Una nueva generación de pandillas azota Los Ángeles y pone en jaque a las autoridades

La violencia actual, producto de una nueva generación de pandillas

El crimen en la ciudad continúa aumentando y la violencia de las pandillas en el Sur de Los Angeles, contribuye mucho a este fenómeno.

El LAPD ha tratado de arreglar las cosas, pero el patrullaje no ha funcionado. Tampoco el contar con veteranos pandilleros para controlar a las pandillas rivales. O el pedido a vecinos para que reporten lo que ven o saben.

Hasta recientemente, esas tácticas ayudaron para bajar el crimen al número más bajo en 20 años. Pero la lucha entre pandillas se ha vuelto más audaz y la violencia puede predecirse menos. Los residentes temen a las pandillas más de lo que confían a la policía.

La mitad de los homicidios cometidos en agosto sucedieron en el Sur de Los Angeles y el 70 por ciento se sospecha tuvieron que ver con pandillas. Para muchos residentes eso es como volver al pasado.

El alcalde Eric Garcetti insiste es que el plan para combatir el crimen es bueno. Apuesta mucho a los equipos de intervención con pandillas:

“Esta gente va con los que ordenan los tiroteos y dicen: ¿Podemos implementar treguas en pandillas, podemos ver lo que esta pasando y estar seguros que odo esto pare”, Garcetti dice en una conferencia de prensa.

¿Realmente lo cree Sr. Alcalde? ¿Esa es la conversación que usted cree que pasa en las calles?

Así no pasan las cosas. Nada de eso pasa.

Ojalá las cosas fueran tan fáciles y el proceso tan civilizado.

En estos días los trabajadores que se acercan a las pandillas también tienen el blanco en sus espaldas.

“Estos jóvenes no escuchan… no más. Ellos tienen su porpia agenda”, me dijo un detective.

Muchos de ellos ven a estos trabajadores relacionados con la policía. Los consejeros son pagados por la ciudad, pero sus historias les dan un sentido de credibilidad que les proporcionan una licencia para operar en los barrios.

De alguna manera, el programa se ha visto como un éxito.

Después del verano, los programas de intervención vieron una drámatica baja en el crimen, los equipos fueron trasladados de unos vecindarios a otros, nuevos trabajadores fueron contratados pero no han sido entrenados.

Un problema mayor, por cierto, es que las pandillas han evolucionado a un ritmo mayor a la de los cuerpos de interventores de pandillas.

"Estos trabajadores han sido de gran ayuda”, dijo el oficial Bob Green, quien era el jefe del LAPD en el sur por diez años. “Algunos de esos tipos han vivido por 20 o 30 años –con la excepción del tiempo que pasan en la calle. Eso nos da el habilidad de ir a lugares que no han impactado por líderes comunitarios pero influenciados por los tipos en las calles”.

Pero las cosas han cambiado.

Las pandillas nos menos jerárquizas y más impulsivas. Ellos no van a seguir el mandato de los que piden los tiroteos. Y los que se involucran en tiroteos se mueven más por lo que se dicen en las redes sociales que por los colores de los zapatos.

Los millennials están teniendo un impacto en el crimen, como lo hacen en otros terrenos: política. Negocios, media, arte”, dice el concejal Marqueece Harris-Dawson. “El sentido de alianza y su respuesta a la autoridad es diferente… Algo generacional está cambiando, y aún no lo sabemos”.

Cuando el concejal crecía en el Sur de L.A., distrito que ahora representa, casi cada día había un asesinato relacionado con pandillas. Ahora el crimen está en un bajo récord histórico, a pesar del reciente aumento. Pero la cadena de tiroteos -19 el pasado fin de semana, tiene a los residentes preocupados.

"Aumenta y rápido, y no hay una clara razón”, dice Harris-Dawson. “Antes, sabíamos que gente estaba peleando sobre los espacios para vender crack… O estaban en una fiesta o en el parque y alguien se enojó y sacó una pistola”.

Muchas de las personas que fueron tiroteadas este verano no tienen una explicación, no los robaron ni eran pandilleros. “Alguien solo maneja donde está la persona, camina, y los tirotea, regresan al auto y se van”, dice Harris-Dawson.

“Estabamos acostumbrados a la gente peleando en las calles”, dice. “Ahora los conflictos pasan en las redes sociales. Eso nos tiene la cabeza revuelta”.

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El oficial del LAPD, Bill Scott, está de acuerdo.

“Estamos lideando con una generación diferente y tenemos que evolucionar nosotros”, dice Scott, que está al frente de cinco divisiones en el Sur de Los Angeles.

“Cuando la policía sabe que algo está pasando en las redes sociales, es después de que pasa”, dice. “Somos los últimos en saberlo”.

Su equipo le ha puesto un nombre: “Cyber banging”. Y están reclutando a nuevos equipos de agentes en las calles que tienen conocimiento y puedan decifrar lo que está pasando en el ciberespacio.

Aparte de lo que está pasando con el crimen, el departamento también tiene que trabajar en otras cosas.

El miedo es algo que está en progreso. En reuniones comunitarias, vigilias y protestas contra la violencia, los residentes dicen que se sienten contra la pared y no protegidos por la policía, a pesar que el número actual de crímenes violentos no se ha movido mucho.

Eso puede funcionar en las redes sociales también.

“Aunque la gente no ve televisión o lea el periódico igual están expuestos a la violencia”, dice Scott. Sus teléfonos envían fotos de cuerpos de cuerpos, amenazas o rumores de alborotos de muertes.

Los residentes piden a la gente retomar las calles, aunque los testigos tienen mucho miedo de hablar en privado con la policía.

No puedo decir que los culpo.

Después de que un enfermo mental fue tiroteado fuera de un lavado de autos por traer tenis rojos, su madre apuntó a los responsables y llevó a cabo una conferencia de prensa. Y un joven considerado un héroe aún por los pandilleros denunció la violencia.

No pasó mucho tiempo para que su auto fuera rociado por balas cuando manejó una calle del vecindario en el día. Tuvieron que pasar tres semanas para que su familia reuniera el dinero para enterrarlo.

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