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Critican proyecto de vivienda de organización latina en Boyle Heights

La Corporación Comunitaria del Este de Los Ángeles (East L.A. Community Corp.) convirtió el Boyle Hotel-Cummings Block, de la era victoriana, cerca de la Plaza del Mariachi, en un complejo habitacional de precio asequible.

La Corporación Comunitaria del Este de Los Ángeles (East L.A. Community Corp.) convirtió el Boyle Hotel-Cummings Block, de la era victoriana, cerca de la Plaza del Mariachi, en un complejo habitacional de precio asequible.

(Christina House/For The Times)

Durante años, la Corporación comunitaria del Este de Los Ángeles se ha identificado como un grupo que combate con fuerza el desplazamiento de las familias de Boyle Heights, la comunidad de la clase obrera al este del centro.

El grupo sin fines de lucro ha construido cientos de unidades de vivienda, rehabilitando los edificios históricos locales en el proceso. En el momento de aumento de rentas, ha presionado a los políticos a poner viviendas de bajos ingresos más cerca de las paradas del transporte público. Este año, colgó una bandera de uno de sus edificios que decía: “Boyle Heights dice no al aburguesamiento”.

Ahora, el grupo se encuentra bajo el fuego de los activistas que sostienen que están llevando a cabo su propia forma de desplazamiento.

Las acusaciones fueron iniciadas debido a la decisión de la Corporación de construir un complejo habitacional asequible que costará $ 25 millones y que requerirá la demolición de varios edificios de apartamentos en las calles Soto y 1st. Los críticos dicen que ese proyecto, conocido como Cielito Lindo, ha desalojado decenas de inquilinos que arriendan y que ahora tienen que cambiarse a otro lugar.

“Están increíblemente estresados, sobre todo porque han pasado un mes y medio buscando [apartamentos] y no han tenido éxito en la búsqueda”, expuso Elizabeth Blaney, codirector del grupo Unión de vecinos. “Saben que el tiempo sigue corriendo”.

La disputa entre las dos organizaciones, ambos defensores de los inquilinos, refleja una ansiedad general en los barrios obreros a medida que el último auge inmobiliario de Los Ángeles empuja hacia arriba los costos de las viviendas. En la lucha de Cielito Lindo, incluso otros activistas están en desacuerdo sobre la definición de aburguesamiento o gentrificación, un término frecuentemente usado para describir las fuerzas económicas que causan que aquellos que rentan su vivienda se vean fuera de sus hogares y vecindarios debido al alto costo de las nuevas viviendas.

Dieciocho hogares, compuestos de alrededor de 50 personas, recibieron avisos el mes pasado de la Corporación del este de Los Ángeles, diciendo que se tienen que mudar de sus casas este año. Bajo la ley, cada hogar será elegible para recibir paquetes de reubicación con un valor mínimo de $1,500.

Blaney sostiene que la reubicación de los inquilinos es una forma de aburguesamiento. Isela Gracián, ejecutiva de alto mando del grupo del Este de Los Ángeles, discrepa firmemente, explicando que su organización va mucho más allá de lo que se requiere de los propietarios en situaciones similares.

Gracian indicó que su grupo dio a los inquilinos aviso de 120 días, 30 días más de lo necesario. La organización no lucrativa también está proporcionando a cada inquilino la oportunidad de pasar a la unidad de 50 viviendas de Cielito Lindo una vez que se abra en otoño 2017, dijo ella. Agregó que la construcción de viviendas asequibles es una estrategia clave para combatir la gentrificación o aburguesamiento.

“A medida que la ciudad continúa viendo cómo resolver la crisis de la vivienda... va a continuar habiendo situaciones donde habrá que haber reubicaciones”, añadió.

Gracián aclaró que todas, excepto dos de las familias afectadas por el proyecto, califican para viviendas en Cielito Lindo, basados en los lineamientos de ingresos federales para el desarrollo. Blaney responde que cada inquilino debe tener la garantía del derecho a regresar al proyecto terminado. También criticó a la organización de Gracián, por decir que descalificarán a los solicitantes que deban más de $2,500 a agencias de cobro por gastos que no sean médicos o de educación.

En medio de la discordia, los inquilinos se pulsan ansiosos. Blanca Casale, quien paga $530 por mes por un apartamento sencillo, dice que quiere mudarse a Cielito Lindo una vez que se construya; pero ha sido difícil para ella y su esposo encontrar algo comparable a su lugar actual, que está cerca de su trabajo, la escuela primaria de su hija y el metro.

“Todo ahora es más caro, por algo que es más feo y más lejos de la escuela de mi hija”, comentó ella.

A Terry Navarro, uno de los que recibieron el aviso de mudarse, le preocupa que algunos de sus vecinos serán descalificados para regresar a Cielito Lindo debido a sus problemas de crédito del pasado. “No debe de haber restricciones”, ella dijo. “Solo déjenos volver”.

Gracian dijo que su grupo trabajará con los inquilinos para ayudarles a arreglar sus finanzas, y que está explorando las exenciones que les permitan a aquellos que ganan demasiado para calificar para la vivienda en Cielito lindo, volver al nuevo edificio.

El desarrollador sin fines de lucro es una potencia política en la zona este, asegurando fondos públicos para proyectos difíciles de construir, incluyendo la conversión del histórico Boyle Hotel-Cummings Block –de la era victoriana- junto a la Plaza del Mariachi en un complejo de viviendas asequibles. El grupo ha hablado en contra de otros desarrollos que consideran dañinos para la comunidad. En un post de Facebook el año pasado, la organización subrayó el trabajo del barrio en el establecimiento de “espacios creativos para sanar de la amenaza de desplazamiento”.

Lilia Ramírez, una pintora de Boyle Heights que ha vivido en 1st. Street desde 2009, califica de hipócritas tales declaraciones. La casa de Ramírez, que comparte con otros tres artistas, se ha utilizado para exposiciones de arte emergente de la comunidad. Su casa esta agendada para ser demolida como parte de la segunda fase de Cielito Lindo, que se espera inicie su construcción en el año 2017.

Ramírez, de 44 años, no ha recibido un aviso de que se mude. Pero ella ya está preocupada por perder su patio, con su jardín de hierbas y camas elevadas para el cultivo de verduras. La Corporación del este de Los Ángeles, dijo ella, está minimizando el costo emocional de buscar otra casa y tener que desplazarse — dos veces.

“Es muy estresante tener que mudarse y luego regresar”, dice Ramírez. "¿Cómo planeas un futuro?”.

Si desea leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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