elección, afirmó a comienzos de esta semana en Exeter, es “un referéndum acerca de nuestra identidad” después del mandato de Obama, a quien llamó “un pésimo líder”.

En ciertos momentos, su tono de voz se elevó con ira, igualando los sentimientos de algunas personas de la audiencia; o así al menos lo sugirió él. “Ustedes tienen todo el derecho a estar enfadados”, afirmó al promediar su discurso.

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