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Estudian los gérmenes que ‘viajan’ en el metro

Los pasajeros esperan sus trenes en la estación Sullivan Square, en la Línea Naranja del sistema de metro de Boston. Un nuevo estudio brindó un primer análisis de los microbios hallados en el metro de la ciudad (Robert Spencer/AP Photo).

Los pasajeros esperan sus trenes en la estación Sullivan Square, en la Línea Naranja del sistema de metro de Boston. Un nuevo estudio brindó un primer análisis de los microbios hallados en el metro de la ciudad (Robert Spencer/AP Photo).

¿Qué microbios acechan el sistema de metro de Boston? Un equipo de científicos armados con hisopos estériles y un poco de jabón abordaron las líneas Roja, Naranja y Verde del subterráneo de esa ciudad para averiguarlo, y lo que descubrieron fue una verdadera sorpresa.

Resulta que los postes metálicos lisos y las desgastadas manijas que cada día emplean cientos de miles de pasajeros no son un foco de bacterias, tal como los investigadores creían. En cambio, los microbios en la mayor parte de las superficies testeadas -asientos, pantallas táctiles y las paredes de las máquinas de venta de pasajes- se parecen mucho a los que se encuentran en la piel humana saludable.

“A partir de lo que hemos hallado, los microbios en el subterráneo no son peores de lo que uno podría esperar después de estrecharle la mano a alguien”, señaló Curtis Huttenhower, biólogo computacional en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan, de Harvard, en Boston. “Sin duda, hay una gran cantidad de microbios, pero nada de qué preocuparse”.

Huttenhower es el autor principal de un artículo que se publicó este martes en mSystems, la revista de la Sociedad Americana de Microbiología, donde se describen los hallazgos. Su grupo también detectó en los postes de acero y manijas un puñado de microbios que viven normalmente en la boca (por los estornudos y la tos de los pasajeros), así como algunos microbios vaginales en los asientos. Pero, a no alarmarse: según los autores, estos no pueden transferirse a través de la ropa.

Los investigadores no buscaban específicamente el tipo de microbios que nos enferman, pero sí comprobaron si había patógenos obvios. “Nuestra conclusión es que, aun cuando el subterráneo puede parecer un entorno ‘sucio’, no es muy distinto de una sala de conferencias en el trabajo”, dijo Huttenhower.

El estudio es parte de una iniciativa financiada por la Alfred P. Sloan Foundation para comprender mejor qué microbios viven en entornos cerrados, como los centros comerciales, edificios de oficinas, sistemas de tránsito y hasta nuestros hogares.

Los microbios en nuestros entornos -y alrededor de ellos- han evolucionado para vivir en ambientes naturales, como el suelo, las plantas y en nuestros órganos, bocas y pieles. Pero ¿qué ocurre cuando esos microscópicos insectos aterrizan en una pantalla táctil electrónica o un asiento de vinilo del metro o un panel de yeso? ¿Pueden sobrevivir? ¿Se alimentan? ¿Se multiplican? “Eso sigue siendo una pregunta abierta”, señaló Huttenhower. “Y es difícil de medir”.

Hasta ahora, sólo ha habido dos estudios anteriores que examinaron las comunidades microbianas en los sistemas de metro. Uno de ellos fue realizado en Nueva York; el otro en Tokio. Los autores del estudio de la Gran Manzana reportaron originalmente la presencia de patógenos que sonaban muy atemorizantes, entre ellos huellas de peste y ántrax, pero esos hallazgos fueron rectificados más tarde.

Ante la confusión surgida en torno al estudio del metro de Nueva York, Huttenhower y su equipo decidieron tomarse un tiempo para estudiar el sistema de Boston. Se tomaron muestras de 72 superficies en trenes y estaciones, durante el otoño de la primavera de 2013. Las muestras fueron llevadas al laboratorio, donde fueron inspeccionadas para que los autores pudieran ver qué ADN estaba presente en cada hisopo.

Huttenhower remarcó que su grupo evitó deliberadamente tomar muestras durante el invierno, con la temporada de gripe, y en el verano, cuando el clima es muy cálido y pegajoso, para obtener un punto de referencia de los microbios del subterráneo de Boston.

En el futuro, es posible que los investigadores lleven un control microbiano de las superficies del metro y lo empleen como una forma de establecer si los síntomas de la gripe están en aumento, afirmó el especialista. “Si conocemos el punto de referencia, cualquier cambio en ese perfil o la súbita detección de un patógeno podrían proporcionar una notificación temprana de algo que está ocurriendo”, señaló.

El próximo proyecto del grupo es determinar cuáles de los microbios identificados en el estudio estaban vivos cuando fueron recogidos, así como la forma en que podrían sobrevivir en el metro. “Si se trata de un organismo que está diseñado para vivir sobre o dentro de las personas, ¿qué ocurre cuando termina sobre un asiento de vinilo o se traspasa en un apretón de manos?, se preguntó Huttenhower.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


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