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Si los republicanos no reaccionaron ante alguien tan incompetente como Betsy DeVos, ¿qué los hará reaccionar?

Algunas de las creencias de DeVos acerca de la educación son dañinas, especialmente su aparente idea de que ésta no necesita ser pública.

Algunas de las creencias de DeVos acerca de la educación son dañinas, especialmente su aparente idea de que ésta no necesita ser pública.

Seguramente haya más de dos senadores republicanos lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de que Betsy DeVos no está ni calificada ni es competente para ser la líder del Departamento de Educación de los Estados Unidos. Lo cual hace que su confirmación para el cargo sea aún más enloquecedora para todos.

A pesar de todo el discurso del presidente Donald Trump acerca de romper el statu quo de Washington, no hay nada más tradicionalista en la política que esto: funcionarios elegidos que son conscientes de que están haciendo algo malo por el país, pero lo hacen de todos modos porque necesitan tener una futura relación con un presidente a quien también consideran inadecuado para su trabajo, y porque temen desatar la ira de los líderes republicanos si cruzan las fronteras del partido en nombre de un buen gobierno.

Eso es lo que hicieron dos valientes senadoras republicanas. Diremos su nombre aquí, porque nadie que ponga la educación por delante de los partidos políticos debe permanecer en el anonimato: Susan Collins, de Maine, y Lisa Murkowski, de Alaska. Los demás se quedaron callados y generaron un empate 50-50, del cual se liberaron con un voto del vicepresidente, Mike Pence.

La votación del martes fue, claramente, un presagio de un mal momento para el mundo de la educación. Pero aun peor, fue un mensaje claro de que no podremos confiar que los miembros más pensantes y racionales del partido se opondrán a Trump cuando sus declaraciones y acciones sean temerarias, equivocadas o simplemente absurdas. Es realmente una cuestión alarmante; es un momento realmente pobre en la historia para que ellos se rindan y entreguen así la independencia.

Algunas de las creencias de DeVos acerca de la educación son dañinas, especialmente su aparente idea de que ésta no necesita ser pública. Su entusiasmo por los vales para escuelas privadas, por ende, elevan las preocupaciones de confiabilidad, justicia y apoyo a la educación como un bien común. Pero las creencias en sí mismas no la descalifican para el puesto; el presidente, después de todo, merece un poco de margen para nombrar a personas que tengan puntos de vista equivocados.

Lisa y llanamente, en su audiencia de confirmación mostró que, no solo no tiene experiencia en escuelas públicas, sino no tiene nada para contribuir al debate de cómo mejorarlas. Ni siquiera parece saber cuáles son los debates, y desconoce la existencia de las leyes actuales que rigen la educación. Olvidémonos de la tonta idea de que algunas escuelas necesitan armas para protegerse de los osos -por favor- y recordemos que ella no estaba familiarizada con las formas básicas en que se mide el rendimiento de un alumno, o la ley federal que protege a los estudiantes con discapacidades, y que rehusó decir que mantendría el rendimiento de cuentas equitativo para todo tipo de escuelas.

Algunos deberían sentir vergüenza en el Senado hoy. Si no pueden mostrar integridad o agallas ante un caso tan claro, los estadounidenses no deben esperar que muestren coraje en los preocupantes años por venir.

Traducción: Diana Cervantes

Para leer esta historia en inglés haga clic aquí


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